Descubriendo al sicario de sueños: la inspiradora historia de Millán Ludeña

Un intrépido aventurero, un récord Guinness y una historia de superación que te dejará sin aliento. Descubre cómo Millán Ludeña conquistó los extremos del mundo y desafió a los que intentaban frenar sus sueños.

En qué momento de mi vida soñé con hacer una película, en qué momento y vida soñé con conseguir un récord Guiness y por más que lo pensé, no fui capaz de encontrarlo. Regresé a casa hace un mes, dos meses tal vez, y me puse a buscar cosas viejas. Me encontré un libro que yo tenía en el colegio, era un diario donde escribía mis sueños. Me puse a leerlo y quise ser médico, cambiaba de página y quería ser arquitecto, cambiaba de página y quería ser matemático… Hasta la última página que vi quería ser diseñador gráfico. Pero por más que busqué en ese libro no encontré que mi sueño sería desafiar los lugares más extremos en la tierra.

Me cuestioné cómo puede ser posible que todo lo que soñé no lo hice y algo que ni siquiera había soñado se convirtió en realidad. En qué momento pasó eso? En qué momento uno sueña si al final no va a suceder? Esa fue la pregunta inmediata. Y pensé que estaba solo en esto hasta que empecé a hablar con mi familia y amigos; me di cuenta de que todos habíamos pasado por lo mismo.

Sicarios de Sueños

No es porque mis amigos sean unos fracasados (y yo también), pero estábamos haciendo cosas diferentes a las que alguna vez soñamos. La pregunta era ¿por qué? Y sospecho seriamente que es porque fuimos atacados por sicarios… Sicarios de sueños están en todas partes: los encuentras en tu familia, tus amigos e incluso internamente los ves. Los ves en WhatsApp, en videos, donde sea que vayas. Cada vez que planteas un sueño, ellos aparecen y te van empujando y alejando de tus metas hasta que terminas haciendo cualquier cosa.

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La Real Academia define a los sicarios como “asesinos asalariados”, así es cómo los define. Espantoso, horrible… pero es lo que pasa. Yo regresaba del desierto del Sahara cuando me encontré con Pablo. Él estuvo allí y fue la primera noche en la que vi a un hombre muriéndose a 30,000 grados bajo cero. Lo encontraron botado en medio de la nada, completamente abandonado. Tuvieron que ponerle cinco sueros para sacarlo de la muerte.

Pero lo más sorprendente fue ver una botella al lado de Pablo; estaba llena de agua y su tapa estaba abierta ¿No entiendes? ¿Cómo te puedes morir de sed con una botella llena? Es imposible, es absurdo… Y Pablo me dijo: “loco, yo resolví ser el conservador”.

Sueños Desafiados

Cuando les contaba a mis amigos sobre mi sueño de correr en el desierto del Sahara, todos empezaban a caerme encima diciendo: “¿Quién eres tú? ¿Qué te has creído?” Y así empiezan a matar tus sueños antes siquiera de intentarlo. Pero yo logré completar esa carrera y aunque me fracturé porque tenía solo el 27% de masa muscular desaparecida debido al desgaste extremo… nadie me dijo nada.

Luego lancé mi siguiente aventura: correr 100 km en el lugar más frío del planeta, donde se ha registrado la temperatura más baja de la historia. Yo, que nunca había pisado nieve y cuyo concepto de frío era solo el aire acondicionado… quería correr 100 km a -31 grados Celsius. Y nuevamente, todo el mundo me empezó a caer encima.

Me di cuenta de que los comentarios eran muy parecidos a cuando quería hacer la carrera en el Sahara. Los comentarios no cambian; quieren matar tus sueños y ponen toda su energía en ello. Entonces decidí hacer un experimento: me reuní con 16 personas en citas separadas y les conté mi sueño de ir al desierto del Sahara.

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Los dos tipos de personas

Un grupo me empezó a decir cosas como “¿Quién eres tú? ¿Qué te has creído?” El segundo grupo adoptó una lógica colaborativa y me ofrecieron ayuda: tenían contactos para conseguirme pasajes gratis, fisioterapeutas para ayudarme con las lesiones, e incluso sugerencias para mejorar mi experiencia.

Cuatro semanas después volví a reunirme con los mismos grupos por separado y les pedí disculpas por haberles mentido. Les dije que ya había cumplido mi sueño. El primer grupo se puso en una posición justificativa y empezaron a decir cosas como “¿Por qué corriste en abril? En abril hace frío”. Intentaban encontrar cualquier excusa para negar mis logros.

Por otro lado, el segundo grupo se emocionó y me felicitó. Me dijeron que era espectacular y me hicieron preguntas sobre mi experiencia. Fueron muy diferentes a las preguntas del primer grupo, ya que se centraron en cómo mejorar y cómo podrían aportar algo si alguien más quisiera hacer lo mismo.

Y ahí me di cuenta de que hay dos tipos de personas: los que sueñan y los que no. Las personas que sueñan se emocionan cuando escuchan el sueño de otra persona, se ponen en una lógica colaborativa, muestran empatía y se conectan con esa persona. Por otro lado, las personas que no sueñan son las primeras en pensar “¿Es posible? ¿Hay alguna posibilidad de éxito? Si tiene éxito, eso significa que yo no lo tendré”. Y estas personas se convierten en sicarios de sueños; ponen toda su energía en matar ese sueño.

El camino hacia el éxito

La diferencia entre estos dos grupos es que el segundo grupo eran emprendedores mientras que el primero eran empleados. Los empleados creen ser la mamá de Tarzán, pero solo toman actividades ocupadas sin tomar retos reales. Por otro lado, los emprendedores son mucho más humildes porque saben que para tener éxito deben ser expertos en fracasos.

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Los fracasos son caídas responsables y cada vez que te caes debes aprender a querer tus raspones porque te indican si estás en el camino correcto o no. Puede ser cierto lo contrario según todos los expertos del mundo, pero si te comprometes emocionalmente y mentalmente con lo quieres hacer… nada te detendrá. Solo será cuestión de tiempo.

No soy brujo para decirles que lo que tienen en su cabeza se cumplirá, eso no es mi problema. Pero les puedo afirmar que si deciden ser dueños de sus vidas, están cambiando todo un paradigma impuesto por años. Le dirán a todos esos sicarios en el camino: “A mí no me vas a matar. El dueño de mi vida soy yo”.

La charla Tedx de Millán Ludeña nos muestra la importancia de perseguir nuestros sueños y enfrentar a los sicarios de sueños que intentan desviarnos del camino hacia el éxito. A través de sus experiencias personales, nos enseña la diferencia entre las personas que sueñan y las que no, destacando la importancia de rodearnos de aquellos que apoyen nuestros sueños y nos ayuden a alcanzar nuestras metas.

Nos invita a ser valientes y comprometernos emocionalmente y mentalmente con lo que queremos lograr, aceptando los fracasos como parte del proceso y aprendiendo a amar nuestros raspones en el camino hacia el éxito. Al tomar control sobre nuestras vidas, podemos cambiar nuestro propio destino y demostrarle al mundo entero que somos capaces de convertir nuestros sueños en realidad.

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