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Bienvenidas y bienvenidos al gran teatro de la vida, al teatro de la vida y de la muerte. La muerte es algo incomprensible para el ser humano, por eso huimos de ella. No nos gusta hablar de la muerte, no solemos hablar de lo que no comprendemos porque eso nos lleva al sufrimiento. Pero yo desarrollé una ecuación que vence a la muerte.

Conociendo a Pablo Escobar

Antes de explicarles cuál es esa fórmula, déjenme contarles cómo llegué a ella. ¿Conocen al personaje histórico Pablo Escobar? Bueno, yo tuve una relación de destino con él. Pero les adelanto que nunca fui narcotraficante, mi familia no trabajó para él y no soy su hijo ilegítimo (aunque podrían pensar lo contrario viendo mi genética). Bromas aparte, lo importante aquí es que el día 8 de octubre de 1989 viajábamos en un autobús unas 20 personas: mi madre, mi padre, mi hermana y yo.

Ese día en particular decidimos ir a misa porque así lo había decidido mi mamá. Pero ese domingo fue diferente. El “patrón”, como le decían a Pablo Escobar, había enviado a dos personas para colocar una bomba incendiaria en ese autobús. Las bombas incendiarias fueron ampliamente utilizadas en la Segunda Guerra Mundial junto con las bombas explosivas convencionales.

Fui una víctima más del atentado y morí en ese autobús. Mi madre quedó con un 20% de visión en un solo ojo, se le quemaron las córneas, la cabeza, la cara y las manos. Mi padre también sufrió quemaduras pero el cuarto día después del accidente se enteró de que habían reconocido a mi hermana entre las personas que salieron del autobús y había muerto calcinada. Esa noche fue realmente dura para mi padre, quien decidió irse con ella tras sufrir un paro respiratorio.

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A día de hoy, solamente mi mamá y yo estamos vivos. Todas las demás personas que viajaban en ese autobús murieron por complicaciones a raíz de ese atentado. Yo fui el único que salió ileso, sin ningún rasguño físico. Estaba perfecto.

El poder de la mente

Pero lo interesante aquí es cómo funciona la mente. ¿Qué pasó en mi cabeza para que mis padres aparecieran de repente? No estaban registrados en mi memoria y realmente no era en mi mente, era en el sistema límbico del cerebro, específicamente en el hipocampo (la zona relacionada con los bancos de memoria). Como no estaba esa imagen almacenada en mis recuerdos, no podía reconocerlos hasta que aparecieron frente a mí.

Esto fue una pequeña muerte para mí. Y estas muertes han seguido ocurriendo a lo largo de los últimos 30 años (por no decir más). Pero lo interesante es que cada vez que mueres, renaces en una versión mejorada de ti mismo.

Voy a contarles otra pequeña muerte: la primera Navidad sin mi padre y sin mi hermana. Me di cuenta de que ese niño de 12 años ya no existía, había muerto en ese autobús. Había nacido una nueva versión de mí mismo, con una mentalidad más madura y asumiendo responsabilidades que no correspondían a mi edad.

Cuestionando todo

Mientras íbamos en una camioneta hacia la unidad de quemados, recién salidos del autobús, empecé a hacerme preguntas profundas sobre el sentido de la vida. ¿Qué está pasando? ¿Qué es real? ¿Es un sueño? Y si es un sueño, ¿cuándo me voy a despertar?

Todas estas preguntas fueron creciendo y evolucionando con el tiempo, volviéndose cada vez más precisas. Pasé de lo confuso a lo difuso y luego a lo preciso. Desarrollé la facilidad de hacerme preguntas todo el tiempo, cuestionarlo todo y observar mis discursos mentales.

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Me volví consciente de muchos de mis pensamientos gracias al entrenamiento constante en autoobservación. Esto no ocurrió de la noche a la mañana; es algo que se desarrolla día tras día. Necesitas entrenarte mentalmente y emocionalmente para convertirte en maestro de ti mismo.

Debemos aprender a cuestionar nuestro ego y desestabilizar nuestra personalidad para que cada pregunta nos lleve a una muerte y, posteriormente, a un renacimiento.

La ecuación

Ahora llegamos al punto clave: la fórmula que desarrollé para vencer a la muerte. La ecuación es la siguiente:

Conciencia = Comprensión

No podemos ser conscientes de algo si no logramos comprenderlo. Necesitamos tomar conciencia de lo que ocurre y observar cada experiencia. Pero eso no es suficiente, debemos entrar en la pregunta, cuestionar nuestro ego y desestabilizar nuestra personalidad.

Pero eso tampoco es suficiente, necesitamos ir más allá y realizar un análisis profundo de la realidad. Además, debemos abrirnos a la posibilidad de aprender de cada experiencia. Es en ese punto donde entra en juego la práctica constante de todo lo que aprendemos.

La información sin práctica es inexistente; solo se convierte en información analizada por nuestros sentidos. Pero cuando llegamos a comprenderla, estamos más cerca de alcanzar esa conciencia plena que nos llevará a renacer una y otra vez.

Morir una y otra vez nos permite renacer en versiones mejoradas de nosotros mismos. Debemos cuestionarlo todo, observar nuestros discursos mentales y ser conscientes de nuestros pensamientos constantemente. La fórmula para vencer a la muerte es desarrollar nuestra conciencia hasta alcanzar una verdadera comprensión del mundo que nos rodea.

No crean absolutamente nada de lo que les he contado aquí; mi propuesta no es sumar creencias, sino verificar toda esta información en primera persona. Lo que les he contado es mi verdad, pero cada uno debe experimentar su propia verdad para encontrar el camino hacia el perdón, el renacimiento y una vida plena.

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¿Cuántos de ustedes estarán dispuestos a morir hoy, teniendo la certeza de que pueden renacer en una nueva versión de sí mismos? Muchas gracias por su atención y gracias por existir.

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