Descubre cómo encontrar ventajas en las desventajas

Prepárate para ser inspirado por Juan Pablo y su increíble historia de encontrar ventajas en las desventajas. Te aseguro que no te arrepentirás de seguir leyendo…

Hace algún tiempo leí que a largo plazo únicamente nos acordamos del 20 por ciento de las cosas. Es como una especie de alzheimer colectivo que a todos nos va a pasar. En eso, me acordé de cuando platiqué con José José, no le entendí mucho pero siempre que me acuerdo de eso esto se vería en el corazón. Y así, empezaron a llegar muchos recuerdos a mi cabeza.

Recuerdo la primera vez que fui a un estadio de fútbol, la primera vez que subí a un avión, la primera vez que fui al mar. Todos tenemos esas cosas que no queremos olvidar. Pero también llegaron cosas útiles a mi mente: cervical, dorsal, lumbar, sacro y coxis. No sé para qué los tengo pero bueno, si se me olvidan no hay problema.

Después recordé cuando era chico y mi papá siempre llegaba a casa para ver televisión y tomar refresco. Siempre tenía su refresco en el buró pero nunca tenía un vaso. Entonces me decía “ve por un vaso” una y otra vez hasta que un día pensé ¿por qué no voy yo? Y respondí “porque estamos viendo la tele”. Mi hermano y mi papá voltearon hacia mí y dijeron “porque se te va a caer”. Yo sabía muy bien que llevaba mis vasos encima pero decidí callarme porque si no lo hacía, ya no podría seguir viendo la tele.

Aprendí una gran lección desde pequeño: nadie espera nada de ti y eso está muy bien. Luego entré al kínder más cercano a mi casa y ahí me di cuenta de la segunda gran ventaja de la desventaja: tienes que ser buena persona. Si eres estrictamente feo, ¿a quién te ligas si eres mala persona? Si nunca tienes dinero y te gusta salir de fiesta, ¿quién te invita si eres mala persona? En cambio, si eres buena persona, aunque no pongas mucho dinero en una salida, ya hiciste tu parte.

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Así fui creciendo, terminé el kínder, la primaria y hasta la secundaria. Y llegó otro recuerdo a mi mente: fuimos a un centro comercial donde había muchas cosas para comer y las mesas estaban en el centro. Pedí mi comida, volteé y vi que mi familia estaba en el piso de arriba. Tenía que subir unas escaleras eléctricas pero tenía mis manos ocupadas con mi charola. Decidí poner un pie tras otro mientras sostenía la charola con los dientes superiores pero terminé por caerme y tirar toda la comida.

Aprendí muchas cosas ese día: tenía que volver a pagar por otra comida si quería comer; tenía que pedir las cosas para llevar; aprendí lo que no era bueno hacer. Esa es la tercera gran ventaja de la desventaja: cuando eres medianamente bueno o malo en algo, sabes que puedes intentarlo todo porque nadie espera nada de ti.

Yo sabía que México había perdido 4-0 contra Suecia en el Mundial pasado pero ahora necesitaba saber para qué era bueno yo. La vida siempre te va poniendo pruebas para descubrirlo. Asistí a una semana vocacional donde visitamos una fábrica de botanas en Toluca y quedé fascinado. Quería trabajar ahí. Fui el último en la fila para hablar con alguien de la empresa y preguntar qué se necesitaba para trabajar ahí. Me dijeron que la mayoría eran ingenieros y pensé “no ha de ser tan difícil, mi papá y mi hermano son ingenieros”.

Desde ese momento supe que quería estudiar comunicación y trabajar en algo relacionado a las botanas. Empecé a trabajar entregando cheques a diferentes fundaciones, haciendo cuentas, ayudando a los demás. Era un trabajo estresante pero me sentía feliz porque estaba regalando dinero ajeno.

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Un día, alguien me dijo “el único feliz en esta oficina es Juan Pablo” y respondí “claro, si soy el único que regala nuestro dinero”. Pero luego me di cuenta de algo importante: sin importar lo que haga, siempre habrá alguien insatisfecho. Aprendí entonces que si nadie espera nada de mí, yo sí puedo esperar cosas de mí mismo.

Pasaron los años y llegué a un punto donde sentí que tenía que hacer algo más. Fui con mi jefa, quien era como mi gurú, y le pregunté qué debía hacer. Me sugirió estudiar una maestría pero no tenía suficiente dinero para pagarla solo con lo que ganaba entregando cheques.

Decidí buscar un trabajo de verdad para tener una segunda oportunidad. Sabía muy bien que nadie esperaba nada de mí pero yo sí esperaba mucho más de mí mismo. Renuncié al trabajo anterior e inicié una maestría. Ahora llevo 10 años regalando dinero ajeno pero también estudiando y trabajando en algo que me apasiona.

He aprendido muchas cosas en el camino: que ese 20% de cosas que recordamos debe valer la pena, que nadie espera nada de ti pero tú sí puedes esperar mucho de ti mismo. No importa si solamente nos acordamos del 20% de las cosas, lo importante es que ese 20% sea memorable y significativo.

Aprendí que la desventaja puede ser una gran ventaja. Cuando nadie espera nada de ti, tienes libertad para hacer lo que quieras y sorprender a los demás. También descubrí la importancia de ser buena persona, ya que eso te abre puertas y te hace destacar incluso si no eres el mejor en algo.

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La vida nos pone pruebas para descubrir nuestros talentos y propósito. A veces, debemos arriesgarnos y buscar oportunidades fuera de nuestra zona de confort. Y aunque solo recordemos una pequeña parte de nuestras experiencias, lo crucial es asegurarnos de que esos recuerdos sean valiosos e impactantes.

No permitas que las expectativas limiten tu potencial. Sé quien quieres ser y trabaja duro para lograrlo. Recuerda siempre esperar más de ti mismo porque al final del día, tú eres tu mayor motivación.

Sigue adelante con confianza, aprovecha tus desventajas como ventajas únicas y crea un futuro lleno de recuerdos significativos.

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