Depresión exitosa: cómo superar y trascender

Si piensas que interpretar diferentes papeles en nuestra vida no es importante, esta charla Tedx te cambiará de opinión. Descubre cómo relacionarte de manera auténtica y enriquecedora con los demás.

Hola, soy Sam y tengo una historia que contarte. Había una vez una persona que se esforzó toda su vida por alcanzar el éxito de manera constante. Poco a poco logró adquirir su primera casa, su primer auto y finalmente encontró a alguien con quien entablar una relación formal después de tantas relaciones fallidas. Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo y éxito obtenido, aún sentía que algo faltaba en su vida.

¿Pero qué había pasado? ¿Acaso no siguió las fórmulas de la felicidad y el éxito? Se preparó, se capacitó, tuvo la actitud correcta e incluso luchó contra su temperamento y genética. Se adaptó a las circunstancias y los salarios bajos, aprendió que existen diferentes formas de pensar e incluso logró cambiar sus hábitos de lectura y estilo de vida.

Esto te resultará familiar porque muchos nos hemos sentido culpables por no ser felices a pesar de tenerlo todo o estar mucho mejor que otros. Por eso hoy quiero explicarte cómo ser un depresivo exitoso y no morir en el intento. Y cuando digo exitoso no me refiero a tener el auto del año o una cuenta bancaria con grandes ceros (aunque admito que llorar en un yate en lugar de en mi viejo bolso oxidado también me encantaría).

Fórmulas para la felicidad

Muchas veces nos han dicho (y hemos creído) que para ser felices primero debemos ser exitosos. Así que me di a la tarea de investigar las fórmulas de la felicidad y el éxito según los expertos. La que más me llamó la atención fue creada en 1999 por el Dr. Martín Seligman, y habla sobre la psicología positiva. Esta fórmula dice que E = R + B.

La “E” representa la felicidad duradera, lo que nos hace feliz. El “R” es el rango base de las características con las que nacemos, es decir, nuestra genética. Y por último, el “B” son las circunstancias que vivimos día a día. Pero aquí viene lo interesante: ¡el último 40% depende de nuestra voluntad y puede ser modificado!

Así que aquellas personas que nos han dicho que depende de nosotros tenían razón desde un principio. Desde pequeños nos enseñan a través de las normas sociales qué está bien y qué está mal, qué es normal o anormal en este aprendizaje buscamos aceptación, atención, cariño y autorrealización; e incluso el éxito para encajar ante la presión social.

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Pero ¿qué pasa si no somos capaces de regular nuestras emociones? Fácil: nos enfermamos. Las plaquetas bajan, aparece el insomnio y andamos por la vida con cara de perro. Esto abre paso a enfermedades mentales como la depresión, donde generamos un bucle de pensamientos depresivos y nos envolvemos en nuestra propia víctima.

La depresión no distingue

Las enfermedades mentales como la depresión no distinguen entre raza, sexo o clase social. Son como las cucarachas, hasta en las mejores familias pueden existir. Existen tantos tipos de depresiones que resulta difícil diagnosticar y tratar adecuadamente cada una.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud estima que la depresión es la cuarta enfermedad que más incapacidad provoca en el mundo, afectando a más de 300 millones de personas. La depresión difiere de las variaciones habituales del estado de ánimo y puede convertirse en un problema serio y duradero, causando gran sufrimiento y alterando nuestras actividades laborales, escolares y familiares. En los casos más graves, puede llevar al suicidio.

Según la OMS, cada año más de 800 mil personas se quitan la vida y el suicidio es la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años. En mi país, México, los números también son alarmantes: en el año 2001 se registraron 3,784 suicidios; para el año 2010 ese número ascendió a más de 5,000. Según estimaciones de Cruz Roja Mexicana para el año 2020 podríamos llegar a tener hasta 1.5 millones víctimas a nivel mundial.

Para entenderlo mejor: imagina que vas dispuesto a pasar un fin de semana increíble en uno de los paraísos naturales que tenemos en nuestro país y al llegar te enteras que todos los habitantes han decidido quitarse la vida. Eso es lo que podría suceder si no tomamos acciones frente al aumento del número de suicidios.

Momentos decisivos

Cuando tenía apenas 14 años intenté quitarme la vida. Por eso quiero compartir contigo algunos momentos decisivos que me han llevado a donde estoy hoy, con el deseo de ayudar a personas como tú, como yo: depresivos exitosos que no quieran morir en el intento.

Recuerdo una cena navideña durante la repartición de regalos. Mientras todos reíamos, alguien se acercó y me preguntó: “Pulguita, ¿qué hubiera pasado si te hubieras logrado quitar la vida?”. En ese momento me enfadé, pero en el fondo sabía que tenía razón.

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Otro momento clave fue un 12 de enero hace 10 años. Quise tomar la mejor decisión para todos y creí que no encajaba en ningún lugar. Después de varios intentos, ese día iba a ser definitivo. Sin embargo, un niño de año y medio al cual amo con todo mi corazón se acercó a mí y con su poca habilidad para hablar me dijo: “Hermanita feliz cumpleaños”. Eso me dio la fuerza que necesitaba.

Yo quería estar ahí para verlo crecer porque él, con su corta edad, me hizo sentir que pertenecía a algo y que le importaba a alguien. A partir de entonces entendí que había un gran motivo para seguir adelante. Ya le había agarrado gusto a vivir.

A los 16 años nos mudamos a Querétaro y un viernes por la mañana mi rodilla comenzó a doler. Para el lunes siguiente ya no podía caminar y un mes después había perdido completamente la movilidad de esa pierna. Esta situación me llevó al quirófano y nunca valoré tanto mis extremidades como cuando el médico me dijo que tenía artritis juvenil.

Pasé por más citas médicas que con pretendientes. A los 21 años, en otra revisión, el médico me indicó que tenía que extirpar un tumor. Con la incertidumbre y antecedentes de una abuela fallecida por cáncer de mama, pensé: “No se vale, no se vale porque yo ya quiero vivir”.

En ese momento volví a caer en una depresión muy fuerte. Pero hablando con un desconocido encontré la motivación para vivir como realmente quería y entender que no había nada que me detuviera. Me puse tres metas: graduarme, pagar una deuda y viajar a California sin tener ni idea de cómo lograrlo.

Faltando solo un mes y medio para finalizar el año, sabiendo que mi tiempo era limitado, no solo cumplí esas metas sino también desarrollé el deseo de impactar en los demás.

El poder del arte

Leí un artículo escrito por Beatriz López donde mencionaba las propiedades terapéuticas del arte desde la antigüedad y sus beneficios para nosotros como seres humanos. Fue entonces cuando se me ocurrió que esta podría ser una buena opción para enfrentar la batalla de aceptación y lidiar con la realidad regulando nuestras emociones.

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Yo estuve ahí, en esa depresión asfixiante. Y puedo decirte que el arte y la fotografía han salvado mi vida. Actualmente estoy trabajando con unos amigos en la creación de un club de apoyo que hemos llamado “Sobre lo que significa el sol al final del camino”.

Dentro del club realizaremos diferentes actividades de expresión y manejo emocional. Tendremos pláticas, talleres, actividades sociales, ambientales y culturales con el objetivo de crear lazos e involucramiento entre los participantes. A través de estas experiencias buscamos aprender a regular nuestras emociones sin sentirnos mal o tener miedo al fracaso, drenándolo todo a través del arte.

Cuando una serpiente te muerde, su veneno puede matarte. Pero ese mismo veneno se puede utilizar como antídoto. Lo mismo sucede con nuestras emociones. Debemos entender que en esta vida habrá muchas cosas que nos dolerán, situaciones difíciles o momentos malos; pero solo son eso: momentos.

Es ahí donde debemos tomar nuestras emociones con inteligencia y utilizarlas como impulsos para seguir adelante. Yo lo entendí y estos tatuajes en mi piel me recuerdan diariamente lo fuerte que soy. Porque estas marcas solo cubren las verdaderas cicatrices del alma.

Salir de la depresión

Vale la pena aceptar que algo no está bien en nuestras vidas y buscar ayuda. Pero lo más importante es querer salir de la depresión para no morir en el intento. Debemos entender que nuestra vida está en riesgo y que el único que puede salvarnos somos nosotros mismos.

Gracias por leer mi historia hasta aquí.

A veces podemos tenerlo todo en la vida y aún así sentir que algo falta. La felicidad duradera no depende solo de nuestros logros materiales, sino también de nuestra genética y nuestras circunstancias diarias. Pero el último 40% está en nuestras manos y podemos modificarlo.

La depresión no distingue raza, sexo o clase social. Es una enfermedad grave que puede llevar al suicidio si no se trata adecuadamente. Es importante buscar ayuda y entender que nuestra vida está en riesgo.

En mi experiencia personal, encontré en el arte y la fotografía un antídoto para lidiar con mis emociones y salir adelante. Actualmente trabajo en un club de apoyo donde realizamos actividades de expresión para aprender a regular nuestras emociones sin sentirnos mal ni tener miedo al fracaso.

No importa cuántas veces hayamos caído, siempre podemos levantarnos más fuertes. Aceptemos que algo no está bien en nuestras vidas y busquemos ayuda para salir de la depresión. Porque vale la pena vivir una vida plena y feliz.

Fuente: Charla TEDx por Samantha Isabel Aranda Ramírez

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