Cómo navegar la manipulación en las redes

¿Sabes qué hacen tus teléfonos en este momento? Están recopilando datos sobre nuestras vidas, preferencias y rutas. La manipulación está en todas partes, es sutil pero también descarada, especialmente en las redes sociales y a través de nuestros dispositivos. Santiago Bilinkis nos alerta sobre esta realidad y propone un contraataque creativo, donde aprovechemos al máximo el potencial digital sin permitir que nos

¿Estamos obsesionados por nuestras pantallas?

Hace un tiempo, mientras estaba en un bar, presencié una escena que me dejó pensando. En otra mesa, había una mujer con su hijo de unos cinco años. La mujer estaba completamente capturada por su celular, mientras el niño la miraba esperando llamar su atención. Sin embargo, en lugar de armar un alboroto como cualquier otro niño hubiera hecho, este pequeño decidió acercarse a su madre y empezar a acariciarle el pelo para intentar convocarla durante varios minutos.

Esta situación me hizo reflexionar sobre cuántas veces habré estado yo en la misma situación sin siquiera darme cuenta. ¿Qué nos está pasando? Vivimos obsesionados por nuestras pantallas. Según estudios recientes, desbloqueamos nuestro celular unas 150 veces al día, es decir, aproximadamente una vez cada seis minutos durante el tiempo que estamos despiertos.

Intrigado por este fenómeno, decidí investigar más sobre el tema y llegué a una conclusión impactante: lo que nos está pasando con la tecnología no es casualidad. En Silicon Valley se encuentra la Universidad Stanford y también el Laboratorio de Tecnología Persuasiva. Allí trabajan brillantes investigadores cuyo objetivo es utilizar las páginas web y aplicaciones móviles para manipular nuestros pensamientos y acciones.

La manipulación digital

Persuadir a los demás no es algo nuevo; sin embargo, los dispositivos digitales y la enorme cantidad de información personal acumulada están creando nuevas formas de manipularnos aprovechándose de las vulnerabilidades de nuestra mente, detectadas por la economía del comportamiento, la psicología y la neurociencia.

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Los ejemplos de esta manipulación son evidentes en diferentes ámbitos sociales: desde los intentos de manipular elecciones hasta la proliferación de noticias falsas. Incluso a nivel personal, nos encontramos cada vez más distraídos y con dificultades para concentrarnos. Parece que estamos más preocupados por lo que sucede en nuestras pantallas que por lo que ocurre a nuestro alrededor.

Este fenómeno comenzó con la expectativa inicial de que todo en internet debía ser gratuito. Sin embargo, las empresas necesitaban encontrar una forma de ganar dinero sin cobrarle a los usuarios directamente. Así fue como empezaron a poner publicidad y recopilar datos personales para segmentar aún más el mensaje dirigido a cada uno de nosotros.

Pero eso no fue suficiente. Las compañías también necesitaban que pasáramos más tiempo en sus plataformas para aumentar sus ganancias. Y así nació el hackeo de nuestra atención: cuando el producto que venden es nuestra propia atención, todas las compañías compiten contra todas. Cada segundo que no estamos hipnotizados frente a una plataforma es tiempo perdido para ellos.

Utilizan notificaciones visuales y sonoras, así como otros trucos para distraernos constantemente e incluso interfieren con otras aplicaciones o redes sociales para mantenernos cautivados dentro de su plataforma.

El impacto en nuestras vidas

No solo somos víctimas de esta manipulación digital; también pagamos un precio muy alto por ello. El fundador de Facebook, en una presentación reciente, admitió que la plataforma fue diseñada para explotar las vulnerabilidades de nuestra mente y maximizar el efecto adictivo. Otros ejecutivos de compañías como Netflix también han reconocido abiertamente su intención de inducir hábitos contrarios a nuestra salud con tal de ganar más dinero.

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Nuestra ingenuidad es clave para que estas empresas logren sus objetivos. Cuando compramos un producto, como unos zapatos, solemos tener cierta desconfianza y nos preguntamos si serán cómodos o si estamos pagando un precio razonable. Sin embargo, cuando el producto es gratuito, bajamos la guardia sin cuestionarlo. Pero debemos recordar que nada en el mundo empresarial es realmente gratuito.

Una de las áreas más sensibles a esta manipulación es nuestra autoestima. El uso creciente de fotos y videos en las redes sociales ha dado una importancia desproporcionada al aspecto estético y físico por encima de otras dimensiones personales. Además, la fascinación por espiar la vida ajena y mostrar nuestra propia imagen perfecta nos mantiene cautivados en este pantano narcisista.

Otro grupo especialmente vulnerable son nuestros hijos. Desde temprana edad están expuestos a dispositivos electrónicos diseñados específicamente para capturar su atención. Aunque se recomienda que los menores de dos años no pasen ni un segundo frente a pantallas según la Organización Mundial de la Salud, la realidad muestra que esto no se cumple.

En lugar del contacto físico, el uso del lenguaje verbal y los juegos tradicionales, muchos padres optan por entretener a sus bebés con videos y aplicaciones electrónicas. Esto puede tener consecuencias negativas en el desarrollo del lenguaje, la atención y las habilidades socioemocionales de los niños.

Recuperando el control

Ante esta realidad, nos preguntamos qué podemos hacer al respecto. ¿Debemos abandonar nuestros celulares y dar de baja nuestras redes sociales? No es necesario llegar a esos extremos. Las ventajas de estar conectados son demasiado grandes como para renunciar a ellas por completo.

Sin embargo, estamos en una lucha desigual entre compañías altamente sofisticadas y usuarios que hemos firmado contratos sin siquiera saber qué estamos aceptando. Para nivelar la cancha, necesitamos entender cómo funcionan estos mecanismos de manipulación para poder defendernos.

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La próxima vez que utilicemos una aplicación o plataforma digital, debemos recordar que el negocio de estas compañías no es ayudarnos a encontrar lo que buscamos, sino mantenernos buscando constantemente. Debemos ser conscientes de qué tipo de conductas pueden estar induciendo en nosotros y qué tipo de información están recopilando para lograrlo.

No se trata simplemente de abandonar las plataformas y dispositivos digitales, sino más bien ponerlos al servicio de la vida que queremos vivir en lugar de dejarnos atrapar por ellos. Podemos utilizar nuestra supercomputadora portátil para crear contenido en lugar de consumirlo pasivamente.

En definitiva, el desafío está en recuperar el control sobre nuestras vidas y aprovechar los beneficios que la tecnología nos ofrece sin quedar atrapados en su manipulación constante. Es hora de abandonar la ingenuidad y lanzar una contraofensiva para vivir experiencias compartidas en lugar de quedar encerrados cada uno en nuestra propia pantalla.

Vivimos obsesionados por nuestras pantallas, desbloqueando nuestros celulares unas 150 veces al día. La tecnología no ha llegado a este punto por casualidad, sino que ha sido diseñada para manipularnos y hacernos adictos a sus plataformas. Las compañías compiten entre sí por nuestra atención y utilizan todo tipo de trucos para distraernos constantemente.

Nuestra autoestima también se ve afectada debido al énfasis excesivo en el aspecto físico en las redes sociales. Además, nuestros hijos son especialmente vulnerables a esta manipulación desde temprana edad.

Sin embargo, no es necesario renunciar por completo a la tecnología. Podemos recuperar el control entendiendo cómo funcionan estos mecanismos de manipulación y utilizando las plataformas digitales de manera consciente y creativa.

Es momento de poner las plataformas y dispositivos al servicio de la vida que queremos vivir, en lugar de permitir que otros dicten cómo debemos vivirla.

No dejemos que nuestras pantallas nos controlen; retomemos el poder sobre nuestras vidas y aprovechemos los beneficios de la tecnología sin caer presos de su manipulación constante.

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