Empoderando el aprendizaje: una mirada desde adentro

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Hace tres años viví una gran aventura. Dejé Costa Rica con mis cosas, mis hermanas y me fui a vivir a Panamá. Digo aventura porque todo era nuevo: la escuela, los amigos, la casa. Para más, un país maravilloso que desde el primer momento me impactó con su calor. No solo me refiero al clima, sino también al calor humano de los panameños. Me brindaron un montón de oportunidades y en muy poco tiempo me hicieron sentir súper bien o “pretty”, como le dicen allá.

Después de un primer año muy positivo en Panamá, empecé a pensar en cómo devolverle algo a todo lo que había recibido. Tuve una oportunidad para hacer esto con un proyecto de grabación de sexto grado. Quería escoger un tema importante y así hacer algo que realmente impactara. Fue ahí donde comencé a investigar y descubrí uno de los grandes retos no solo del país, sino también del mundo entero.

El reto educativo

Dada mi crianza en Costa Rica, donde la educación es prioritaria, determiné rápidamente que uno de los grandes retos es la educación y en específico la deserción estudiantil. En estos números: 3 de cada 25 estudiantes costarricenses abandonaron las aulas en el 2008; 20,000 estudiantes panameños desertaron por completo en el 2016; pero esto no es solamente un problema costarricense o panameño… Esto es un problema mundial.

Para ponerlo en perspectiva: el 37% de todos los alumnos latinoamericanos abandonaron las aulas en los últimos 5 años. ¡Son 15 millones de vidas que podrían cambiar drásticamente si los estudiantes solamente se quedaran en sus aulas!

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Pero ¿por qué es que la deserción estudiantil es un problema tan grande? Bueno, la deserción estudiantil lleva a una baja calidad de vida en muchos casos. También lleva a mayor pobreza y, no solo eso, también lleva al crimen y a la susceptibilidad de un montón de otras cosas, como por ejemplo el narcotráfico. Pero esto no solamente afecta a la persona que deserta, sino al país entero porque la deserción estudiantil baja la economía del país.

La educación tradicional

Como estudiante y parte del sistema educativo que vive la educación todos los días, había visto este problema y me puse a pensar en cómo podía arreglar lo que yo veía que estaba fallando. Antes de poder resolver algo, uno tiene que entender qué es lo que lo causa, qué es lo que mueve al problema.

La educación tradicional solamente usa dos sentidos para que los niños puedan aprender: la vista y el oído. No apela a los sentimientos de los estudiantes ni enciende esa chispita interna cuando estamos apasionados por algo. Además, usualmente aprenden con contenido lejano a sus experiencias diarias. Una metodología nueva con conexión crucial sería clave para evitar perder interés en lo aprendido y así reducir la deserción estudiantil.

Innovando en educación

Entonces ¿qué podemos hacer para atacar este problema? ¿Cómo podemos preparar una solución? Imaginemos que no solo usamos dos sentidos para aprender, sino múltiples sentidos. Por ejemplo, el tacto. Y por qué no, incluso apelar a los sentimientos de los estudiantes. Podemos usar contenido local, donde los niños puedan conectar lo que aprenden con su día a día. Y ¿por qué no hacer todo esto con algo que los niños ya usan casi todos los días y están familiarizados? La tecnología.

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Esto haría que muchos estén mucho más comprometidos e involucrados en lo que están aprendiendo, lo cual reduciría la deserción estudiantil. Pero esto es solo una fórmula para bajar la deserción estudiantil… Yo quería convertirlo en realidad y para hacerlo decidí utilizar metodologías innovadoras.

Metodologías innovadoras

La primera fue usando la realidad virtual. Los niños usarían visores de 360 grados para transportarse a un mundo nuevo donde podrían aprender sobre diferentes temas. La segunda metodología fue el “aprendiendo haciendo”. Los niños podrían tocar y sentir las materias, construir réplicas y tener un mejor entendimiento de lo que están aprendiendo.

Pero esto era teoría… Yo quería probar que sí se podía hacer realidad. Así que puse todo en práctica.

Poniendo en práctica las metodologías

Para ponerlo en práctica tuve que hacerme tres preguntas:

  1. A dónde llevar esta experiencia: elegí la escuela Omar Torrijos Herrera. No es solo una escuela pública para media, sino también una escuela que está abierta a ideas nuevas.
  2. Con qué niños implementar el proyecto: elegí a los niños de quinto grado, quienes están a punto de entrar a la secundaria, donde más del 50% desertan.
  3. Sobre qué enseñarles: descubrí que ya aprenden sobre diferentes etnias indígenas panameñas y también sobre el Canal de Panamá. Pensé que sería muy interesante para ellos poder aprender más sobre esto y utilizar las metodologías mencionadas.

Les quiero mostrar cómo se ve una lección con realidad virtual. Como pueden ver, los niños están completamente inmersos en lo que hacen. Están parados, moviendo la cabeza para todos lados. Se transportan a una tribu indígena Emberá y así es como se ve una lección con realidad virtual.

Con “aprendiendo haciendo”, pueden ver cómo los niños construyen réplicas del Canal de Panamá. No hay ninguno sentado sin hacer nada, todos están contribuyendo y todos están súper felices porque pueden entender cómo funciona el canal. Están completamente inmersos en lo que hacen.

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Midiendo el impacto

Cuando uno hace un cambio, es importante medir el impacto que tuvo. Y eso es justamente lo que yo quería hacer. Les hice encuestas a cada uno de los niños preguntándoles no solo cuánto habían aprendido, sino cómo se comparaba su forma habitual de aprender con esta nueva experiencia.

Aquí les comparto algunos resultados:

  • El 71% dijo que, después de tener esta experiencia, estaban más interesados en ir a la universidad o seguir estudiando.
  • El 48% dijo que, ahora que sabían más sobre lo que hace un ingeniero o un arquitecto, estaban más interesados en esas carreras.
  • Y el resultado que realmente me impactó fue que el 91% dijo que esta experiencia fue mucho más entretenida.

Esto me hizo sentir súper bien porque no solo pude obtener resultados positivos, sino también demostrar que esto no era solo un sueño o una teoría. Era la realidad y se pudo hacer.

Antes de irme, quiero dejarles dos cosas. La primera es que si algo ha cambiado en los últimos 25 años, eso es la educación. Antes se pensaba en la educación como leer un párrafo y memorizarlo. Pero ahora hay todo tipo de tecnologías y metodologías nuevas que están revolucionando la educación.

Puede ser intimidante al principio, pero cuando uno agarra valor y se lanza a cambiar las cosas, vale la pena. Al final del día, esto es el futuro. Estamos en un tiempo donde no deberíamos esperar a que otros encuentren soluciones para nuestros problemas. No deberíamos depender solo de gobiernos o grandes empresas para hacer cambios significativos en la educación.

No importa nuestra edad, género o religión… Todos podemos ser parte del cambio. Como Mahatma Gandhi nos dijo: “Todos tenemos que ser el cambio que queremos ver en el mundo”. Y ahora es el tiempo de tomar acción.

¡Muchas gracias!

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