Descubre cómo despertar tu esencia poética

¿Aburrido de la poesía? Ni lo pienses! Descubrí una charla TED que desmonta esa idea. Un poeta experto fusiona poesía y moda en “Ferdossi”. Además, su misión es demostrar que todos somos poetas. Prepara tu pluma, porque esto será una fiesta de palabras!

Qué pensarían si les dijera que para mí todos ustedes no son humanos. Normalmente suelen verme así, o así, mis amigos, mi familia. Que les cuento esto, pero no tengo ninguna enfermedad ni estoy borracho. Soy un poco raro, yo lo sé, pero no soy mejor que ustedes.

Permítanme practicar una pequeña historia para que vean por qué pienso así. Todo comenzó cuando estaba en tercero de kinder. Ahí estaba yo, sentado en el salón esperando a que llegara mi maestra, platicando con mis amigos lo típico de esa edad: “¿Vamos a jugar en el receso?”, “¿Qué trae tu mamá de lonche?”. Cuando de repente volteo y alguien abre la puerta.

El impacto de una maestra

Era una mujer flaquita y alta, de cabello oscuro y unos ojos tapatíos tipo Angelina Jolie. Debo admitirlo, quedé asombrado al verla entrar al salón. La clase empezó y yo quería formar parte de su clase. Quería que me tomara en cuenta.

Entonces todo lo que pedía ella, yo lo quería hacer. ¿Quién va a limpiar la mesa? Yo teacher. ¿Quién estuvo en los top four? Teacher. Yo quería responderle a todo.

En esa época de mi vida mi abuela pasaba por mí y por mis hermanos al colegio y nos llevaba a su casa. Siempre que llegaba le contaba todo lo que había pasado en mi día escolar a mi abuelo. Pero ese día en especial, yo quería llegar rápido y contarle a mi abuelo todo lo que había sentido y vivido ese día. Platicarle a quién había encontrado, que había sentido el enamoramiento por primera vez.

Llegué a la casa de mi abuela y empecé a platicar: “Estaba flaquita, alta y parecida a Angelina Jolie”. Mi abuelo se rió un poco sarcástico pero luego se puso algo serio. Me puso su mano sobre mi hombro y me dijo una frase que hasta el día de hoy recuerdo perfectamente: “Mira Fer, nadie ni nada en este mundo puede resistirse al poder de la poesía. Escríbele una carta reclamándole a tu maestra, así como le cuentas todo con tu abuela”.

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El descubrimiento de la poesía

Pasaban los días y le preguntaba a mi abuelo qué era eso del poder de la poesía. Me contaba algunos tips para no ser tan miedoso, cómo declamar, etcétera.

Pasó un ciclo escolar y llegué a primaria con nociones de escritura. La maestra nos pidió redactar nuestra primera carta, pero ojo: esa carta tenía que ser sumamente especial para alguien único. Todos acabaron escribiendo a su tía o su mamá; yo solo pensaba en mi maestra suplente de inglés.

Así que nos dio la hoja en blanco y en cuanto puse la primera gota de tinta o lápiz –no recuerdo bien con qué escribíamos en primaria–, no paré de escribir. Y no me detenía, y sentía que estaba vivo. Sabía que tenía alma y me di cuenta de que en ese momento había encontrado algo que la mayoría de las personas tardan toda la vida en encontrar o incluso nunca lo encuentran: la pasión.

Yo había encontrado, a mi corta edad, la pasión llamada poesía. Descubrí esto de las letras, escribir inspirado y terminé de escribir la carta. Un corazoncito por aquí, otro por allá; lo doblé con cuidado.

Llegó el momento de entregarse. Llegó la salida, la vi de lejos y corrí hacia ella sin verle la cara se le entregué y corrí. Pasó el día siguiente yo ansioso en el salón me asomé a ver si llegaba y ya nunca volví a saber nada más de ella.

Quiero pensar que lo mejor fue que no quiso regresar porque se enamoró o algo así. No sé qué habrá escrito en respuesta a mi carta, pero esta historia no es para que piensen que soy un niño precoz ni nada por el estilo.

La poesía como estilo de vida

Aquí aprendí dos grandes ideas: La primera es que un niño de kinder no puede enamorar a su maestra –bueno, hay una excepción con el presidente de Francia pero no sé cómo le hizo–; creo que él se casó con su maestra siguiendo los tips poéticos.

Y la segunda y más importante es que la poesía no solamente se escribe sobre un trozo de papel, sino que la poesía es vida. Y la vida por sí misma es poesía. Y no me refiero al romanticismo ni a un género literario, no es cursilería o textos aburridos para niñas como algunos han dicho a lo largo de mi vida.

La poesía es un estilo de vida. En mi caso, yo voy escribiendo mi gran poema de la vida en un trozo de papel y ahí se va escribiendo conforme lo que vaya viviendo con mis pasiones. Puede ser triste, melancólico, feliz; pero se va escribiendo.

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Tal es el caso de Michael Jordan, el gran basquetbolista. Todos lo conocen. Él escribía poesía en un lienzo diferente: él escribía poesía en la cancha de basketball. Ponían a Michael Jordan en la cancha y encestaba y se llenaba de vida. Sabía que estaba diseñado para eso.

O por otro lado Marie Curie, la gran científica que engrandeció a las mujeres. Ella también escribía poesía: en su laboratorio al experimentar, al investigar; ya sabía que estaba viva.

No se necesita ser famoso o reconocido para escribir poesía. Cada uno de los que estamos aquí estamos escribiendo un poema. Todos somos escritores aunque no nos guste admitirlo.

La pasión ante las adversidades

Puede que piensen que soy un poco más raro de lo normal, pero yo veo la vida desde otro punto de vista literalmente con otros ojos –se podría decir–.

Puede que piensen que soy bárbaro, pero no. Yo no veo un rostro, yo no veo a un humano por aquí. Yo creo que detrás de cada uno de ustedes se está escribiendo un poema. Cada quien está haciéndolo a su manera, con su tinta que es la personalidad, y cada quien va escribiendo lo que tan extenso sea o tan divertido o tan deprimente.

Pero aquí quisiera preguntarles: ¿Ustedes ya encontraron dónde están escribiendo poesía? ¿De qué está tratando?

La adversidad y la resiliencia

Llegó el año 2007, maldito año 2007. Yo estaba muy feliz escribiendo mi poema –un poco arrugado y manchado, como es normal– cuando de repente mi abuela nos recogió y nos llevó a casa.

Sentí un ambiente diferente, tenso, incómodo. No sé si les ha pasado alguna vez: como cuando van a la casa de su suegra y le cuentan un chiste y no se ríe; seguro les ha pasado así.

Fue incómodo. Pero me asomé y vi algo extraño: mi mamá estaba al fondo de la habitación. Qué raro pensé porque ella no llegaba hasta después del trabajo.

Así que corrí hacia ella para saludarla pero cuando entré en ese cuarto me congelé. Me petrifiqué simplemente dejé de parpadear porque me quedé observando su cara sin cabello colgándole un tubo que llevaba a una bolsa con un líquido interno muy oscuro, un rojo oscuro creando la tinta. Era sangre en ese momento.

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No sé qué está pasando pero sabía que era malo. Pasaron 23 horas y mi papá nos reunió a mis hermanos y a mí. Lamentablemente nos comunicó que le habían detectado cáncer de mama a mi madre.

En ese momento, este poema se destruyó. Lo pisoteé. A mi corta edad de nueve años dejé de vivir con pasión, no sabía qué hacer. Simplemente no tenía pasión.

Sin embargo, yo volteé a ver a mi mamá mientras yo estaba arrumbado, tirado chillé por ahí; ella seguía escribiendo su grandioso poema. Una epopeya de la felicidad parecía que estaba escribiendo con tanta entusiasmo un poema de felicidad, de alegría, de anhelos, de esperanza.

En ese momento me levanté, agarré mi poema y seguí escribiendo el gran poema de vida. Me di cuenta de que nadie agarró mi trozo de papel y lo tiró; fui yo mismo quien lo hizo inspirado por mamá que afortunadamente sigue escribiendo su gran poema y está aquí presente ante ustedes.

Yo sigo continuando escribiendo; sigo escribiendo mi vida sigo escribiendo en la poesía y aquí voy con esto me he percatado –a pesar de mi corta experiencia– que las letras seducen miradas enamoran maestras –bueno ese no fue mi caso– pero sobre todo confío firmemente en que cada uno de nosotros no somos humanos –aunque los filósofos se enojen–. No somos humanos, sino que todas y todos somos poesía.

La historia de Fernando nos muestra la importancia de encontrar nuestra pasión y vivir una vida llena de poesía. A través de su experiencia con su maestra y la adversidad que enfrentó con el cáncer de su madre, aprendió que la poesía no se limita a escribir en un trozo de papel, sino que es un estilo de vida.

Cada uno de nosotros está escribiendo nuestro propio poema, plasmando nuestras experiencias y emociones en cada momento vivido. La poesía nos permite expresarnos, seducir miradas y enamorar corazones.

No importa si somos famosos o reconocidos; lo importante es encontrar dónde estamos escribiendo nuestra propia poesía y qué estamos transmitiendo a través de ella.

Así como Michael Jordan encontraba la poesía en las canchas de baloncesto y Marie Curie la encontraba en sus experimentos científicos, cada uno puede descubrir su propia forma única de vivir con pasión y convertirse en un escritor del gran poema llamado vida.

No dejemos que las adversidades nos detengan; sigamos escribiendo nuestro gran poema, lleno de tristeza, alegría, melancolía o felicidad. Porque al final del día, todos somos más que simples seres humanos: todos somos poesía.

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