Descubriendo la liberación a través de los libros

¿Te apasiona descubrir nuevas historias con cada lectura? Marina Eiriz nos sumerge en el mar de la historia a través del latín y el griego, demostrando que la literatura puede transformar nuestra vida. ¡Acompáñame a descubrirlo!

Hace tiempo, Platón me contó una historia. Era la historia de una caverna que se había convertido en una cárcel. Los prisioneros estaban condenados a pasar toda su vida en la oscuridad, sin la más ligera sospecha de que afuera brillaba el sol.

Platón me contó muchas veces esta historia y yo siempre le daba la razón en que había que salir de la caverna cuanto antes, porque no se puede vivir creyendo que la oscuridad es lo único que existe.

Una vez le pregunté a Platón si yo me podría escapar de ese mundo de tinieblas. Entonces me dijo que no me preocupara porque él se encargaría de liberarme. Me arrastraría por una escarpada y empinada cuesta sin soltarme, aunque sufriera, y sin dejarme volver atrás hasta que saliese de la caverna. Entonces me obligaría a mirar directamente al sol, aunque eso me dejara ciega.

Yo siempre había estado de acuerdo con Platón, pero aquí supe que algo no encajaba. Así que le pregunté si era necesaria una liberación tan violenta. Él me dijo que esa liberación era obligada porque en la caverna sólo había locura.

Después de esto, él siguió contándome su historia pero a mí no se me olvidaba que para huir de la supuesta locura de la caverna solo estaba el camino de la violencia. Y aunque yo siempre había querido liberarme, supe entonces que no quería ningún mundo exterior desconocido al cual hubiera llegar aceptando la violencia.

Quizá solamente si me quedaba dentro de la caverna podría rechazar la violencia y rechazar, sobre todo, en nuestra forma más sutil de violencia contemporánea: la prisa.

La relación entre la prisa y la violencia

Pero ¿qué tiene que ver la prisa con la violencia? Platón me contó su historia en griego antiguo y resulta que en griego, la expresión “tener prisa” hunde sus raíces en el vocabulario de la violencia. Así que cuando Platón me propuso una liberación tan violenta, en realidad me estaba diciendo que solo apresurándome podría salir de la caverna. Solo cayendo en las redes de la prisa podría liberarme.

Pero yo no quería escapar de una prisión para caer en otras. Así que me di vuelta y me sumergí en la oscuridad. Me quedé en la caverna para disfrutarla por primera vez porque tengo que reconocer que la prisa ya había conseguido que yo nunca le hubiera prestado atención a lo que me rodeaba.

Y ahora, al rechazar esa violencia por primera vez, me detuve a observar esa caverna. Esa caverna que siempre me había regalado su presencia y a quien yo siempre había ignorado queriendo llegar a otra parte.

Leer también:  Libérate de la obsesión por el balón: claves para el éxito

Descubriendo las sombras y los libros

Pero ahora yo estaba dispuesta a ver en la oscuridad. Por eso, donde yo creía que no había nada, primero apareció el resplandor de un fuego y le siguieron una multitud de sombras en las paredes de la caverna. Pero esas sombras no estaban calladas, tampoco hablaban porque no llegaban a decir palabras. Querían comunicarse conmigo, pero se quedaban en una música indefinida que no conseguía darle forma a ningún pensamiento para convertirlo en palabras.

A pesar de todo, creo que la gente en la caverna solo necesitaba que alguien rompiera por fin ese silencio. Alguien que haciendo hablar a los libros dormidos les diera a las sombras esas palabras que tanto necesitaban para hacer algo más que sombras.

Así que me acerqué lentamente al fuego de la caverna. Entonces, gracias a su luz parpadeante, descubrí que allí había algo más que sombras. En un rincón descubrí una montaña de libros. La luz del fuego los hacía palpitar como seres vivos y ellos también parecían querer hablarme.

Pero a diferencia de las sombras, los libros ya habían encontrado las palabras y yo sabía que esas mismas palabras eran las que estaban buscando las sombras. Solo necesitaban alguien que rompiese por fin ese silencio y les diera voz.

Las historias transforman las sombras

Así que me acerqué con mucho cuidado a los libros, cogí uno y lo abrí. Empecé a leerlo en voz alta. Todo mi alrededor pareció despertar: el fuego ardía con más fuerza y las sombras se empezaron a bailar alrededor siguiendo el ritmo de mi historia y transformándose.

Las sombras se transformaban en la historia que yo leía. Y por eso se convirtieron en el Sombrerero Loco, en la Liebre de Marzo y en el Conejo que llegaba tarde. Gracias a las palabras que yo iba leyendo, las sombras asistieron a una fiesta del té a las 6 de la tarde y también pintaron de rojo unas rosas que habían nacido blancas. Incluso le pidieron consejo a un gato que les dijo que siempre llegarían a alguna parte si caminaban lo suficiente.

Cuando terminé el libro, la caverna se había transformado en la madriguera del País de las Maravillas. Pero junto al fuego había muchos otros libros y las sombras de Platón, que ahora eran los personajes de Lewis Carroll, tenían derecho a muchas otras vidas más.

Así que cogí otro libro y lo empecé a leer en voz alta. Las sombras volvieron a cambiar de forma. Esta vez, a lomos de Rocinante llegaron hasta una cueva cubierta de zarzas y malezas. Nos asustaron cuando salió volando una enorme bandada de cuervos y murciélagos porque sabían que en aquella cueva había un palacio maravilloso: era el Palacio del Caballero Montesinos, quien esperaba nuestro valeroso Don Quijote para dar noticia al mundo sobre lo que encerraba esa profunda cueva.

Con solo dos libros, las sombras de la caverna han vuelto a nacer. Han vivido otras vidas y con esos dos libros he aprendido que en la caverna no tiene por qué ser una prisión. Que aquí dentro puede estar el palacio de Don Quijote y todo el País de las Maravillas.

Leer también:  Descubriendo la verdadera zona de confort: un viaje revelador

Ahora me alegro mucho de no haberme dejado arrastrar por la prisa hacia las salidas de la caverna. Porque entonces habría seguido creyendo que aquí dentro no hay nada más que oscuridad.

Reinventando la caverna

Pero me he quedado en la caverna y quién se queda en la caverna tiene la tarea de reinventarla, de ofrecerle nuevas palabras a las sombras para que se transformen en muchas historias diferentes. A mí, cada libro que leo junto al fuego me hace tomar un camino diferente en la interpretación de esta caverna.

Y es que en la palabra “diferente” ya está hablando el latín. Dijeron y nos dicen que las diferencias nacen en caminos distintos, que llevan a distintas direcciones. Yo imagino estos caminos como los surcos de un huerto.

Con cada libro voy sembrando una historia diferente en el suelo de la caverna porque el latín dice también guarda esas semillas, dispersas en muchas direcciones. Así sigo leyendo junto a este fuego, sin necesidad de leña para arder sino para largas.

Mientras leo, voy sembrando todas esas historias que me llevarán a comprender la caverna desde muchas formas diferentes. Así va creciendo mi huerto de historias en esta madriguera cueva o caverna que antes era una prisión cuando las sombras creían que solo eran sombras.

El árbol del interés y la defensa contra las malas hierbas

Pero ahora, entre todas las diferencias de la caverna, ha nacido el interés. La palabra “interés” se ha convertido en el árbol más frondoso de todo el huerto, con unas manzanas rojas. Y mientras me acerco a una y la muerdo, siento el sabor que viene desde las raíces del árbol.

Las raíces se comunican conmigo a través del fruto y me dicen que el interés viene del latín “interesse”. El árbol del interés ha crecido tanto porque sus raíces latinas saben que el interés nace donde hay diferencias. Y es que todas las historias con las que reinvento una y otra vez la caverna han hecho que nazca aquí el interés.

Convertido en un árbol enorme, protege lo que importa, lo que interesa: las diferencias. Así, el manzano del interés es el guardián de la diversidad de mi huerto.

Pero todavía siguen habiendo muchos peligros. Hay palabras que quieren crecer como malas hierbas. Ya las sembró Platón cuando dijo que en la caverna está “la rocina”, la sinrazón, la locura.

Y a estas malas hierbas les han seguido agregando quienes se creen tan cuerdos como para llamar locos a los habitantes de la caverna. Ya han llamado loco a Don Quijote y ya han dicho que todos están locos en el País de las Maravillas. La locura quiere extenderse en mi huerto como una plaga y la han cultivado quienes se creen cuerdos pero no escuchan a las raíces de la palabra “cordura”.

Por suerte, en mi huerto, la cordura es un rosal que regala su perfume pero también sabe defenderse con sus espinas. La palabra “cordura” se defiende de quienes la pronuncian sin comprenderla. A esos les recuerda que desde sus raíces latinas, la cordura palpita ligada al corazón.

Leer también:  Desbloquea tu creatividad y alcanza el éxito con disciplina

Y donde palpita el corazón, nunca hay indiferencia. Por eso, no pueden estar cuerdos quienes pasan de largo por la caverna o dicho de otra forma: no les palpita el corazón a quienes son indiferentes a las diferencias sin que en ellos crezca el interés.

Porque no escuchan como el latín: “la infinita”, que es una paradoja. No interesarse por lo que es diferente. Ellos prefieren que en su huerto minúsculo solo crezcan las ortigas de la violencia y la locura.

Leer para reinventar

Pero yo tengo muy claro que siempre me defenderé de estas malas hierbas. Y es que yo me he quedado en la caverna para leer, rechacé la violencia y la prisa para quedarme leyendo.

La lectura es justamente ese cuidado del huerto, esa defensa contra las malas hierbas y esa siembra en la caverna de Platón de las flores del País de las Maravillas y los árboles del Palacio de Don Quijote.

Leer es sembrar, cultivar y cosechar. Por eso, no están leyendo quienes cogen un libro pero nunca plantan ninguna nueva semilla. No leen quienes, desde su indiferencia, nunca imaginan que la caverna puede ser algo más que una prisión.

Pero no podemos caer en la tremenda injusticia de pensar que en la oscuridad solo hay sombras. Por eso, yo os invito desde aquí a hacer un acto de justicia. Os invito a saborear una manzana mientras pensáis en las raíces latinas de ese enorme árbol del interés que solo crece entre las diferencias.

Os invito a maravillaros por todas las diferencias de la caverna y que una vez que os terminéis la manzana, sembréis esa semilla en el huerto. Abrid los libros, reinventad una y otra vez esta caverna para evitar que las malas hierbas de la indiferencia invadan nuestro huerto.

Atrevámonos entonces a hacer ese acto de justicia que es leer. Para que la caverna deje de ser una oscura prisión tiene derecho a muchas otras vidas. Atrevámonos a dejar de ser prisioneros y seamos lectores.

A través del relato inspirador sobre su experiencia personal con Platón y su historia sobre la caverna, Marina Eiriz nos muestra cómo podemos encontrar significado y transformación dentro mismo lugar al cual queremos escapar: nuestra propia realidad.

Al rechazar la violencia y la prisa, Marina descubre que el acto de leer se convierte en una forma de cultivar su propio huerto de historias dentro de la caverna. A través de los libros, las sombras cobran vida y se transforman en personajes y mundos maravillosos.

Ella nos invita a hacer un acto de justicia al leer y sembrar nuevas semillas en nuestra propia caverna. Al hacerlo, podemos reinventarla una y otra vez, evitando que las malas hierbas de la indiferencia tomen control.

En última instancia, Marina nos recuerda que en la oscuridad no solo hay sombras. Hay luz, hay historias y hay oportunidades para crecer y aprender. Así que atrevámonos a quedarnos en nuestra caverna y a explorar todas las posibilidades que ofrece.

No dejemos que nadie nos diga qué es lo correcto o lo incorrecto. Sigamos nuestro propio camino hacia el conocimiento y abracemos nuestras diferencias con interés y curiosidad.

La caverna puede ser mucho más que una prisión si estamos dispuestos a reinventarla una historia a la vez.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.