Cómo Guita Ortíz conquistó el éxito con sus historias

Descubre cómo las poderosas palabras de Guita pueden despertar tu niño interior y transformar tu visión del mundo. ¡Sigue leyendo!

Estamos hechos de historias. No hay un solo ser vivo en el planeta que no guarde en la memoria de su vida una historia que contar, una historia propia que nos marca y nos define, pero también una historia en común, una historia que nos conecta en la inmensidad del tiempo. Vivimos del cuento y liberamos la emoción cada vez que escuchamos esas tres palabras mágicas que nos transportan a reinos muy, muy lejanos con seres fantásticos: “Había una vez”.

No recuerdo la primera vez que escuché estas palabras, pero sí recuerdo la primera vez que las leí. Tenía unos siete años y estaba en una biblioteca pública cuando encontré un libro de Hans Christian Andersen. Recuerdo la sensación al comenzar a leerlo, al ver las ilustraciones. Recuerdo el olor, la textura e incluso el peso de aquel libro. Fue entonces cuando me di cuenta de que ese era mi mundo, donde quería vivir; ahí donde mi mente volaba y el cuento crecía conmigo.

Más bien venía siempre a mi lado. Era yo, esa joven niña quien le contaba historias a mi abuelita; historias que siempre tenían una trama y un desenlace diferente. Me apasionaba leer nuevos cuentos, aprenderlos y compartirlos con otras personas.

Cuando llegaron mis hijos redescubrí lo maravilloso que es la imaginación. Cada noche en su cuarto nacían nuevos cuentos; los más disparatados e increíbles que nos hacían tanto reír como soñar. Nos convertían en cómplices de aventuras que nos unían. Veíamos hadas en las libélulas y seres fantásticos correr entre los árboles cuando viajábamos en carretera.

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Mis hijos se convirtieron en asiduos lectores, en imaginantes; y eso, en un país donde cada vez menos personas leen, es un gran logro. Y imagina antes somos todos y comenzamos a usar la imaginación desde muy temprana edad con las nanas, las regalías, los juegos de manos que son parte de la tradición oral y que están ahí para despertar nuestra creatividad y nuestra imaginación.

Las mamás, por ejemplo, que en todas partes del mundo sin importar el idioma tienen el mismo “que”. Cuentan historias pequeñas con el mismo ritmo tendencioso suave que nos llena de tranquilidad. Nos recuerda el latido del corazón y hace sentir a los bebés cómodos y seguros.

Ahora hablemos de los juegos de manos. Esos que además nos ayudan a la coordinación:

Pom pom papá remedio para tu papá
Pom pom pom el dedito en el bordón
Papás y papás para mamá
A las camaritas para papá
Papás y papás para mamá
Las camaritas para pasar

Aunque no siempre somos conscientes de ello, los cuentos son precisamente eso: magia. Los cuentos nos encantan, nos transforman. Nos curan. Y los cuentos son creativos.

Hace poco tiempo descubrimos que mi hijo mayor es asperger. Y resulta que aquellos cuentos de su infancia fueron la terapia perfecta para su desarrollo social y afectivo, convirtiéndolo en un ser humano maravilloso con una capacidad intelectual, artística y humana enorme. Un ser que puede conectar con la naturaleza y que disfruta de la poesía, aunque no entienda del todo las metáforas.

Podría darles una lista larguísima de los beneficios que les trae a cada uno de ustedes escuchar cuentos: cómo activar la memoria, cómo hacer crecer el vocabulario, fomentar la lectura, la empatía y nuestro desarrollo social. Pero ustedes ya lo saben porque así como el cuento ha crecido conmigo, el cuento siempre ha estado con cada uno de ustedes.

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Cierren todos los ojos e imaginen un espacio imaginario: una biblioteca. Miren las paredes, los colores de ellas. Miren los estantes llenos de libros. Y en este espacio, de pronto está caminando un ser pequeñito; un ser pequeño con una sonrisa franca y hermosa como la tuya. Porque ese ser pequeñito eres tú de niño.

Ahora acércate a un libro y ábrelo. Comienza a ver las ilustraciones; siente su textura, su peso, su olor. Y ahora evoca el sentimiento que sientes al leer esas tres palabras mágicas que te transportan: “Había una vez”. Recuerda el libro que cambió tu infancia; piensa en lo que hizo por ti. Guarda ese recuerdo en el corazón y compártelo con los demás.

Abran los ojos, pero ábralos muy bien para que se den cuenta de que todos, absolutamente todos, vivimos del cuento.

Las historias nos definen y conectan a lo largo del tiempo. Desde nuestra infancia, los cuentos han despertado nuestra imaginación y creatividad. Los juegos de manos y las nanas son parte de la tradición oral que nos ayuda a desarrollar nuestras habilidades cognitivas y coordinación. Los cuentos son magia: nos encantan, transforman y curan. Tienen beneficios significativos en nuestro desarrollo social, emocional e intelectual.

Cada uno de nosotros tiene una historia de cómo los cuentos han impactado nuestras vidas. Cierren los ojos un momento y recuerden esa sensación al leer esas tres palabras mágicas: “Había una vez”. Guarden ese recuerdo en sus corazones y compartan la magia de los cuentos con el mundo.

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