Acciones para salvar el planeta: cómo marcar la diferencia juntos

Ey, amigo! Acabo de ver una charla TED fascinante y no puedo esperar para contarte todo lo que aprendí. ¿Estás listo para marcar la diferencia juntos? ¡Sigue leyendo!

Había una vez un joven que se encontraba en la orilla del mar, admirando la belleza de una playa larga y hermosa. Desde lo alto de un risco, divisó a lo lejos a una figura humana caminando. Intrigado, decidió bajar y acercarse para ver qué estaba haciendo esa persona.

Al acercarse, el joven se dio cuenta de que se trataba de un anciano. El anciano tomaba unos cuantos pasos, se inclinaba y luego volvía a caminar otros pasos. El joven saludó al anciano y le preguntó qué estaba haciendo.

El anciano respondió con alegría: “Buenos días, joven. Estoy salvando estrellas de mar”.

El joven mostró escepticismo e incredulidad ante las palabras del anciano. Le dijo que la playa era muy larga y había cientos o miles de estrellas de mar varadas en ella. Creía que el anciano no estaba logrando mucho con su acción.

Pero el sabio anciano simplemente tomó otra estrella de mar en sus manos y le dijo al joven: “Mira, para esta estrella sí estoy cambiando algo”. Y lanzó la estrella al mar.

Pequeñas acciones que cambian todo

A través de esta historia inspiradora, el anciano nos enseña sobre el poder transformador de las pequeñas acciones. A veces podemos sentirnos abrumados por los grandes problemas del mundo y pensar que nuestras acciones individuales no tienen importancia.

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Sin embargo, cada pequeña acción cuenta. Cada vez que elegimos respirar aire limpio, cuidar de un río o preservar un bosque, estamos contribuyendo a mantener el equilibrio de nuestro planeta.

¿Alguna vez te has detenido a pensar en cuántas veces respiras al día? Automáticamente y sin darnos cuenta, inhalamos y exhalamos entre 21 mil y 25 mil veces diariamente. ¿No es impresionante?

El aire que respiramos es vital para nuestra supervivencia. ¿Prefieres inhalar oxígeno puro y limpio que nutra tu cuerpo o aire contaminado lleno de smog? La respuesta parece obvia.

Lo mismo ocurre con el agua. ¿Valoras tener un río limpio con aguas transparentes y peces nadando en él? O por el contrario, ¿prefieres ver un río grisáceo, maloliente y lleno de basura?

Y qué tal los bosques. ¿Te gustaría disfrutar de paisajes frondosos con árboles majestuosos habitados por aves y otros animales? O quizás prefieras ver desolación, deforestación y tierra estéril.

Bienes públicos para todos

El anciano nos recuerda que el aire, el agua y los bosques son parte de la naturaleza. Son bienes públicos que nos pertenecen a todos por igual. No importa si eres rico o pobre, joven o viejo, blanco o negro; la naturaleza no hace distinciones.

A diferencia de los bienes privados como nuestros celulares o las entradas a eventos exclusivos donde hay rivalidad y exclusión, los bienes públicos no tienen rivalidad ni exclusión. Todos podemos disfrutar de ellos sin limitaciones.

En los últimos años, hemos sido testigos del deterioro ambiental y la falta de respuesta por parte de los gobiernos. Las acciones gubernamentales son insuficientes para enfrentar esta problemática global.

Es en este momento que como ciudadanos debemos tomar conciencia y participar activamente en la protección del planeta.

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Tres vías para el cambio

El anciano nos presenta tres vías para actuar:

1. Mejorar nuestros entornos

Como universitarios, tenemos la oportunidad de organizarnos y mejorar nuestros entornos tanto en nuestras instituciones como en las comunidades donde vivimos. Los profesores también pueden hacer que sus investigaciones tengan un impacto real en la sociedad, aplicando sus conocimientos más allá de los libros y las bibliotecas.

2. Activismo jurisdiccional

México ha transformado sus leyes ambientales en los últimos años, brindándonos una ventana de oportunidad para acudir a los tribunales y detener aquellos actos o personas que dañan el medio ambiente. El activismo jurisdiccional es una poderosa herramienta que todos podemos utilizar para buscar reparación por el daño causado al planeta.

3. Acciones diarias

Todos podemos contribuir a través de acciones cotidianas como reducir nuestro consumo de plástico, utilizar menos vehículos particulares y optar por transporte público, bicicletas o caminar. También podemos controlar nuestro consumo de agua y energía eléctrica. Organizarnos con vecinos, amigos o unirnos a ONGs ambientalistas también es una forma efectiva de promover cambios positivos en nuestros entornos.

El anciano nos invita a considerar la naturaleza como una extensión de nuestra casa, un bien público al que todos tenemos derecho. Es momento de elegir participar, alzar la voz y tomar acción para defender lo que es nuestro: nuestro planeta.

No importa quiénes somos ni cuáles son nuestras circunstancias, cada uno de nosotros puede marcar la diferencia a través de pequeñas acciones diarias. Al igual que el anciano en el mar, hoy es un buen día y mañana también para hacer acciones por el planeta.

Cuidemos la vida, mantengamos el equilibrio y trabajemos juntos por un futuro sostenible. El cambio comienza en cada uno de nosotros.

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