Elegir sabiamente: el arte de tomar decisiones

¿Buscas inspiración? No hace falta ir muy lejos, porque lo que necesitas está dentro de ti. Acompáñame mientras resumo y explico una fascinante charla TEDx que te dejará con ganas de aprender más. ¡Prepárate para descubrir tu verdadero potencial!

Hola, soy Víctor Bañuelos Huang y quiero compartir contigo las reflexiones que surgieron en mí después de vivir una experiencia que cambió por completo mi perspectiva sobre el amor, la vida y la muerte. Hace 8 años, tuve un evento que me marcó profundamente y despertó en mí una serie de preguntas existenciales: ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es el éxito? ¿Por qué algunas personas son más felices que otras a pesar de no tener todo lo que desean? ¿Cómo puedo ser una mejor persona?

En medio de esta confusión, caí en una profunda depresión e inicié un viaje en busca de respuestas. Exploré diferentes caminos como la meditación, el yoga e incluso los excesos como las fiestas y el sexo. Asistí a retiros espirituales, talleres de desarrollo personal e incluso consulté a psicólogos y brujos. Algunas cosas lograron calmar mi ansiedad y depresión temporalmente, pero otras solo dejaron un vacío aún mayor dentro de mí.

Me di cuenta de que estaba buscando fuera lo más importante en mi vida: el amor propio. Me llevó cuatro años sumidos en la depresión para entenderlo. En 2016, fui sometido a una segunda cirugía debido a una lesión en la columna vertebral. Un día, mientras salía de rehabilitación por esa operación, presencié cómo un joven con problemas mentales se encontraba luchando mentalmente con su propia realidad.

Esa experiencia me hizo darme cuenta del valor incalculable que tenía mi salud física y mental. Agradecí por no tener esos problemas y decidí tomarme un descanso. Sin embargo, solo logré llegar a la cama antes de perder la movilidad en todo el lado izquierdo de mi cuerpo. No podía hablar y solo pude pedirle a mi hija que llamara a su hermano para buscar ayuda con los seguros médicos.

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Después de ser llevado al hospital, me sometieron a un estudio para determinar qué había ocurrido. Descubrieron que había sufrido un infarto cerebral y tuvieron que detener mi corazón para extraer los coágulos que tenía y así evitar otro infarto en el futuro.

Después de este evento, tuve que enfocar toda mi atención en recuperarme. Cualquier persona que ha pasado por una operación a corazón abierto sabe lo importante que es acudir a terapia con un psicólogo. Fue allí donde encontré apoyo y guía para superar mis miedos e inseguridades.

Días antes del infarto, asistí a un grupo de desarrollo personal donde reflexionamos sobre nuestras metas y sueños. En una sesión, le compartí al coach Osvaldo mi deseo de ayudar a los demás viajando por todo el mundo. Él me dijo algo muy cierto: no necesito ir hasta el final del mundo para poder ayudar a las personas, puedo hacerlo desde mi propio país.

Después del infarto, muchas personas se acercaron nuevamente hacia mí: amigos que hacía mucho tiempo no veía o sabía nada de ellos volvieron a buscarme. Gracias a ellos, me di cuenta de lo bendecido que era al contar con su amistad. También agradezco a mi familia, quienes estuvieron ahí cuidándome durante todo el proceso de terapia y recuperación.

Recuerdo que, en medio de las visitas, muchas personas me decían que mi misión en esta vida aún no había terminado. Estas palabras eran muy pesadas para mí, sentía una gran responsabilidad y no me sentía capaz de cumplirla. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que no es tan difícil como parecía y de que estoy en el lugar donde realmente quiero estar.

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Soy maestro universitario en mi estado y en mis clases no solo me enfoco en transmitir conocimientos teóricos. Si alguien no entiende algo, comprendo que cada persona tiene su propio ritmo y manera de aprender. Por eso, vuelvo a explicar desde diferentes perspectivas para asegurarme de que todos se sientan parte del proceso educativo.

Al dar mis clases, también transmito valores importantes para la formación integral de mis alumnos. Entiendo que estos valores impactarán directamente en sus vidas futuras y podrán influir positivamente en sus familias e incluso en la sociedad.

A menudo escucho a las personas quejarse constantemente: del gobierno, del fútbol, de la economía e incluso de sí mismos. Desde que tomé consciencia de que la queja solo trae más insatisfacción, decidí sonreír y hacer mi trabajo con alegría. Soy consciente de ser humano y cometo errores como todos los demás; sin embargo, siempre busco mejorar día tras día dedicando tiempo tanto a mi salud física como mental.

Ahora, con mi discapacidad, logro entender un poco más las limitaciones de mi hija que tiene parálisis cerebral moderada. Esto me ha ayudado a desarrollar una mayor paciencia hacia las personas que son diferentes a mí. Entiendo que todo en la vida tiene un propósito y después de todo lo vivido, aprendí que cada uno viene a este mundo para vivir su propia historia.

Lo más importante es cumplir nuestras propias expectativas y no las de los demás. Aprendí que es mejor vivir con una sonrisa y disfrutar cada momento porque nunca sabemos si volveremos a vivirlo. No sufro por lo que no tengo o quisiera tener, sino que disfruto plenamente lo que tengo: mis amigos, mi familia y mi profesión.

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Trato de dejar un mundo mejor con cada acción que realizo. No importa cuán grande o pequeña sea esa acción, lo importante es decidir hacer algo positivo por nuestro entorno. Y siempre trato de hacerlo con una sonrisa en el rostro, agradeciendo la oportunidad de aprender y crecer cada día.

La vida nos presenta desafíos inesperados que pueden cambiar nuestra perspectiva sobre el amor, la vida y la muerte. A veces buscamos fuera lo más importante: el amor propio. Pero tarde o temprano nos damos cuenta de que está dentro de nosotros mismos.

A través del proceso de recuperación física y emocional después de un infarto cerebral, descubrí la importancia del apoyo familiar y amistad verdadera en momentos difíciles.

Como maestro universitario, comprendí que mi labor no solo consiste en transmitir conocimientos teóricos, sino también en inculcar valores y fomentar la confianza con mis alumnos.

Aprendí a dejar de quejarme y a sonreír ante los desafíos de la vida. Valoré lo que tengo en lugar de enfocarme en lo que me falta.

Finalmente, entendí que cada uno tiene su propia historia por vivir y es importante cumplir nuestras propias expectativas sin preocuparnos por los juicios externos.

Así que te invito a vivir con una sonrisa, disfrutar cada momento y hacer del mundo un lugar mejor desde donde estés. Agradece las oportunidades de aprendizaje y crecimiento diario. ¡La vida es un regalo!

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