Descubre cómo ampliar tu perspectiva y conocerte a ti mismo

¿Alguna vez te has preguntado por qué vemos el mundo de manera tan diferente? Descubre en esta charla TEDx cómo podemos ampliar nuestra perspectiva. Prepárate para reflexionar y descubrir el mundo que nos rodea. Sigue leyendo!

Quiero platicarles una historia que sucedió a mediados del año pasado. Tengo un par de muy buenos amigos, los pueden ver en la fotografía. Está de su derecha hacia la izquierda: Cristian, Arnoldo y yo. El año pasado, aproximadamente a mediación de año, Cristian tuvo una operación de rodilla. Esta era su segunda operación.

Nosotros somos maratonistas y nos conocimos literalmente en la calle entrenando. La primera operación que tuvo Cristian, un año antes aproximadamente, había sido muy sencilla y prácticamente ambulatoria. A los 15 días él ya estaba corriendo nuevamente.

Cuando él nos avisa a Arnoldo y a mí que lo van a operar nuevamente, pensamos que sería algo transaccional. Nos dice “va a ser una operación súper sencilla”, no es un seguimiento de la primera ni algo mal hecho; simplemente su lesión evolucionó por el correr y lo tenían que operar nuevamente.

Llega él al hospital, lo operan y estamos en contacto telefónicamente y por WhatsApp. Sale de la operación y nos manda un mensaje diciendo que está súper bien, que fue muy sencilla y que iba a pasar un par de noches en el hospital para después irse a casa.

De hecho, quedamos en ponernos de acuerdo para ir a cenar cuando él estuviera mejor. Yo calculé que si la vez pasada a los 15 días ya estaba corriendo, pues tal vez ahora serían unas 2 o 3 semanas antes de reunirnos.

El tiempo fue pasando y seguimos conversando por nuestro grupo de WhatsApp, pero no concretábamos nada. Llega diciembre, habían pasado unos 3 o 4 meses aproximadamente, y Arnoldo propone juntarnos para Navidad. Siempre procuramos tener un par de reuniones: una con nuestras esposas y previamente una solo nosotros para empezar a planear la segunda reunión.

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Arnoldo dice “vamos a juntarnos” y yo le contesto “sí, por supuesto”. Empezamos a intercambiar mensajes sobre las fechas disponibles, pero Cristian no contestaba. Las palomitas azules del WhatsApp aparecían indicando que había leído los mensajes, pero no respondía.

Al principio no le di mucha importancia. Supuse que estaba ocupado o trabajando. Al día siguiente sigo sin respuesta y comienzo a insistirle por WhatsApp. Le mando algunos mensajes preguntándole qué pasa, por qué no contesta.

No obtengo respuesta hasta el mediodía del día siguiente cuando Cristian empieza a escribir un mensaje largo en el chat. Nos dice más o menos lo siguiente: “La verdad es que no tengo ganas de verlos. No quiero armarles un escándalo ni un pancho, pero simplemente no quiero verlos”.

Yo me quedé sorprendido ante ese mensaje tan inesperado. Esperaba humor negro, chistes o memes relacionados con su situación de salud; tal vez una foto de su asador listo para hacer una parrillada familiar.

Pero nada de eso ocurrió.

Entonces empecé a mandarle mensajes preguntándole qué le pasaba, por qué no contestaba. No obtuve respuesta clara.

Decidí llamarlo para hablar directamente con él y preguntarle qué sucedía. Le marqué y le dije “¿Qué te pasa, Cristian? ¿Por qué dices eso en el chat?”.

Su respuesta fue impactante: “La verdad es que lo que les puse en el chat es totalmente cierto. No quiero verlos, no quiero armarles un problema”.

No supe cómo responderle. Intenté disculparme y salir del paso rápidamente. Colgué el teléfono y lo primero que hice fue llamar a Arnoldo para contarle lo ocurrido.

Arnoldo reaccionó de forma épica ante la noticia. Me dijo algo así como “no seas payaso, por favor”. Pero ambos sabíamos que había algo más detrás de todo esto.

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Empecé a reflexionar sobre la situación y me di cuenta de que había algo que no estaba conectando en mí. ¿Por qué Cristian no tuvo el valor de pedir ayuda? ¿Por qué nosotros no tuvimos la iniciativa de ir a buscarlo?

A partir de esta experiencia aprendí una lección muy poderosa: no todos vemos, escuchamos o sentimos lo mismo. Cada persona tiene su propio mundo, su propia perspectiva.

Nos damos cuenta de esto cuando nos detenemos a pensar en las emociones, necesidades y contextos individuales de los demás. Las conversaciones se vuelven diferentes cuando nos ponemos en los zapatos del otro y habitamos nuestras interacciones desde la ternura.

¿Cómo solucionamos los problemas cuando no estamos de acuerdo? La respuesta está en comprender que cada persona tiene su propio observador del mundo. Debemos aprender a relacionarnos, amar y sentir desde el entendimiento de que las experiencias pueden ser diferentes para cada uno.

Esta historia tuvo un final feliz. Seguimos siendo excelentes amigos y ahora nos apoyamos mutuamente en los momentos difíciles. Si alguno de nosotros tiene un problema, los otros dos están ahí para ayudar sin dudarlo.

Aprendí que al tener conversaciones poderosas, basadas en la comprensión de las emociones y perspectivas individuales, podemos eliminar gran parte de los problemas que surgen en nuestras relaciones diarias.

Ahora entiendo que no existe un solo mundo compartido por todos. Cada uno de nosotros vive en su propio mundo con sus propias vivencias y percepciones únicas.

Así que la próxima vez que tengas una conversación, pregúntate qué está sintiendo la otra persona, qué estás sintiendo tú y qué están sintiendo los demás. Verás cómo las conversaciones se vuelven más poderosas y significativas.

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Muchas gracias por leer mi historia.

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