El orgullo de ser lo que somos: una charla inspiradora

Ponte cómodo y prepárate para un viaje de conocimiento y sabiduría que cambiará tu perspectiva de la vida. Te traigo una increíble charla TEDx impartida por Uriel, un experto en tecnología y educación. ¡No te la puedes perder!

La importancia de inspirar una respuesta emocional

Hace algún tiempo vi una película dirigida por Ethan Hawke llamada “Seymour: Una introducción”. Recuerdo perfectamente unos pocos segundos de la película cuando el personaje principal, un pianista compositor y maestro llamado Seymour Bernstein, dijo: “Lo más importante es inspirar una respuesta emocional en todos los aspectos de la vida”. Estas palabras resonaron en mí de inmediato y descubrí que eran absolutamente ciertas. No solo se aplican a la enseñanza, sino a todos los aspectos de nuestra vida.

Existen numerosas investigaciones y experiencias prácticas que demuestran que los estudiantes mejoran su aprendizaje cuando están emocionalmente involucrados en el proceso. Esto me lleva a contarles una historia que me emociona mucho y espero que también les conmueva.

Una lección aprendida

Soy profesor en esta facultad desde hace 38 años, pero esta es una historia en la que no soy yo quien enseña, sino quien aprende. Aprendí una de las lecciones más importantes de toda mi vida, y fue mi hijo quien me la enseñó.

Tengo 59 años y estoy felizmente casado con mi querida esposa Susy desde hace más de 30 años. Tenemos dos maravillosos hijos: Jessica, de 28 años, y Damián, de 25.

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Nací en una familia judía donde ciertas cosas estaban establecidas como reglas inmutables. Se suponía que debíamos casarnos con personas judías y tener hijos para continuar esa tradición. No había lugar para dudas o conceptos diferentes. Era impensable e inaceptable considerar otras posibilidades.

En mi familia, en la escuela y en los medios de comunicación, se establecía que un hombre debía ser un macho, sin lugar para la ternura o cualquier signo de debilidad. Esta era la única verdad que conocíamos.

Pero un día, mi hijo habló conmigo sobre sus sentimientos. Me dijo que le gustaban los hombres, que era gay. En ese momento, me enfrenté a todas mis creencias anteriores y a toda mi historia personal de vida.

A pesar de todo lo aprendido y asumido hasta entonces, amaba a mi hijo y quería que fuera feliz. Lo apoyé incondicionalmente y le dije que su felicidad era lo más importante para mí.

Un cambio de perspectiva

Durante mis primeros 45 años viví bajo falsas certezas sin siquiera imaginar expresiones o comentarios ofensivos hacia personas homosexuales. Pero al conocer los sentimientos reales de mi propio hijo, me di cuenta del coraje y la fortaleza que debió tener para ocultar su verdadera identidad durante tanto tiempo.

Me sentí triste y culpable por cualquier comentario ignorante o grosero que pude haber hecho anteriormente sin mala intención pero con mucha ignorancia.

Fue en ese momento cuando comprendí una lección fundamental: no tenemos derecho a hacer sentir pena a alguien por amar a quien quiera amar. Vivimos en un mundo lleno de odio, donde las personas están más preocupadas por su apariencia que por cómo tratan o sienten hacia los demás.

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Necesitamos más amor, sinceridad y honestidad. Necesitamos mostrar orgullo por ser quienes somos y tener el coraje de luchar contra la injusticia y el amor incondicionalmente.

Cambiando nuestra perspectiva

No necesitamos lidiar con las elecciones de los demás, ni juzgar lo que hacen o piensan. Lo único a lo que debemos enfrentarnos son nuestros propios prejuicios. Debemos evitar hacer sentir pena a alguien por ser quien es.

Esto es especialmente relevante en nuestras aulas, donde no solo enseñamos nuestra disciplina, sino también actitudes y valores. Los estudiantes deben aprender a tratar a sus compañeros con respeto y sin prejuicios.

Si hay alguien en este salón que vive ocultando su verdadera identidad debido al miedo al rechazo, les sugiero que no lo hagan más. La vida es una sola y merecemos vivirla siendo auténticos y fieles a nosotros mismos.

Un llamado a la acción

Seamos parte del debate, participemos activamente en la defensa de los derechos individuales de las personas. Enseñemos a aquellos con quienes convivimos a no hacer comentarios hirientes sobre nadie más.

Más importante aún, aprendamos a pedir disculpas si decimos algo ofensivo sin intención. Todos cometemos errores, pero podemos aprender de ellos y crecer como personas.

A través de la historia personal de un padre que aprendió una lección importante gracias a su hijo, podemos reflexionar sobre la importancia de inspirar una respuesta emocional en todos los aspectos de nuestras vidas. No debemos hacer sentir pena a alguien por amar a quien quiera amar. Necesitamos más amor, sinceridad y valentía para luchar contra la injusticia y vivir auténticamente.

La vida es demasiado corta para vivirla ocultando nuestra verdadera identidad. Seamos parte del cambio, promoviendo el respeto y la aceptación hacia todos, sin importar su orientación sexual o cualquier otra diferencia. Juntos podemos construir un mundo más inclusivo y amoroso.

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