Cómo aprender y pedir en TEDx: Resumen de una charla inspiradora

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Recuerdo hace un par de años atrás, bueno, ya hace bastantes años, mientras recogía a mi pequeño Andrew Leonardo a la salida de la escuela, como es mi costumbre. Me dijo con lágrimas en los ojos y con un tono cargado de angustia: “Mami, no quiero que sigas hablando más de sexo”. Me quedé sorprendida. ¿Cómo es posible que un niñito de 6 años me dijera eso? Pero lo que más me impactó fue su argumento para no querer hablar del tema: “Dos mujeres y las mujeres no deben hablar de sexo”. Realmente quedé impactada por lo que me decía mi único hijo.

Pero también me sentí motivada. Tenía que demostrarle a mi hijo y no solo a él, sino también a la sociedad en general, que sí es importante hablar de sexo. Y ¿por qué hablar de sexualidad no es algo exclusivo para hombres? En nuestro país, debido a la falta de educación sexual existente, el porcentaje de pobreza ha aumentado dramáticamente. Esto se ve reflejado en el último informe publicado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas en 2017 llamado “Mundos Aparte”, donde se indica que el embarazo en adolescentes es una clara muestra de desigualdad y pobreza.

Según datos oficiales del ONUSIDA (Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA), más del 60% de nuestros jóvenes no utilizan ningún tipo protección durante sus relaciones sexuales. Además, nos encontramos ocupando el segundo lugar en América Latina con mayor incidencia casos embarazos adolescentes. Todo esto nos lleva a la palabra clave: aprende. ¿Por qué nos conviene saber sobre sexualidad humana? Porque es algo inherente a la esencia del ser humano, algo que nos acompaña desde el momento en que nacemos y continuará con nosotros hasta el último de nuestros días.

El desconocimiento de algo tan fundamental y delicado como es la sexualidad nos está ocasionando graves problemas en todas las edades. Según reportes del Ministerio Público en el país, un menor sufre abuso sexual cada ocho horas. Es importante tener en cuenta que, en la mayoría de los casos de abuso sexual infantil, los niños no están conscientes de lo que les está ocurriendo y tienden a vivir ese abuso por años. Lo más aberrante de todo esto es que se da dentro del círculo familiar y social cercano a la víctima: padres, hermanos, tíos, primos o amistades muy cercanas.

¿Cuándo es el momento de hablar?

Nos preguntamos cuándo es el momento adecuado para hablar sobre estos temas tan importantes. La respuesta es simple: ¡el momento es ahora! Debemos reconocer que desde la primera infancia (0-8 años), los niños deben conocer las diferencias significativas entre hombres y mujeres, saber sobre higiene y cuidados básicos e incluso conocer cuál es el verdadero nombre de sus genitales (que por cierto no son “palomita”, “pajarito”, “pancito” o “cosita”). Desde ese momento se les enseña a sentir vergüenza por algo tan natural como son sus genitales.

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No nos da pena hablarles de las manos, las rodillas o los pies, pero sí les hacemos sentir avergonzados por tener un pene o una vagina. Este tipo de pensamiento fomenta el morbo y genera problemas en la forma en que nuestros hijos perciben su propio cuerpo. Además, en esta etapa de la infancia también es importante hablar con ellos sobre cómo distinguir una caricia buena de una caricia mala, enseñarles a reconocer el abuso sexual y asegurarnos de que sepan a quién recurrir si notan algo extraño o incómodo.

A medida que nuestros hijos crecen y se acercan a la pubertad, es hora de familiarizarnos con el desarrollo psicosexual y lo que va a suceder con sus cuerpos. Las hormonas empiezan a hacer su trabajo fisiológico y es común que los niños experimenten sueños húmedos, erecciones nocturnas, eyaculaciones y orgasmos mientras duermen. Sin embargo, muchos se sienten culpables y avergonzados porque piensan que pueden controlar estas reacciones naturales. Es nuestra responsabilidad como padres informarles que esto es absolutamente normal y solo refleja el inicio del funcionamiento hormonal.

En esta etapa también es frecuente e importante el autoerotismo o masturbación. Debemos desmentir los mitos alrededor de este tema: no causa ceguera ni infertilidad ni altera nuestras capacidades mentales. La masturbación simplemente nos permite conocernos mejor y liberar la tensión sexual propia de esa edad.

La importancia del diálogo cercano

A medida que nuestros hijos se acercan a la temida adolescencia, es fundamental mantener una comunicación cercana con ellos. Esto no solo fortalecerá el vínculo afectivo, sino que también les brindará la información adecuada sobre el inicio de su vida sexual. Resulta que nuestros jóvenes están siendo más sexualmente activos de lo que muchos padres imaginan. Se estima que antes de los 15 años ya han iniciado su vida sexual y, según datos oficiales del ONUSIDA, más del 60% de estos jóvenes no utilizan ningún tipo protección durante sus relaciones sexuales.

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Esta situación está ocasionando graves problemas como infecciones de transmisión sexual, embarazos precoces y comportamientos sexuales de riesgo tanto en jóvenes como en adultos. Por eso debemos hablar sobre métodos anticonceptivos y planificación familiar desde esta etapa temprana.

Nuestros jóvenes están bombardeados por publicidad e información relacionada con el sexo, pero lejos de educarlos correctamente, muchas veces corrompe su visión sobre la sexualidad. Además, tienen acceso fácil a la pornografía a través de sus dispositivos móviles. Se estima que más del 43% del contenido en internet es pornografía.

La importancia de conocerse

Debemos reconocer que la sexualidad va mucho más allá del simple acto sexual. El desconocimiento nos puede llevar a múltiples problemas en todas las edades. En pleno siglo XXI seguimos encontrando parejas víctimas del desconocimiento y los prejuicios sobre el tema.

Es importante conocernos mejor para saber qué podemos pedir y qué disfrutamos. Lamentablemente, en nuestra sociedad, el concepto de una mujer decente está relacionado con la ignorancia en temas sexuales. Una mujer que se muestra conocedora es etiquetada como liberal e inmoral, alguien que cualquiera quiere disfrutar pero pocos respetan.

Por otro lado, hay hombres que creen que deben saberlo todo sobre el comportamiento sexual y ser siempre expertos en la materia. Pero ¿quién supondría que debemos enseñarles a ellos cómo hacerlo? Este tipo de pensamiento está ocasionando que muchas personas vivan mintiendo y sientan su vida sexual como una actividad más por cumplir.

Debemos aprender a disfrutar constantemente de nuestra vida sexual y dejar a un lado los prejuicios, el morbo, la culpa y la pena. Aventurémonos a disfrutar plenamente nuestra vida sexual.

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Hablar para prevenir

A todos los padres y madres de familia: atrevámonos a hablar con nuestros hijos. Reconozcamos que el conocimiento es poder y nunca va a causar daño alguno. Si queremos prevenir el abuso sexual infantil, busquemos información para reforzar nuestros conocimientos y ser responsables con nuestros hijos.

También evitemos que inicien su vida sexual prematuramente por desconocimiento o curiosidad adolescente. Hablemos sobre infecciones de transmisión sexual, embarazo precoz, métodos anticonceptivos y planificación familiar.

Para aquellos adultos que se preguntan qué les pasa a sus parejas cuando no muestran interés en encuentros íntimos o tienen poca frecuencia, pregúntense qué es lo que ellas quieren y disfrutan. Pregúntense si ellas sienten lo mismo que ustedes y están disfrutando tanto como ustedes. Estos cuestionamientos nos ahorrarían múltiples problemas y disfunciones sexuales.

Conclusión

Vivimos en una sociedad donde el desconocimiento sobre la sexualidad nos está ocasionando graves problemas a todas las edades. Debemos reconocer que la sexualidad va más allá del simple acto sexual y aprender a disfrutarla plenamente.

Atrévete a hablar de sexo con tus hijos, busca información para estar preparado/a y prevenir el abuso sexual infantil. No dejemos que nuestros jóvenes inicien su vida sexual sin protección ni conocimiento adecuado.

Dejemos atrás los prejuicios, la culpa y la pena relacionados con nuestra propia sexualidad. Aventurémonos a vivir y disfrutar plenamente de nuestra vida sexual como ese regalo maravilloso que se nos ha otorgado.

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