Educación sexual: claves para una sociedad sana

Hoy he tenido la oportunidad de ver una charla TED realmente impactante sobre la falta de educación sexual en nuestra sociedad. La ponente fue una sexóloga apasionada y emprendedora, y te cuento todo lo que aprendí en mi próximo artículo. No te lo pierdas!

La educación sexual como herramienta para amar y respetar la diferencia

Hace poco vi un video de una charla TEDx que me dejó realmente impactado. La ponente, Laila Pilgren, comenzó preguntándonos a qué edad empezamos a odiar a los demás por ser diferentes. Nos recordó cómo desde pequeños aprendemos a discriminar y juzgar a las personas por su apariencia, orientación sexual o forma de vestir.

Según Laila, el odio es un sentimiento adquirido, pero ¿y si pudiéramos aprender a amar en lugar de odiar? La educación sexual podría ser la clave para lograrlo.

Aprendiendo a amar desde la infancia

Laila nos habló sobre las conversaciones que tenemos delante de nuestros hijos y cómo intentamos enseñarles a ser políticamente correctos. Sin embargo, muchas veces no nos damos cuenta de que ellos también observan nuestras miradas y leen nuestro lenguaje corporal.

Nuestros niños aprenden por imitación, no solo cuando les hablamos directamente sino también cuando interactuamos con otras personas en la calle o en el supermercado. Es aquí donde se crea una contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos: “haz lo que digo pero no lo que hago”.

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Laila afirma que si enseñamos a nuestros jóvenes a amar sus propios cuerpos y a envidiar menos lo ajeno, crecerán para convertirse en adultos más tolerantes con las diferencias sexuales, afectivas y corporales. Esto incluye aprender a amar y respetar la diversidad de orientaciones sexuales y géneros.

La diferenciación como fruto del desconocimiento

Laila nos hizo reflexionar sobre cómo el ser humano tiende a dividir instintivamente a la humanidad en dos bandos: nosotros y ellos. Pero, ¿qué pasa si nos damos cuenta de que no somos tan diferentes como creemos?

Nuestra concepción de que el otro es diferente es puramente por desconocimiento. No nacemos obviando las diferencias, sino que las aprendemos a medida que crecemos. Los adultos somos los encargados de enseñarles a nuestros hijos lo que consideramos “diferente” o “normal”.

Es sorprendente cómo en muy poco tiempo hemos aprendido como sociedad a usar instrumentos de precisión, realizar operaciones complejas y comunicarnos más allá de los dibujos en las cuevas. Si hemos logrado todo esto, ¿por qué no podemos aprender también a amar y respetar la diferencia?

Historias reales sin educación sexual

Laila compartió dos historias impactantes para ilustrar cómo la falta de educación sexual puede afectarnos desde una edad temprana.

La primera historia fue sobre Diego, un niño de nueve años que no ha recibido educación sexual en casa. Un día en el patio del colegio, otro niño le mostró una imagen pornográfica en su tablet mientras todos se reían. Resulta alarmante saber que la edad media en la cual un niño español está expuesto a este tipo de imágenes es precisamente a los nueve años.

La segunda historia fue sobre Clara, una niña de diez años que regresaba a casa después de clases cuando un hombre mayor le pidió ayuda para buscar una lentilla perdida. Aprovechando la situación, el hombre abusó sexualmente de ella.

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Tanto Diego como Clara tienen en común que no han recibido educación sexual y esto los dejó vulnerables ante situaciones peligrosas. La educación sexual podría haberles brindado las herramientas necesarias para reconocer y protegerse ante estos riesgos.

Los tres pilares de la educación sexual

Laila nos explicó que la educación sexual abarca mucho más que simplemente enseñar anatomía del cuerpo humano o cómo tener relaciones sexuales. Ella resume la educación sexual en tres bloques fundamentales:

  1. Conocimiento: Comprender nuestro propio cuerpo y el de los demás, así como entender las diferentes formas de vivir la sexualidad y respetarlas.
  2. Consentimiento: Enseñar a nuestros hijos e hijas a tener pensamiento crítico y practicarlo en todas las áreas de su vida, incluyendo el ámbito afectivo-sexual. El consentimiento implica respetar los límites propios y ajenos.
  3. Pleasure (Placer): Fomentar el placer como parte fundamental de nuestras vidas, tanto en el ámbito afectivo como en el sexo. Aprender a disfrutar del propio placer sin juzgar ni imponer estereotipos sobre lo que es “correcto” o “normal”.

La educación sexual nos brinda la oportunidad de comprender y respetar las diferencias, tanto en nosotros mismos como en los demás. Nos ayuda a romper con los estereotipos y prejuicios que alimentan el odio y la discriminación.

La educación sexual puede ser una poderosa herramienta para acabar con el odio y enseñarnos a amar y respetar la diferencia. A través del conocimiento, el consentimiento y el placer, podemos construir una sociedad más tolerante y empática.

No necesitamos dividirnos en “nosotros” y “ellos”, sino reconocer que todos somos seres humanos con deseos, sueños e identidades únicas. Si logramos transmitir este mensaje a las nuevas generaciones, estaremos dando un gran paso hacia un mundo más inclusivo y amoroso.

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