Desmontando el mito de la culpabilidad femenina

Descubre la verdad detrás de los estereotipos en la violencia de género y aprende cómo abordar este grave problema de manera integral.

¡Hola! Hoy quiero compartir contigo algo que acabo de descubrir en un video de una charla Tedx. Se trata de una conferencia impartida por Wilson Hernández, donde aborda el tema de la violencia de género y desmantela algunos mitos al respecto. Es realmente impactante e informativo, así que prepárate para conocer datos reveladores.

La realidad detrás de los estereotipos

Hernández comienza su charla planteando una pregunta interesante: ¿Cuántas amigas tienes en Facebook? Él menciona que tiene alrededor de 1000 amigas, y nos invita a pensar en tres mujeres dentro de nuestras amistades. Luego, nos revela un dato alarmante: según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú, dos de cada tres mujeres han sido víctimas de violencia física, psicológica o sexual por parte de sus parejas.

Esto nos lleva a cuestionar los estereotipos comunes sobre la violencia contra las mujeres. Muchas veces tendemos a simplificar este problema y creemos en conjeturas rápidas basadas en nuestro sentido común lleno de prejuicios. Por ejemplo, se suele decir que la violencia se concentra en mujeres con pocos recursos económicos o que es fácil identificar a un agresor porque muestra signos violentos desde el inicio de la relación.

Desmintiendo los mitos

Sin embargo, Hernández presenta datos estadísticos que demuestran lo contrario. En cuanto a los recursos económicos, muestra un gráfico donde se divide a la población en cinco grupos socioeconómicos y se observa que la diferencia en el porcentaje de mujeres víctimas de violencia física entre el quintil de menos recursos y el quintil de más recursos no es significativa.

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En cuanto a la identificación temprana de un agresor, nuevamente los datos desmienten esta creencia. Hernández muestra otro gráfico donde se evidencia que la primera agresión puede aparecer desde el primer año hasta incluso después de más de 10 años de relación. Esto demuestra que identificar a un agresor no es tan sencillo como se suele pensar.

La complejidad y diversidad del problema

A partir de estos primeros datos, Hernández destaca la importancia de reconocer la complejidad y diversidad del problema. No existe un único perfil de víctima, ya que las mujeres afectadas provienen de diferentes clases sociales, tienen distintos empleos e incluso hablan diferentes lenguas maternas. Por lo tanto, es fundamental dejar atrás los estereotipos y hablar sobre violencia contra las mujeres en plural.

Sin embargo, hay otro aspecto importante que solemos invisibilizar: los hombres también son parte del problema. El hogar, paradójicamente considerado como un lugar seguro para las mujeres, suele ser el escenario donde ocurren las agresiones por parte de sus parejas masculinas. Pero curiosamente, cuando hablamos sobre violencia de género tendemos a poner a las mujeres en primer plano y a difuminar a los hombres.

Los hombres invisibles

Hernández nos muestra una realidad impactante al buscar imágenes relacionadas con “agresor de mujer” en Google. Encontramos muchas imágenes de mujeres, pero los hombres están difuminados o ni siquiera aparecen. Esto refleja cómo hemos invisibilizado a los hombres como parte del problema y, por ende, también de la solución.

El autor señala que esta invisibilización se ve reflejada en la publicidad sobre violencia contra las mujeres, donde vemos constantemente imágenes de mujeres levantando la mano diciendo “¡Stop!”, mientras que los hombres siguen difuminados. Esta situación no tiene sentido, ya que nos impide entender quiénes son los agresores y cómo abordar el problema.

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Los estereotipos y su efecto

Hernández plantea una pregunta interesante: ¿Son realmente los agresores de mujeres enfermos mentales? Para responder a esto, entrevistó a 344 reclusos condenados o procesados por feminicidio en dos cárceles en Perú. Descubrió que los estereotipos no eran correctos: la mayoría de ellos no tenían trastornos de personalidad. Además, clasificó a los agresores en tres tipos diferentes: Pedrito (73%), un tipo común pero con baja intensidad; Pedrito intenso (23%), con mayor intensidad; y un tercer tipo (4%) con trastornos específicos.

Sin embargo, lo más preocupante es descubrir el pensamiento machista compartido por estos agresores: creen que las mujeres podrían prevenir futuras agresiones si supieran cómo hacerlo. También consideran que ellos mismos tienen problemas psicológicos graves y se sienten avergonzados y culpables por su comportamiento. Estos datos revelan que el problema de la violencia contra las mujeres no es exclusivo de los agresores, sino que está arraigado en estereotipos compartidos por la sociedad.

La responsabilidad de los hombres

Hernández concluye su charla con cuatro ideas clave para abordar el problema desde una perspectiva más completa:

  1. Cambiar la forma y el contenido de las campañas de comunicación contra la violencia hacia las mujeres, enfocándolas inteligentemente en los hombres.
  2. Reenfocar los programas de empoderamiento de las mujeres para incluir a sus parejas, ya que se ha demostrado que trabajar solo con ellas puede incluso aumentar la violencia.
  3. Trabajar con niños, niñas y adolescentes, centrándose especialmente en estos últimos debido a que tienen resultados más rápidos y sostenibles en el tiempo.
  4. Involucrar a los hombres en las discusiones sobre violencia de género, especialmente a través del diálogo con jóvenes en reuniones familiares o espacios educativos.
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La charla de Wilson Hernández nos muestra una realidad compleja y diversa detrás del problema de la violencia contra las mujeres. Los estereotipos simplificadores nos impiden comprender adecuadamente este fenómeno e invisibilizan tanto a los agresores como a los hombres no violentos. Es hora de asumir nuestra responsabilidad directa o solidaria como hombres y ser parte activa tanto del problema como de la solución. Trabajemos juntos para erradicar la violencia de género y construir una sociedad más justa e igualitaria.

¡Hagámonos cargo!

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