Descubre cómo cambiar tus hábitos alimenticios para mejorar tu salud

Descubre cómo pequeños cambios pueden tener un gran impacto en nuestra salud y bienestar en esta cautivadora charla TED sobre nutrición.

Hola, hola. Sé que estás super ansioso por aprender algo en esta charla, pero quiero que sepas que mi misión hoy no es que aprendas, sino que te des cuenta de todas esas cosas que nos han enseñado generación tras generación sobre lo que implica comer. Y aunque no voy a hablar del alimento en sí, sí voy a hablar de todos esos detalles que forman parte del ritual de comer.

Desaprendiendo lo básico

Empecemos con algo básico, sencillo y necesario para poder comer: los cubiertos. Cuando éramos chiquitos y nos estaban enseñando a utilizarlos, querían que escucháramos. Todos aprendimos a escuchar y entre más rápido lo hiciéramos, muchísimo mejor. Pero ojo ¿y qué pasó con esa parte de masticar? ¿Qué pasó con disfrutar la comida? Por eso lo primero que vamos a desaprender hoy es la forma en la que utilizamos los cubiertos.

Mi propuesta es simple: tomamos el cubierto, cogemos el alimento y lo llevamos a la boca. Y aquí está el secreto ¡a los seres humanos nos encantan los secretos! Aquí está: llevamos un bocado y soltamos el cubierto. Este es el momento de masticar, este es el momento de disfrutar. Y solo cuando hayamos tragado estamos listos para volver a tomar nuestro cubierto.

Automáticamente vamos a comer más despacio, vamos a masticar mejor y les aseguro que nuestro sistema gastrointestinal nos lo va a agradecer.

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El placer está en la boca

Hablamos de placer, de que comer es un placer. Pero les voy a hacer una pregunta ¿dónde se siente el placer de comer? ¿Dónde se disfruta realmente la comida? Claro, en el estómago o en la boca. Pues tienen toda la razón.

Imagínense que al estómago no le importa si le llega un chicharrón crujiente o simplemente entra un trozo de lechuga y tomate. Porque es en la boca, específicamente en la lengua, donde tenemos nuestras papilas gustativas: amargo, dulce, salado. Cuando nos enseñan a catar un vino nos dicen que dejemos que el vino corra por toda la boca para que al entrar en contacto con las papilas gustativas se puedan sacar los mejores matices del vino. Esto realmente es placer.

Pero el placer, desde mi punto de vista (no sé ustedes), es despacito. Entonces ¿por qué comemos como si nos estuviera persiguiendo un león en la selva? Por Dios, estamos trabajando mandando correos y comiendo a la carrera.

Sabías que el estómago tarda cinco minutos en decirle al cerebro “cerebro, estoy lleno, no comas más por favor”. Cinco minutos tarda ese mensaje del estómago al cerebro. Pero en cinco minutos podemos comernos el elefante completo ¡con cabeza, trompa orejas y patas! Y si pasa una jirafa ¡también nos la comemos!

Lo más triste de todo es que después lo que era un placer termina siendo una llenura absurda y una sensación de que comimos en exageración. “Me voy a engordar” se vuelve una verdadera tragedia. Lo que era un placer, terminó en tragedia.

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Pero además, el cuerpo empieza a subir de peso y empezamos a transformar la salud en una cantidad de enfermedades.

El tamaño importa

Vayamos ahora a imaginarnos que estamos en una playa divina, en un hotel espectacular, uno de esos todo incluido donde uno siente que tiene que comer todo lo que pagó. Vamos al buffet ¡Dios mío! El plato más grande y empezamos a poner todos los olores y colores del buffet en nuestro plato. Terminamos con un plato tipo montaña ¡y nos lo comemos todo!

La segunda propuesta del día es cambiar ese plato grande por uno mediano. No empecemos a dejar espacios vacíos en nuestro plato mediano porque el cerebro, cuando ve vacíos automáticamente dice “ay no, ya quedé lleno”. Y dos horas después tenemos hambre otra vez.

Cambiando este hábito vamos a sanar muchos problemas de salud como gastritis, entre otros.

Comiendo frente al cine

Ahora cambiemos de escenario: vámonos al cine. ¿A quién le gusta ir al cine? Para mí no hay cine sin palomitas de maíz y soda. Pero ¿qué pasa cuando empieza la película? Estás lenta y uno empieza a comer despacio ¡pero Dios mío van a matar al protagonista! Cuando se acaba la película le digo a mi marido “papi, me llevas a comer algo”. Y él me responde “¿cómo así? Te acabas de comer todas las palomitas y la soda y tienes hambre”.

Imagínense que el cerebro no puede hacer dos cosas a la vez: o ve la película o come. Y como las pantallas son gigantes, nuestra atención está en la película. Lo mismo sucede con nuestros hijos cuando nos acostumbramos a comer viendo televisión o con el celular. El cerebro no está comiendo, está viendo películas. Esto va a favorecer obesidad y sobrepeso.

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El azúcar, nuestro peor enemigo

No podemos olvidarnos de hablar sobre el azúcar ¡qué complicado es para nuestra salud! Quiero que te aprendas por favor estos dos números: la dosis diaria de azúcar para un hombre son 35 gramos, y para una mujer son 25 gramos.

Cada cucharadita de azúcar son 5 gramos, cada sobrecito también son 5 gramos. ¿Quién tiene sed? Nadie. Vamos a preparar una deliciosa gaseosa casera.

Ayúdame por favor a contar si yo vuelco la gaseosa atrás en la etiqueta dice que tiene 63 gramos ¡vamos bien! Nos faltan tres cucharadas más… Ahora sí ¡salud!

¿A ustedes les parece lógico que estemos metiéndole todas estas toxinas a nuestro cuerpo? ¿Y que además se las demos a nuestros hijos? Un yogurt afuera dice “0% grasa”, pero tiene 19 gramos de azúcar. El juguito que les mandamos al colegio a nuestros niños tiene 22 gramos de azúcar. Y el café, que es una maravilla, ¿cuántas cucharaditas de azúcar le ponemos? 2 o 3, eso son entre 10 y 15 gramos.

Si a partir de hoy sigues intoxicando tu cuerpo no es culpa mía. Pensar es totalmente gratis, así que por favor indaga, cuestiona, desaprende y corrije todos estos malos hábitos que fragmentan nuestra salud todos los días.

Aprendamos a comer despacio y disfrutar cada bocado. Cambiemos el tamaño del plato para evitar comer en exceso. Evitemos comer frente a las pantallas para no favorecer la obesidad. Y reduzcamos el consumo de azúcar para cuidar nuestra salud.

Les invito a reflexionar sobre cómo comemos y qué impacto tiene en nuestra vida diaria. Aprendamos a valorar cada comida como un momento especial y placentero.

Muchas gracias por aprender conmigo.

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