Descubre el poder de la improvisación para transformar tu vida

Hey, amigo/a! Acabo de ver una charla TED increíble y no puedo esperar a contarte todo lo que aprendí. Se trata de Sofía Ribeiro, una cantante portuguesa impresionante, que nos habla sobre la improvisación y cómo atreverse a subirse a un escenario forma parte de la aventura artística. Pero espera, esto no solo es para músicos, cualquiera puede aplicarlo en su vida

La primera vez que subí a un escenario tenía tan solo 12 años. Recuerdo estar en una sala de conciertos en Suiza, donde se presentaban los niños solistas del coro al cual yo pertenecía. Tenía preparado un solo y estaba emocionada por tener mi momento de brillar. Pero algo sucedió, sentí una pequeña duda, como si no estuviera completamente preparada para lo que iba a suceder. Nunca me enteré si alguien más notó mi inseguridad, pero en ese momento decidí que no quería volver a ser solista nunca más.

Para mí, aquel primer intento fue un desastre y sentí que el escenario no era para mí. Era una niña muy exigente conmigo misma y con los demás. Quería ser tan buena y exitosa como mis hermanos mayores. Así que cuando llegó el momento de elegir mi profesión, pensé en seguir los pasos de mi familia: uno era economista, otra médica, otro arquitecto y otra psicóloga. Yo siempre había amado a los animales, así que decidí estudiar veterinaria para encajar perfectamente en la dinámica familiar.

Pero la vida siguió su curso y descubrí que la música seguía siendo parte importante de mi vida. Las invitaciones para cantar seguían llegando y yo las aceptaba porque realmente amaba la música. A los 23 años, después de haber obtenido un diploma en terapia ocupacional y darme cuenta de que eso no era lo que realmente quería hacer con mi vida, decidí darle una oportunidad seria a la música.

Descubriendo un nuevo enfoque musical

Ingresé a la escuela superior de música y deporte, primero estudiando música clásica y luego jazz. Comencé a viajar por el mundo para estudiar, viví en Barcelona, aposté en Bruselas y hice un intercambio en París. Fue durante estos viajes que mi mente se abrió a nuevas posibilidades musicales.

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Paralelamente a mis estudios universitarios, empecé a estudiar improvisación vocal con una cantante estadounidense llamada Brian. La forma de hacer música era completamente diferente: no había partituras ni ensayos, simplemente improvisábamos la música en el momento. Nos mirábamos a los ojos, nos movíamos e interactuábamos con la música de manera espontánea.

Brian me recomendó un ejercicio que consistía en cantar y bailar sola durante 20 minutos al día. En ese momento no lo hice, pero el destino se encargó de ponerme en contacto con otra persona que años más tarde me convencería de hacer lo mismo. Después de haber tenido una carrera llena de conciertos alrededor del mundo y haber lanzado varios discos, decidí pasar una temporada en Bogotá.

Un encuentro inesperado

Estaba pasando por una gran crisis personal cuando caminaba por el barrio La Soledad y me llamó la atención una tienda de artesanías. Me acerqué y comencé a hablar con un hombre llamado Jaime Barranco. Tenía unos ojos azules grandes y una presencia muy fuerte.

Jaime me dijo que cuando me miraba, veía mucho miedo en mí. Me invitó a participar en unos talleres que impartía en ese mismo lugar. Al principio todo me pareció muy extraño, pero decidí darle una oportunidad y ver qué tenía para enseñarme.

Asistí a los talleres durante dos meses, varias veces a la semana. Los ejercicios propuestos eran cada vez más extraños y desafiantes. Tenía que improvisar con sonidos y movimientos en medio de la calle, rodeada de gente caminando o esperando el autobús.

Fue incómodo salir completamente de mi zona de confort, pero fue como una terapia de choque. Yo había crecido preocupada por lo que está bien y lo que está mal, por lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. De repente me convertí en la loca bailando descalza en medio de la calle 19 mientras todos comentaban al respecto.

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Enfrentando mis miedos

Jaime me ayudó a entender que mi vocación era cantar, pero debía enfrentar mis miedos más profundos: el miedo a no ser perfecta, el miedo a equivocarme y fallar, el miedo a no gustarle a todos. Comprendí que necesitaba encontrar una confianza más profunda dentro de mí misma.

A través de mis maestros entendí que existe un mundo más allá de los juicios mentales y las fórmulas preestablecidas. Un mundo libre donde uno simplemente puede aceptarse tal como es. Y después de comprender esto, sentí la necesidad de compartir este proceso con otras personas y ayudarlas a transformarse de la misma manera en que yo me había transformado.

Comencé a realizar mis propios talleres de improvisación vocal y ser consciente. En estos talleres, nos conectamos profundamente con el momento presente, utilizando la voz como una herramienta de juego, autoconocimiento y liberación. Lo importante no es cómo sueno yo, sino cómo puedo hacer que los demás suenen bien.

Un ejercicio para perder el miedo al ridículo

En uno de mis talleres, realizamos un ejercicio llamado “Five Ter”. Consiste en cantar una nota cuando estamos mirando hacia un lado y hacer silencio cuando estamos mirando hacia el otro lado. La idea es perder el miedo al ridículo y cultivar el gusto por arriesgarnos y explorar nuevos caminos.

Durante este ejercicio, invité a algunos voluntarios a subir al escenario para formar parte de mi banda improvisada. Cantamos juntos una pequeña parte de una canción mía y luego continuamos improvisando musicalmente.

Conclusiones

A lo largo de mi vida he aprendido que enfrentar nuestros miedos más profundos puede llevarnos por caminos inesperados pero llenos de crecimiento personal. A veces es necesario salir completamente de nuestra zona de confort para descubrir nuevas facetas de nosotros mismos.

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La música ha sido mi gran pasión desde muy joven, pero también ha sido un camino lleno de desafíos. A través del proceso que he vivido, he aprendido a aceptarme tal como soy y confiar en mí misma sin depender del juicio o la aprobación externa.

Si hay algo que deseo transmitirles es que todos tenemos la capacidad de subir al escenario de nuestras vidas y enfrentar nuestros miedos. No importa si somos músicos o no, lo importante es animarnos a explorar nuevas posibilidades y encontrar nuestra propia voz.

A lo largo de mi vida he experimentado altibajos en mi relación con el escenario. Desde aquel primer intento como solista a los 12 años hasta descubrir mi verdadera vocación como cantante e instructora de talleres de improvisación vocal, he aprendido valiosas lecciones.

El camino no ha sido fácil, pero cada obstáculo y desafío me ha llevado a un mayor autoconocimiento y crecimiento personal. He aprendido a aceptarme tal como soy y confiar en mí misma sin depender del juicio o la aprobación externa.

Hoy me siento feliz compartiendo mis experiencias con otras personas, ayudándolas a transformarse y liberarse a través del poder de la música. Todos tenemos la capacidad de subir al escenario de nuestras vidas y enfrentar nuestros miedos más profundos. ¡Anímate a ser parte de esta aventura!

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