El Teatro: Un Viaje Fascinante de Descubrimiento y Aprendizaje

¿Estás listo para descubrir lo que vida en la ciudad y en el campo revela sobre nuestra cultura? Prepárate para un artículo fascinante e inspirador.

¡Ah, señoras, señores, niños y público en general! ¿Qué pasa con el teatro hecho en el mundo rural? Yo digo que hay mil teatros, mil maneras de jugar. Pues hay mil mundos en este y el teatro es un lugar que dialoga con su entorno, es su esencia el dialogar.

No es lo mismo despertar y observar coches y atascos, grandes montañas con nieve o las basuras del mar. Hoy aquí por resumir contrasto dos ideales: un teatro de ciudad frente al de entornos rurales. Si el teatro es un espejo de los conflictos sociales, si además de divertirnos nos habla de nuestros males porque habla de nosotros con dialógica verdad, ¿por qué tanto nos inspira un teatro de ciudad? ¿Por qué tanto nos influye? ¿Por qué tanto nos impone? ¿Por qué tanto admiramos a un teatro que me excluye?

Pero dejemos aquí esta previa introducción y comencemos ya. La verdad que comience la función. Y para hablar de teatro, el coloquio es mi manera.

Un lado cualquier ciudad y al otro un pueblo cualquiera

El teatro ha estado tradicionalmente ubicado en el centro de las ciudades porque el mismo teatro es un centro: un ágora, una plaza, un claro en el bosque de cemento. El teatro ha estar mirando la cara a los cabildos y los juzgados, a los palacios y los bulevares.

Mirándole la cara o las caras -las múltiples caras- a la sociedad y sintiendo su flujo, influjo y reflujo. Y ser el desagüe, el crisol de todas sus pasiones y contradicciones. Un paquete de espejos siempre deformados, que diría Valle-Inclán. La caja pandora de la sociedad, la caja de los conflictos, la caja escénica.

En esto somos iguales: el teatro se ha hecho siempre en el centro de los pueblos donde se ponen también los mercados y las ferias. Nos va a poner en las huertas donde no va nadie.

Pero nuestro conflicto no es aristocrático. Nada sabemos de desfiles de moda de París o qué canta la Gran Vía. La ciudad sigue siendo aristocrática a la antigua usanza, levantando sus fronteras ideológicas frente al pueblo o plebe o populacho.

Y diciéndonos qué es gusto y qué es mal gusto: Juan Manuel Serrat llenas la creación desde arriba utilizándome a mí -al pueblo- para fingirme, para idealizarme o como Haro Tecglen decía de María Antonieta antes de ser guillotinada: “para jugar a las pastoras”.

El poder cultural

Esta creación desde arriba, esta imposición del gusto, este despotismo ilustrado -o no ilustrado- es transversal en la historia. Un paquete de espejos deformados a posta y que no tienen ninguna intención de reflejarnos solo un reflejo una cosa del poder: del poder cultural que no solo es poder sino que es el máximo poder; la cultura, el primer poder.

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Por eso, quien pueda controlar la cultura tendrá el mayor poder. Es la hegemonía cultural de Gramsci o la violencia simbólica de Bourdieu. Por ejemplo, es cultural que en unos países y no en otros tengamos una monarquía. Es cultural también que no se nos pase por la cabeza guillotinarlos. En realidad, es cultural todo lo que se nos pasa por la cabeza porque cultural es toda mirada sobre el mundo.

Entonces, es cultural la mirada que tengo de ti -por supuesto- y la mirada que yo tengo de ti -que es rural-. La vida huye del mundo y al ruido ya hablé de ella: nada en el campo se trabaja y mucho.

Entonces, es cultural la mirada que tengo del campo. Toda mirada es cultural hasta la mirada de un amanecer o de la nieve. Es cultural porque cultura es transmisión y condicionamiento.

Por esto como se suele decir -y como se suele poner de ejemplo- hay 40 palabras para designar “nieve”. Nosotros no tenemos tantas; no las necesitamos ni negamos tanto también por esto desaparecen palabras del campo: acemilero, bañera marranero… No solo porque haya profesiones o herramientas en desuso sino porque todos hablamos como oímos y por ende terminamos hablando cómo se habla en televisión; ¡y esa televisión sí que es tuya! Por supuesto yo -la ciudad- tengo el trabajo, el dinero y población; tengo los museos y los teatros; claro está: ¡tengo a televisión! Y tengo a prensa; tengo por tanto el poder y la influencia, tengo las riendas de la cultura.

El progreso de la cultura. Y a mí -el campo- me dejas una cultura menor y sobre todo arqueológica: una cultura de inmovilidad cuando la cultura es siempre, por definición, contemporánea. Una cultura relegada bajo la etiqueta “folclore”. Pero te diré una cosa: cuanto más me alejo de ti -de tu influencia del poder en definitiva- más me convierto en cultura alternativa. Y esa etiqueta si la conoces, si la usas: soy el coro de las ratas de tu zarzuela “La Gran Vía” que tanto gustaba noche.

Porque yo también tengo cultura alternativa porque yo tengo de todo pero… ¿de qué te quejas? Yo tengo el pensamiento y te lo llevo. Y piensa sobre unas cosas y yo sobre otras. Pensamos con lo que vemos recuerda lo de la nieve tú piensas -la nieve- porque la tienes menos tiempo, más controlada y menos molesta. Tú no piensas sobre el calendario de siembra o sobre el estado de los caminos sus creadores.

Es lógico como seres urbanos pues tampoco piensan sobre un montón de cosas que piensa gente del campo porque piensan sobre lo que les rodea.

Influencia cultural

No conozco ninguna obra de teatro cuyo tema sea el estado precario del acceso a algunos pueblos; tampoco del conflicto entre ecología y explotación como sucede entre repoblación lobos versus ecología libre/ecológica versus ganadería libre/ecológica; tampoco del conflicto entre la industria del cerdo y la alta contaminación de sus purines; tampoco de lo que se conoce como “el impuesto al sol”; del problema a escala mundial de las semillas transgénicas. Solo he encontrado una obra de teatro, de una compañía chilena por tenernos al teatro el arte del conflicto por antonomasia.

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No hay obras de teatro sobre estos temas. Sin embargo, de estos problemas y muchos más podría hablar largo y tendido la gente del campo. Y no es porque a ti no te afecten, porque te afectan. Entonces, ¿a qué se debe?

Vamos a ver… Se debe a que las obras que hacen tus creadores hablan de tus cosas y las obras que hacen los míos -porque yo tengo los míos- también hablan de tus cosas. Se ven reflejados en ti, reproducen tus moldes fuera porque quieren -quizás- o quizás no se den cuenta.

El imperialismo cultural es tremendamente fuerte, en ocasiones incluso es intencionado. Al igual que se hace con la información periodística, el teatro también sufre un intrusismo controlador por parte de los poderes: se ejerce indirectamente a través de los filtros administrativos a la hora de adjudicar las ayudas y subvenciones económicas; a través de las elecciones para los canales distribución; y solamente en última instancia por la censura directa.

Pensar lo contrario sería pecar de inocentes: esa clase inocencia que le hace el juego al poder.

Enculturación

Aunque repito, ahora quiero insistir en la influencia no consciente, en la enculturación que tenemos asumida. Sí, hasta creo rastrearla en el estilo o en los rasgos formales de una obra de teatro. Ves tú mi influencia. Yo no te digo si tienes que vestirte de azul o de rojo; no te digo cómo tienes que andar sobre la escena.

El teatro siempre ha sido paradigmático: el público iba a ver cómo andaba y anda el galán; con qué porte y elegancia se sienta la dama. De ahí los vivos y las divas quienes marcaban la moda de lo que se consideraba elegancia y que la sociedad en su conjunto trataba de imitar.

Los tiempos de las divas ya han pasado -diría mejor- ese tipo de elegancia ha pasado de moda. Todavía hoy, como diría Oscar Wilde, “la vida sigue imitando al arte”. Por lo que prefieras, en todo caso sucedía porque eres muy influenciable -no más-, pero tú te ves o no te das cuenta.

Además, sigue sucediendo porque toda cultura se construye sobre los modelos que conocemos: tener más cultura significa tener más modelos simplemente. Y esto pretexta está uniformando nuestros modelos.

Hay mil obras de teatro, miles… De todo tipo es cierto pero te diré que hoy día una de las categorías supremas es la limpieza: limpieza formal, limpieza estética… Esto significa que sus movimientos sean limpios precisos perfectamente controlados. También hay una manera específica para decir los textos por no hablar del condicionante del mercado.

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Esto es influencia tuya, piramidal. Vivimos la supremacía del teatro de consumo: muy bien hecho, muy atractivo pero ajeno. En un par de días olvidado.

O estás generalizando -me interrumpe-

Sí, estoy generalizando y mucho. Pero es que ahora la vida se nos pasa en general. Yo a menudo llamo burgués a tu teatro: ese teatro de emociones en general y de ideas en general. A menudo ni siquiera nos divierte de verdad, solamente nos entretiene.

Y por eso una vez más debemos recordar estas famosas palabras de Federico García Lorca: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto está moribundo”.

El teatro hecho en el mundo rural

Como el teatro que no recoge el latido social, el latido histórico; el drama de sus gentes y el color genuino de sus paisajes y espíritus con risa o con lágrimas; no merece llamarse teatro sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama matar el tiempo.

Estoy defendiendo exactamente esto: el teatro hecho en el mundo rural por su descentralización, por su independencia quizás por su intrascendencia tiene una mayor capacidad de libertad; para encontrar ese latido histórico. Y al menos hay que ayudarle a que encuentre su sitio, su realidad, su verdad.

Esta charla no pretende ser una ley ni pretende ser algo taxonómico. Ni siquiera es una certeza. Es simplemente una pauta de reflexión, una llamada de atención, una provocación.

A quien pues… A señoras, señores, niños y público en general. Difícil y ardua tarea para un creador rural es luchar contra marea sin su público local. Así que vayan a verle porque si no van a perder lo que ha de ganarse el pan.

Es verdad que toda lucha necesita de su lucha: dijo Luz en la taquilla cuenta calderilla en la ventanilla manos de hospital iba a ser el enjambre y dio en el alambre la sombra del hambre…

El teatro hecho en el mundo rural tiene un valor único por su descentralización e independencia. Aunque a menudo se ve excluido o menospreciado frente al teatro urbano, es capaz de reflejar los conflictos sociales y hablar sobre temas relevantes para la comunidad rural.

La influencia cultural ejercida por los poderes dominantes puede limitar las temáticas y formas artísticas presentes en el teatro actual. Sin embargo, es importante apoyar y promover el teatro rural como una forma alternativa de expresión cultural.

No debemos olvidar que un pueblo que no fomenta su propio teatro está perdiendo parte de su identidad y riqueza histórica. El teatro debe ser un reflejo fiel del latido social e histórico; debe contar las historias reales con risas o lágrimas.

Por tanto, invito a todos -señoras, señores, niños y público en general- a apoyar y disfrutar del teatro hecho en el mundo rural. Es una experiencia única que nos conecta con nuestras raíces y nos hace reflexionar sobre temas relevantes para nuestra sociedad.

Así que no perdamos la oportunidad de presenciar y valorar el teatro rural, porque es a través de él que podemos encontrar la verdad, la realidad y el latido histórico de nuestras comunidades.

¡Vayamos a ver al creador rural en acción!

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