Historia de Amor: Educación Ambiental |

¡Amigo viajero, acabo de ver una charla TED fascinante y no puedo esperar a contarte lo que aprendí! Dos expertos en arquitectura y medio ambiente nos mostraron una visión increíblemente creativa. No te pierdas mi próximo artículo, ¡te lo prometo!

Descubre la charla aquí: Ver charla TEDx

Hace poco vi un video de una charla TEDx que me dejó realmente impactado. La charla fue presentada por Mauro Zunino Indira Manzano, quien compartió una historia de amor que tocó mi corazón. Esta historia es tan antigua como la vida misma y está en constante construcción. Sin embargo, en esta ocasión, quiero compartir contigo un pequeño fragmento de esta historia.

Una tarde bajo la lluvia

Para contextualizar un poco, tenemos que retroceder unos años atrás cuando un chico y una chica se conocieron y decidieron compartir sus vidas después de muchas aventuras. Pasaron de ser dos a ser tres cuando tuvieron a su hijo Carl.

Recuerdo claramente esa tarde lluviosa en casa. Estábamos disfrutando tranquilamente de unos mates cuando me di cuenta de que Carl estaba absorto con su tablet viendo dibujos animados y jugando. En ese momento, algo hizo clic en mi cabeza y recordé todas las tardes lluviosas de mi infancia: los juegos en el campo, el fútbol embarrado, saltar en los charcos… Sin pensarlo dos veces, le dije a Carl que apagara la tablet y nos fuimos a jugar bajo la lluvia.

Carl me miró sorprendido al principio, como si pensara “¿Estás loco?”. Pero luego salió corriendo hacia la puerta con una emoción desbordante. Pasamos toda la tarde divirtiéndonos bajo la lluvia: corrimos barquitos por los charcos, saltamos sin parar y simplemente disfrutamos del agua cayendo en nuestros rostros.

Después de un rato, ya más tranquilos y dentro de casa, comenzó otra lluvia: la lluvia de preguntas. Carl empezó a cuestionarse sobre el origen del agua que caía, a dónde iba después de correr por los barquitos y cómo podíamos cuidarla.

Un encuentro inesperado

Tiempo después, visitamos un centro de educación ambiental donde trabajaba Mauro. Ese día, Carl nos acompañó y mientras cada uno estaba inmerso en sus actividades, me di cuenta de que hablaba con una pareja mayor que acababa de entrar al centro. Me acerqué curiosa para escuchar su conversación y descubrí que Carl les había ofrecido amablemente hacerles un recorrido por el lugar.

Fui hasta ellos para escuchar mejor y me sorprendió gratamente lo bien informado que estaba Carl sobre el tema del agua. Uno de los veteranos le preguntó por qué los baños no tenían agua y qué era eso que tenían en un recipiente pequeño. Con total naturalidad, Carl respondió: “Esos son baños secos. No usan agua porque cuidan del agua misma que jugamos mi papá y yo cuando salimos a jugar bajo la lluvia”. Quedé maravillada ante la conexión tan profunda que había logrado hacer entre esa tarde lluviosa con su padre y el uso responsable del agua.

Educación ambiental desde temprana edad

Esta anécdota se convirtió en una larga charla entre Maurizio e Indira sobre la importancia de repensar las prácticas educativas en temas ambientales. Reflexionaron sobre cómo la mayoría de las campañas de sensibilización nos presentan la naturaleza desde un punto de vista negativo y catastrófico, lo cual puede generar ecofobia en los niños.

Se dieron cuenta de que hemos normalizado la idea de que la educación ambiental es responsabilidad exclusiva de los niños, depositando sobre sus hombros una carga demasiado pesada para su edad. Según Freire, psicóloga y pedagoga referente en el tema, es durante los primeros años de vida cuando los niños establecen vínculos emocionales con su entorno natural.

Por eso, Maurizio e Indira proponen abordar las temáticas ambientales a partir de los 11 años, siempre y cuando sean problemas locales percibidos desde su cotidianidad. Es importante que puedan reflexionar sobre estos problemas y generar soluciones alcanzables.

Volver a conectar con la naturaleza

Como adultos responsables del desarrollo y vínculo entre los niños y la naturaleza, debemos primero reconectarnos nosotros mismos. No podemos contagiar algo que no somos. Por eso, es fundamental recuperar ese amor por la tierra y propiciar espacios donde los niños puedan jugar libremente sin intervención adulta.

También debemos fomentar el contacto directo con la naturaleza: permitirles tocarla, olerla, sentir sus texturas y ensuciarse sin miedo. Existe una especie de “eco-terror” actual hacia ensuciarse que debemos superar para lograr numerosos beneficios a nivel individual e incluso colectivo.

Está comprobado que reconectarnos con la naturaleza tiene un impacto positivo en el desarrollo psicosocial, psicomotriz, cognitivo e inmunológico de los niños. Además, les permite ser más creativos, imaginativos y empáticos con la vida.

Nuestra responsabilidad como adultos es tomar acción en el presente para solucionar las problemáticas ambientales. No debemos cargar a los niños con esa mochila pesada de salvar el mundo. Debemos propiciar su amor por la tierra desde temprana edad y fomentar su conexión con la naturaleza a través del juego libre y el contacto directo.

Cambiemos nuestra perspectiva y abandonemos la apatía disfrazada de “preocupación por las futuras generaciones”. Seamos ejemplos vivos de amor por la vida y por nuestro planeta. Recuerda que somos naturaleza y volvernos a conectar nos traerá beneficios a todos.

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