El poder de ser hipócrita: cómo aprovecharlo para crecer

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Este verano tuve la increíble oportunidad de viajar a Mallorca, una isla preciosa con playas de revista. Hacía muchísimo calor y todas estábamos ansiosas por meternos en el agua. Yo también lo hice, pero un día tuve un susto de muerte cuando vi que a mi lado había una medusa. Las medusas son uno de los animales que más miedo me dan, así que para mí cuanto más lejos estén, mejor. Pero me quedé observándola durante unos segundos y me di cuenta de que no era una medusa, ¡era una bolsa de plástico! Qué asquito, ¿verdad?

En ese momento me olvidé del susto y seguí nadando. Sin embargo, al cabo de un rato me di cuenta de que esa bolsa no estaba sola; estaba acompañada por otros trozos del mismo material. Salí indignadísima del agua pensando en qué clase de gente puede ser tan irresponsable. No pensé en la importancia de ser respetuosos con nuestro medio ambiente ni en el impacto negativo que el plástico tiene en los peces.

Fui hipócrita al culpar a otros seres humanos sin reflexionar sobre mis propias acciones. Pero entonces un pensamiento se apoderó de mí como un fantasma y me persiguió: yo también uso plásticos; yo también contribuyo a crear ese enorme continente flotante hecho de plásticos en el Pacífico; yo también colaboro para que nuestros océanos estén asfixiados por este material.

En ese momento me llamé a mí misma hipócrita y comprendí algo importante: todos lo somos. Aunque no siempre, porque no todo el mundo sabe que usar un vaso de plástico contribuye a que este material acabe en el mar y nuestro planeta se vea inundado por él. No siempre nos han enseñado eso y no siempre hemos sido conscientes de cómo nuestras acciones afectan a ese panorama desolador.

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Cuando alguien nos llama hipócritas, en realidad nos está dando la oportunidad de abrir los ojos, valorar nuestras acciones y hacer los cambios necesarios. Tenemos que hacer una introspección y evaluar nuestras acciones para poder comenzar a mejorar.

Todos somos hipócritas en cierta medida, pero eso no es algo malo. Reconocerlo es el primer paso hacia un cambio positivo. La pereza es nuestra peor enemiga cuando se trata de dejar de ser hipócritas; la hipocresía es simplemente la manifestación de esa pereza.

Es hora de cuestionar nuestras rutinas diarias y reflexionar sobre las acciones que consideramos necesidades pero que en realidad son prescindibles. Debemos romper con nuestra comodidad y aceptación social para poder luchar por lo que realmente queremos: un mundo más sostenible y libre del impacto negativo del plástico.

No debemos ver el hecho de ser llamados hipócritas como un insulto, sino como una oportunidad para abrir los ojos y mejorar. Podemos iniciar un camino hacia ese lugar en el que deseamos estar, donde nuestras acciones estén alineadas con nuestros valores más profundos.

Recuerda: todos podemos llegar allí si reconocemos nuestra hipocresía y trabajamos para dejar de serlo. ¡Vamos a cambiar el mundo juntos!

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