El futuro de la bioimpresión 3D: Revolucionando la medicina

Descubre cómo Aden revoluciona la medicina con bioimpresoras 3D en su inspiradora charla TED. ¡Te dejará sin aliento!

¡Hola! Hoy quiero compartir contigo algo increíble que descubrí en un video de una charla Tedx. Se trata de las fascinantes posibilidades que ofrece la tecnología de impresión 3D. ¿Te imaginas poder comer hamburguesas sin matar animales, fabricar medicamentos específicos para cada paciente o incluso crear órganos para personas que los necesitan? Pues bien, todas estas ideas que suenan a ciencia ficción tienen un punto en común: la tecnología de impresión 3D.

El inicio del proyecto

Todo comenzó cuando estaba en el último año del secundario y encontré un artículo sobre prótesis mioeléctricas en una revista National Geographic. Me pareció un desafío técnico súper atractivo e interesante, pero investigando un poco más descubrí que también tenía un impacto social importante. En ese momento, este tipo de prótesis eran difíciles de acceder en Argentina debido a sus elevados costos y porque solo se importaban.

Fue entonces cuando decidí embarcarme en el desarrollo de una prótesis mioeléctrica para miembros superiores dentro del marco del código abierto, donde todos los planos y programas son accesibles libremente. Si bien este tipo de prótesis presentaba resultados interesantes, aún buscábamos una solución mecánica para una necesidad biológica.

La llegada de la impresión 3D

Fue durante esta búsqueda que me topé con la tecnología de impresión 3D, una forma revolucionaria de fabricación aditiva donde se agrega material capa por capa para crear una pieza previamente diseñada en la computadora. Me sumergí aún más en el tema y descubrí la bioimpresión, que utiliza materiales biológicos con células vivas para crear órganos y tejidos.

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Imagínate poder imprimir un órgano o un tejido como los que todos tenemos adentro. ¿No es asombroso? Cierra los ojos por un momento e imagina cómo sería tocar el dorso de tu mano, sentir el calor y el tacto, pero todo esto creado por una impresora 3D. Estamos cada vez más cerca de convertir esta idea en realidad.

El primer prototipo

Mi aventura en este mundo comenzó con dos viejas impresoras de oficina que conseguí gratis, junto con un escáner y una disquetera. Con estos elementos construí mi primer prototipo de impresora 3D. Luego me acerqué a la doctora Mariana Cidh de la facultad de ingeniería, quien ya estaba trabajando con colágeno, la proteína que funciona como andamio en nuestros tejidos.

Juntos comenzamos a trabajar sinérgicamente para perfeccionar tanto el material como la tecnología. La dinámica era simple: yo conseguía tendones regalados en una carnicería cercana (y lo hacía a escondidas de mi hermana vegana), mientras ella se enfocaba en optimizar el colágeno necesario para imprimir estructuras biológicas.

De proyecto a emprendimiento

Más adelante, me asocié con Gastón Galanternick y juntos convertimos este proyecto en un emprendimiento de base tecnológica. Comenzamos a desarrollar nuevos modelos de impresoras y a colaborar con institutos del CONICET en aplicaciones que ni siquiera habíamos imaginado.

Una de las aplicaciones más sorprendentes fue la impresión 3D de medicamentos. Cuando el doctor Santiago Palma se acercó con esta idea, al principio nos desconcertó porque estaba muy alejada de lo que veníamos haciendo. Sin embargo, investigamos y descubrimos todo un mundo fascinante.

Resulta que la geometría de una pastilla puede afectar cómo se libera el fármaco en nuestro organismo. Además, gracias a la tecnología de impresión 3D, podemos combinar diferentes fármacos y excipientes en una sola tableta, adaptando las dosis específicas para cada paciente. Imagina comprimir todos esos medicamentos diarios en una sola pastilla y olvidarte del abuelo pastillero.

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Impresión 3D: órganos y tejidos

Pero eso no es todo. La impresión 3D también tiene el potencial para crear órganos y tejidos humanos, algo que suena sacado de una película de ciencia ficción. Esta línea de aplicación busca resolver dos problemas fundamentales en los trasplantes: por un lado, si logramos crear el órgano necesario para un paciente, ya no necesitaremos esperar por un donante específico; por otro lado, al utilizar células del propio paciente disminuimos drásticamente el riesgo de rechazo.

Además, estas soluciones bioimpresas pueden aprovechar los mecanismos naturales de nuestro organismo para fabricar lo que necesitamos. Por ejemplo, en el caso de los huesos, se crea un andamio para que el propio cuerpo fabrique la solución requerida.

Desafíos y reflexiones

Aunque estas aplicaciones son emocionantes, también plantean desafíos e inquietudes. Desde un punto de vista ético, nos preguntamos hasta dónde podemos llegar con esta tecnología y qué impacto tendrá en nuestra sociedad. También surge la cuestión regulatoria: ¿quién será responsable de regular estos avances? Y desde el punto de vista de la accesibilidad, ¿cómo podemos hacer que estas soluciones lleguen a cada paciente que las necesita?

Más de 20 mil argentinos están actualmente en lista de espera para recibir un órgano o tejido. Ellos son nuestra motivación principal y el motor detrás de este proyecto. Nos dimos cuenta de la importancia de conectar la ciencia y la tecnología, así como a los investigadores académicos con emprendimientos tecnológicos.

Confianza en los desarrollos argentinos

Este gran desafío tiene un factor clave: confiar en los desarrollos argentinos. Todos hemos escuchado sobre la creatividad y capacidad del pueblo argentino para resolver problemas con recursos limitados. Pero también es importante cambiar esa percepción negativa sobre los productos nacionales como sinónimo de menor calidad.

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Necesitamos consolidar esa confianza en nuestros propios desarrollos y hacer propia esa creatividad tan característica. La conexión entre ciencia y tecnología es crucial para avanzar en la investigación y ampliar su alcance. Sigamos empujando y promoviendo esta conexión, porque solo así podremos lograr avances significativos y cambiar la vida de miles de personas.

La tecnología de impresión 3D nos ofrece posibilidades increíbles, desde prótesis mioeléctricas accesibles hasta medicamentos personalizados y órganos creados a medida. Aunque todavía enfrentamos desafíos éticos, regulatorios y de accesibilidad, no podemos dejar de explorar estas oportunidades para mejorar la calidad de vida de las personas.

Es hora de confiar en nuestros propios desarrollos argentinos y aprovechar al máximo nuestra creatividad para impulsar avances científicos y tecnológicos que impacten positivamente en nuestra sociedad. ¡Juntos podemos hacerlo!

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