Descubre el fascinante proyecto de fotografía inmigrante en Montevideo

¿Te imaginas recorrer el mundo a través de las historias de los inmigrantes en Uruguay? En “Montevideo: Crisol Cultural”, Eliana nos revela cómo capturó la esencia y la diversidad de la ciudad en 100 fotografías. ¿Listo para descubrir las historias que se esconden detrás de cada imagen? ¡Acompáñame!

Desde pequeña siempre tuve la ilusión de conocer personas de todo el mundo. Sabía que era un sueño bastante difícil de realizar viviendo en Montevideo, ya que si bien ha sido una ciudad construida en gran parte por habitantes, la diversidad cultural no ha sido una de sus características más fuertes en las últimas décadas.

Recuerdo cuando tenía 16 años y fue mi primer día de clases. Vi a unos compañeros alrededor de una persona y pensé que alguien se había desmayado o algo así. Me acerqué corriendo, pero resultó ser un chico de Dinamarca que venía de intercambio por seis meses. Todos lo estaban mirando prácticamente como si fuera un extraterrestre. La cara de susto del chico era un poema. Estoy segura que en ese momento lo único que quería era tomarse el primer avión a su casa y no volver jamás. A mí también me daba bastante curiosidad su presencia, pero intenté ser un poco más discreta que mis compañeros. Por suerte, con los días nos dimos cuenta de que era un ser humano como nosotros y lo integramos bastante bien.

Pero así de difícil era ver a un extranjero en Montevideo. Es por eso que unos años después, a los 21 años, decidí irme a España con la ilusión finalmente de hacer mi sueño realidad. Fueron seis años muy intensos y llenos de aprendizaje. En 2009 volví a Montevideo por un problema familiar y decidí quedarme finalmente ahí.

Descubriendo la diversidad

Uno de los cambios más notables que experimenté al regresar fue que, caminando por la calle, sentía diferentes acentos, otros idiomas y vestimentas más coloridas. Pero sin embargo, me daba la sensación de que los montevideanos aún no lo notaban. Hace un par de años, hablando con un amigo sobre este tema, él me dijo que Montevideo estaba muy lejos de ser una ciudad cosmopolita. Entonces, para demostrarle lo contrario, me propuse un reto: fotografiar en 100 días la mayor cantidad de inmigrantes posibles.

Leer también:  Explora nuevas dimensiones musicales con Lika Nova

Tenía que hacer un retrato representativo por país. Comencé a partir de una base de 8 extranjeros de ocho países diferentes. Ellos fueron mis primeros modelos y luego me contactaron otros inmigrantes. Me comuniqué con embajadas, consulados y centros culturales y afortunadamente tuve una respuesta muy positiva de todos ellos. Esto me llevó en esos 100 días a fotografiar personas de 55 países diferentes abarcando los cinco continentes.

Las fotografías eran sacadas en el lugar favorito de cada persona como una manera de mostrar que Montevideo también estaba presente en el retrato. Nos conocíamos durante aproximadamente unos 20 minutos y por suerte con la mayoría hubo tiempo para tener una charla posterior.

Una nueva perspectiva

Ellos no ven la ciudad gris y sombría que vemos nosotros; todo lo contrario, ven una ciudad llena de colores y vida. Y gracias a ellos ahora yo también la veo así. No solo me trasladaron a sus países de origen sino que también me ayudaron a redescubrir mi propia ciudad. Un año después, retomé la serie porque fue una experiencia tan linda que no pude resistirme. Esta vez, con la intención de llegar a los 100 países.

Sabía que iba a ser un desafío mucho más difícil de lograr, así que subí el proyecto a las redes sociales con la esperanza de que a la gente le gustara la idea y me ayudara a terminarlo. Por suerte, les gustó y recibí muchos contactos de personas que me pasaban países que yo no tenía. Así entre todos logramos llegar a los 100 países.

Lo que comenzó siendo un proyecto individual terminó siendo algo colectivo. Montevideo Crisol Cultural es un proyecto fotográfico de personas de 100 países, con retratos de 52 mujeres y 48 hombres entre 18 y 92 años de edad y pertenecientes a todos los niveles socioeconómicos.

Superando el miedo

Lamentablemente, la inmigración no está teniendo muy buena prensa en el mundo y eso hace que genere rechazo en mucha gente. Y el rechazo, la mayoría de las veces, es producto del miedo; del miedo a lo desconocido, a lo diferente.

Cuando estuve en España tuve la suerte de visitar varios países. El viaje más significativo que hice fue uno por Marruecos hasta Senegal en solitario y mayoritariamente haciendo autostop. Según mis amigos, ser una mujer blanca de 24 años no era la mejor combinación para hacer un viaje así.

Leer también:  La magia de la música: descubre la consciencia silenciosa

“Te van a robar, te van a violar, te van a matar”, era lo que más repetían. Por supuesto, no les hice caso y me fui igual. Llegando a Senegal me entero de que un amigo estaba visitando a su familia en Dakar, así que me invita a pasar unos días con él. En toda mi estadía en su casa siempre estuve acompañada; si no era por él, era por un amigo o un hermano. Siempre con un hombre al lado.

Al igual que mis amigos en España, él también tenía miedo de que me sucediera algo en su propia ciudad. El último día leí en sus ojos esa preocupación constante y decidí decirle que iba a ir al centro solo con la promesa de volver temprano para que no se preocupara.

Estuve todo el día en el centro y a la tardecita tomé el autobús convencida de que sabía el trayecto de vuelta. A los 15 minutos me doy cuenta de que no tenía idea dónde estaba. En vez de preguntarle al chofer, decido bajarme sin saber por qué.

Ya estaba anocheciendo y estábamos pasando por un barrio sin luz. Me bajé y fue el único momento en todo el viaje que realmente sentí miedo; pensé: “De esta no salgo”. La calle de mi amigo no tenía nombre, era “la calle de la farmacia” en una zona desconocida para mí.

Tenía eso anotado en un papel y se lo mostraba a toda persona que pasaba o se cruzaba en mi camino. La barrera idiomática, tan exótica hasta ese momento, me estaba jugando en contra. Cuando ya estaba perdiendo las esperanzas de salir de esa con vida, se me acercan dos niños.

Les muestro el papel y me toman de la mano, llevándome hasta un hombre que decía saber dónde quedaba la calle. Me dice que me suba a su moto y que él me llevaría hasta allí. La verdad es que no era la mejor opción, pero ya había estado bastante jugada así que me subí sin pensarlo mucho.

Fueron 40 minutos o eso es lo que me parece a mí en plena oscuridad y silencio hasta que finalmente reconocí la calle. Me bajé y le rogué al hombre aceptar el dinero para la gasolina porque imaginaba que sería lo mínimo como agradecimiento por ayudarme. Pero no hubo caso, no lo aceptó; dijo que para él ayudarme era un deber.

Leer también:  Descubre la fascinante danza contemporánea y tradicional en Huastequíssimo

No puedo olvidar la cara de felicidad de esos dos niños al verme subir a su moto. Estaban súper felices de haber podido ayudarme. Entonces yo me pregunto: ¿por qué los inmigrantes que están llegando a mi ciudad deberían ser diferentes a esos dos niños y al hombre que me ayudaron esta noche en Dakar?

Una oportunidad única

Si nos permitimos conocerlos como yo lo hice con este proyecto fotográfico, nos daremos cuenta de que no representan una amenaza para nosotros; más bien todo lo contrario. Vienen a enriquecernos, renovarnos y hacernos dar cuenta de cosas maravillosas.

En mi caso, por ejemplo, pude darme cuenta de que mi ciudad es mucho más hermosa de lo que yo pensaba. En esta época de muros, prejuicios y discriminación, tenemos una oportunidad única de enfrentar este tema de una manera diferente; con una mentalidad más abierta y, sobre todo, sin miedo.

Comencemos por darles la bienvenida y ofrecerles nuestra ayuda porque es muy probable que más de uno de ellos también se sienta perdido. En lo personal, me pone muy contenta saber que los jóvenes de hoy no tienen que irse lejos para vivir las experiencias que yo quería vivir cuando me fui de Montevideo a los 21 años. Hoy es posible dar la vuelta al mundo sin salir de Montevideo.

La diversidad cultural nos enriquece y nos abre las puertas a nuevas perspectivas. El proyecto fotográfico “Montevideo Crisol Cultural” ha demostrado cómo la inmigración puede transformar una ciudad y hacerla aún más hermosa. Debemos superar nuestros miedos y prejuicios para recibir a los extranjeros con los brazos abiertos, ya que ellos vienen a enriquecernos y renovarnos. La experiencia personal del viaje por Marruecos hasta Senegal muestra cómo el apoyo mutuo entre personas desconocidas puede superar cualquier barrera o dificultad.

Tenemos la oportunidad única de construir un mundo más inclusivo y tolerante si nos permitimos conocer otras culturas, aprender de ellas y valorar su contribución a nuestras vidas. No dejemos que el miedo nos limite; demos la bienvenida al extranjero con amor y comprensión.

Porque al final del día, somos todos seres humanos en busca de un hogar y una vida mejor. Y juntos, podemos lograrlo.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.