Descubre los fundamentos del M2 en Mi Primer M2: bioconstrucción y transformación del hogar

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Hace unos años, me encontraba en una situación complicada. Tenía mucho tiempo libre pero poco dinero, y mi objetivo era dejar de alquilar y construir mi propia casa. Aunque tenía algo de experiencia con pequeñas herramientas debido a mis estudios en la escuela técnica, nunca había construido una casa antes. Por lo tanto, comencé a investigar diferentes técnicas de construcción que se adaptaran a mi situación.

Después de explorar varias opciones, descubrí la bioconstrucción o construcción natural. Dentro de todas las posibilidades que existen en este campo, me llamó la atención la construcción con adobe. Al principio pensé que no había suficiente tierra adecuada para este tipo de construcción en nuestra zona, pero pronto descubrí que la arcilla y la arena disponibles eran de excelente calidad.

Un diseño bioclimático

Decidí involucrar a una amiga arquitecta llamada Gabi para diseñar mi casa. Juntos creamos un diseño bioclimático que aprovechaba al máximo el sol y se adaptaba al terreno. Gabi también tenía experiencia en bioconstrucción y su apoyo fue fundamental durante todo el proceso.

Pruebas y más pruebas

Comenzamos haciendo pruebas con los materiales para encontrar las proporciones adecuadas. Después de varios meses rompiendo probetas y observando si se rajaban o no, decidí hacer una pared como prueba en el terreno donde se iba a ubicar mi casa.

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A medida que avanzábamos con el baño inicialmente planificado como una estructura pequeña para uso temporal durante la construcción, decidimos construir un galpón para guardar herramientas y protegernos del intenso calor del verano y del frío del invierno en el centro de la Patagonia. Utilizamos una técnica llamada “pisé” o “tapial”, que consiste en revestir una estructura de madera con barro tanto por dentro como por fuera. En lugar de madera, utilizamos palets locales fácilmente disponibles.

Este espacio adicional se convirtió en lo que mi abuelo solía llamar “la chabola”. Además, tuvimos que rellenar una parte del terreno para evitar problemas con el agua y mantener un buen alero. Afortunadamente, pude conseguir tierra de relleno gracias a un amigo que trabajaba con camiones y a veces tenía excedentes.

Regalos inesperados

A medida que avanzábamos en la construcción, comenzaron a aparecer regalos inesperados. Una escalera rota, hierros retorcidos… Todos estos elementos necesitaban ser reparados o enderezados antes de poder utilizarlos. También tuve la suerte de encontrar aberturas como puertas y ventanas en diferentes lugares.

Viviendo en la chabola

Mi compañera Mariela y yo decidimos mudarnos a vivir a “la chabola” en septiembre para dejar de alquilar lo más pronto posible. Aunque el espacio era pequeño para nosotros y nuestros dos perros labradores, Charo y Romeo, nos animábamos pensando que pronto llegaría el buen clima.

Sin embargo, los meses pasaron sin cambios en el clima y nos dimos cuenta de que los vientos seguían siendo tan fuertes como siempre. Mientras tanto, habíamos comenzado los cimientos de nuestra casa diseñada por Gabi, pero el proyecto quedó en pausa.

Valorando las pequeñas cosas

A pesar de las dificultades, aprendimos a valorar cosas simples como una ducha caliente dentro de la casa. Nos dimos cuenta de lo importante que es tener un baño adentro y cómo daríamos cualquier cosa por tenerlo desde el principio.

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En lugar de continuar con la construcción de la casa, decidimos unir “la chabola” con el baño para crear otro ambiente y así mejorar nuestras condiciones de vida. Este proyecto se convirtió en nuestra prioridad durante ese invierno.

Un viaje sin retorno

A lo largo del proceso, probamos diferentes técnicas constructivas, incluyendo una técnica llamada “se ve”. Esta técnica consiste en aplicar capas y capas de barro moldeado con las manos para crear paredes más anchas y sólidas. La mejor pared que he visto hasta ahora es la que está construida con esta técnica: térmica y acústicamente perfecta.

Durante todo este tiempo, continuaron apareciendo regalos inesperados: aberturas antiguas encontradas en remates o donadas por amigos. Cada objeto reciclado tiene su propia historia y le da un toque mágico a nuestro espacio.

Hoy sé cómo quiero que sean las paredes de mi futura casa: construidas con mis propias manos, mi fuerza física y mi corazón. Agradezco el apoyo de mi familia y amigos que siempre están dispuestos a ayudar. Nunca olvidaré que todo comenzó con ese primer metro cuadrado.

Esta experiencia en bioconstrucción me ha enseñado más que solo cómo construir una casa. Me ha enseñado a enfrentar mis miedos, a valorar las pequeñas cosas y a disfrutar del proceso creativo. Ya no siento miedo de lo desconocido, porque ahora sé que soy capaz de construir mi propio hogar con esfuerzo y amor.

Así como un pintor crea su obra maestra capa tras capa, esta aventura constructiva también se ha convertido en un viaje sin retorno para mí. La bioconstrucción no solo me ha permitido construir una casa, sino también construirme a mí mismo.

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Ahora estoy listo para seguir adelante, sabiendo que cada paso que dé en este camino será otro ladrillo más en la creación de mi hogar.

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