Cómo abrazar la presión y encontrar tu propio camino

Descubre cómo Elias Mussali desafía el status quo y reevalúa el propósito de la vida en esta inspiradora charla Tedx.

Hace poco vi un video de una charla TEDx que me dejó reflexionando profundamente. En esta charla, el orador compartió su experiencia personal y reveló un problema común en nuestra sociedad: la presión por ser extraordinarios y tener metas definidas en la vida.

La presión a ser extraordinarios

Nos encontramos en una etapa de nuestras vidas en la que todos esperan que tengamos nuestro futuro planeado y sepamos exactamente qué hacer. Pero ¿qué pasa si no queremos ser extraordinarios? ¿Qué pasa si solo queremos ser nosotros mismos y hacer lo que nos gusta?

El orador mencionó cómo esta pregunta le generaba miedo a una amiga suya, ya que sentía la presión de tener metas suficientemente valiosas como para responder con seguridad. Esta reflexión lo llevó a darse cuenta del problema extendido en nuestra sociedad: la presión por ser alguien.

El orador compartió su propia experiencia al cambiar tres veces de carrera universitaria, sintiéndose perdido y juzgado por no saber qué quería hacer con su vida. Para evitar sentirse avergonzado, comenzó a mentir sobre sus planes futuros. Se dio cuenta de cómo había sido arrastrado por una poderosa marea llamada “la marea de las exigencias”. Vivimos constantemente bajo presiones y expectativas externas: esfuérzate más, no te equivoques, ten un plan realista, trabaja duro, gana mucho dinero.

La importancia de los logros

Nuestra sociedad tiende a valorar a las personas por sus logros académicos, profesionales y económicos. Asociamos la inteligencia y madurez de alguien con la carrera que eligió estudiar o a lo que se dedica. Juzgamos a las personas en base a sus metas y ambiciones.

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Esta creencia ha marcado una línea entre aquellos que son considerados importantes o exitosos, y aquellos que no lo son. Nos sentimos agobiados por la creencia de que debemos ser extraordinarios para ser valorados.

No tenemos la obligación de ser extraordinarios

Aquí viene la primera buena noticia: no tenemos la obligación de cumplir con estas exigencias sociales. Cumplir o no con ellas es nuestra elección. Podemos elegir cómo nos sentimos frente a estas presiones.

El orador propuso un ejercicio para replantear nuestras declaraciones de exigencias. En lugar de decir “tengo que”, podemos cambiarlo por “quiero”. Por ejemplo, en lugar de decir “tengo que ser el mejor”, podemos decir “quiero ser el mejor”. Este simple cambio transforma las exigencias en elecciones personales.

Debemos tomar conciencia de que somos nosotros mismos quienes nos ponemos estas exigencias y nos dejamos arrastrar por ellas. No tiene sentido agobiarnos por algo que nosotros mismos estamos eligiendo hacer.

Vivir intentando lograr

Ahora viene la segunda buena noticia: el único propósito de la vida es simplemente vivir e intentar lograr cosas, no necesariamente alcanzarlas. No vinimos al mundo para cumplir objetivos preestablecidos, sino para experimentar y aprender en el proceso.

El orador cuestionó la obsesión que tenemos por alcanzar el éxito. Si el propósito de la vida no es lograr cosas, ¿por qué valoramos a las personas por sus victorias y logros? El valor de un ser humano no se define por sus títulos, logros o capacidades, sino por sus valores y su capacidad de amar y conectar con otros seres humanos.

Debemos dejar de juzgar a los demás y a nosotros mismos en base a nuestras conquistas. La vida no es una competencia para llegar a la cima de una montaña, sino un viaje lleno de intentos y experiencias.

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No tenemos la obligación de ser extraordinarios ni cumplir con las exigencias sociales impuestas sobre nosotros. Podemos elegir cómo nos sentimos frente a estas presiones y replantear nuestras declaraciones para transformarlas en elecciones personales.

El único propósito de la vida es vivir e intentar lograr cosas, no necesariamente alcanzarlas. Debemos honrar nuestros intentos más que nuestros resultados. El valor de un ser humano no se encuentra en sus logros, sino en su capacidad de amar y conectar con otros.

No dejemos que el ego nos engañe ni nos descarrile en busca del éxito. Liberémonos del peso de las expectativas externas y disfrutemos del proceso de vivir e intentar lograr nuestras metas.

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