El equilibrio entre capitalismo y empoderamiento femenino

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Hoy quiero platicarles del capitalismo, las mujeres y las cebras. Y el hilo conductor que une estos tres elementos es el dinero. El dinero surge como la evolución del trueque, cuando este deja de ser eficiente para nosotros. Partimos de intercambiar bienes, como ganado o granos, pasamos por los metales y llegamos a la moneda y al billete. Todo esto por la necesidad que teníamos de unificar lo que significaba valor para nosotros.

El capitalismo incompleto

Los sistemas económicos, como el capitalismo, se enfocan en administrar y maximizar el dinero y organizarnos alrededor de él. Sin embargo, creo que el capitalismo está incompleto y ha fallado en tres principales cosas.

  1. Pone el interés propio por encima del propósito.
  2. Ha dado un valor exorbitante al dinero.
  3. Ha olvidado a la mujer.

Mi primer contacto con el dinero fue a los cinco años cuando en un libro de la escuela me adelanté y vi las páginas finales. Había un dibujo de un perro mucho más lindo del que estaba ahí. Decidí calcarlo, colorearlo y empezar a venderlo a mis amigos. Aprendí dos cosas: tenía que apurarme para vender todo antes de que vieran el perro en clase y su interés disminuyera; también aprendí que si detectaba una oportunidad y le sumaba esfuerzo podía tener una ganancia, en este caso dinero. Y eso es lo básico de la economía: interpretar transacciones que generan ganancias a partir de momentos de oportunidad, necesidad o deseo.

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¿Cómo llegamos a tener nuestra comida sobre la mesa?

Nosotros producimos un porcentaje muy pequeño de lo que consumimos. El resto lo compramos. Entonces, ¿cómo llega la comida a nuestra mesa? La respuesta es a través de las transacciones que ocurren en el intermedio. Por ejemplo, el agricultor cosecha trigo y el panadero compra ese trigo para hacer pan, luego lo vende en la tienda y finalmente nosotros lo compramos. Todo esto se basa en el interés propio, según Adam Smith, padre de la economía moderna.

Adam Smith nunca se casó ni contempló una variable importante: el trabajo de las mujeres. A pesar de ser parte del sistema económico, aún no está contabilizado ni valorado adecuadamente. Las mujeres representamos solo el 38% de la población económicamente activa en México y solo el 19% dirige emprendimientos formales.

Incluir y cambiar

Hace seis años fundé Victoria 147 con el objetivo de incluir a las mujeres en el sistema empresarial. Sin embargo, ahora me he dado cuenta que no solo queremos ser incluidas en este sistema; queremos cambiarlo.

El ecosistema emprendedor actual está obsesionado con el dinero y se enfoca únicamente en crecer más, ganar más y valer más, dejando atrás nuestro propósito inicial al iniciar un proyecto. El dinero ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin.

Pero debemos reflexionar: ¿qué valor tiene acumular riqueza desmedida? ¿No es más importante encontrar un equilibrio, un bienestar personal y generar un impacto social positivo?

Las cebras y las mujeres emprendedoras

En los últimos años ha surgido el movimiento de las “cebras”. Estas empresas se caracterizan por buscar un propósito más allá de la ganancia económica. Fomentan la colaboración y el crecimiento sostenible. A diferencia de los “unicornios”, que buscan monopolizar el mercado, las cebras generan cambios positivos a largo plazo.

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En mi experiencia trabajando con mujeres emprendedoras, he notado que muchas de ellas tienen estas características de ser cebras. No solo están obsesionadas con el crecimiento desmedido, sino que generan valor a lo largo del tiempo y proponen sistemas más humanos y flexibles.

Cambiar las reglas del juego

El sistema empresarial actual no está diseñado para integrar a la mujer ni para considerarnos como personas completas. Es necesario cambiar muchas cosas en este juego.

Imaginemos por un momento cómo queremos ver nuestra vida al finalizar esta película llamada vida. Si seguimos siendo parte del sistema actual, pasaremos una gran parte de nuestro tiempo durmiendo, trabajando, transportándonos o haciendo trámites innecesarios. ¿Realmente contribuye esto a nuestra felicidad?

Todavía estamos a tiempo de mover las fichas y cambiar las reglas del juego. Debemos integrar cada vez más a personas que piensen distinto e incluir especialmente a las mujeres, quienes tenemos una propuesta para hacer de este sistema algo mucho más humano y con un propósito mayor.

El capitalismo, las mujeres y las cebras tienen una conexión importante: el dinero. Sin embargo, el capitalismo ha fallado al poner el interés propio por encima del propósito, darle un valor exorbitante al dinero y olvidar a la mujer. Es necesario cambiar las reglas del juego y fomentar sistemas más humanos, flexibles y con un propósito mayor. Estamos a tiempo de generar cambios positivos en nuestra sociedad y en nuestras vidas.

Muchísimas gracias.

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