Involucrando a la sociedad: La transformación educativa que cambiará vidas

Imagínate la impactante afirmación de que tu hijo no terminará la educación básica. Afortunadamente, Raquel Isamara León de la Rosa nos revela en su charla TED cómo los maestros pueden cambiar vidas y cómo la cultura china inspira este proceso. Descubre más aquí.

Todo comenzó un día que fue una noche, era el mediodía de 1991. Yo tenía 5 años y lloraba desconsolada. Una hora antes, mi madre había sido llamada por la psicóloga de la escuela donde yo estudiaba. De alguna forma me percaté de que mi madre estaba triste, tenía furia. La psicóloga le había citado en esta ocasión para mencionarle que yo era una niña con muchos problemas y que no iba a terminar mi educación básica.

En esa ocasión regresamos a nuestra casa. Me acuerdo perfectamente de que yo iba sentada atrás en el coche. En mi mente de niña no encontraba la manera de explicar este silencio por parte de mi madre. Y de alguna forma, entendí este fenómeno natural y el contexto escolar en el que me encontraba.

Fue un recorrido silencioso fuera de lo común porque normalmente mi mamá ponía música y regresábamos a casa cantando. Pero esta ocasión era totalmente distinta.

Recuerdo perfectamente que llegamos al primer alto y mi madre me volteó y me dijo: “Hija, tienes que hacerte fuerte. Muchas veces no es bueno mostrarse débil ante la gente”. Seguimos hacia la casa y al siguiente alto, mi madre volvió a voltear y me dijo: “Raquel, tú eres una niña muy inteligente. Todo mundo es capaz de hacer lo que quiera. Que nadie venga y te limite”.

Mi experiencia como mujer

Hola buenas noches, mi nombre es Raquel León. Podría contarles muchísimas historias que tienen que ver con violencia, más específicamente como mujer. Por ejemplo, las dos veces que sufrí un intento de violación durante mi vida universitaria. O tal vez la violencia psicológica por parte de ex parejas. O incluso mi condición de mujer y extranjera como elemento de discriminación en otros países.

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O peor aún, sufrir acoso laboral por parte de uno de mis colegas.

Sin embargo, creo que todos los que estamos aquí, sin importar sexo o género, en algún momento hemos sufrido violencia. Esta situación no quiere decir que la normalicemos, sino que creo que esta charla va más en un sentido de poder darle la vuelta a esta cara de la moneda y entender que por este mundo podemos hacer cosas mejores.

Rescatando esto y como apasionada de los estudios sobre China, me encanta pensar que la educación nos lleva a la virtualidad. Y es entonces cuando vengo a mencionarles hoy cuatro historias basadas en cuatro grandes maestros con cuatro enseñanzas que me han servido para construirme a mí misma y al mismo tiempo construirme como mujer.

Mi primera maestra: Mi madre

Mi primera referente como mujer fue ese mediodía que parecía noche. Mi madre me dio mi primera lección: entender que en cada uno de nosotros existe una fortaleza tan grande que nos tiene llevarnos a correlacionarnos con todas las personas del mundo.

Según datos del gobierno estadounidense, estamos cerca de llegar a casi 7.500 millones de habitantes en este planeta. ¿Se imaginan qué pasaría si juntáramos la fortaleza de todos los seres vivos que coexistimos en este planeta con un solo fin: el bienestar? Para mí, sería algo excepcional.

Una segunda lección que me dio mi madre fue la siguiente: “Raquel, cuando hagas algo, hazlo bien. Sino, no hagas nada”. Esto me llevó a una pregunta existencial que nos lleva a lo largo de nuestras vidas: ¿Qué es hacer bien las cosas?

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Mi segundo maestro: Mi padre

Mi segundo maestro, mi padre, me llevó a tener ciertas pistas sobre qué significa hacer bien las cosas. Él siempre me decía al oído: “Raquel, ponte en los zapatos de los demás”. ¿Alguna vez se han puesto en los zapatos de los demás?

Cierren los ojos por un momento y piensen cuántas veces se han puesto en los zapatos de alguien más. Inhala, exhala y deja salir con ese aliento las cosas que hiciste o dejaste de hacer por alguien más. Abre tus ojos.

Cuando nos ponemos en los zapatos de los demás creamos varias cosas: conectamos, sentimos, creamos empatía y entendemos. Pero lo más importante es que cuando nos ponemos en los zapatos de los demás podemos ser humanos.

Mi tercer maestro: Kutxi

Este maestro tiene relación con mi pasión por China y el aprendizaje del idioma chino mandarín. Conocí a Kutxi durante uno de mis cursos para aprender a pronunciar palabras en chino. Pero más allá de la aventura que significaba para mí aprender este idioma, lo que más recuerdo de Kutxi son unas palabras que me dijo mientras comíamos en un buffet aquí en Puebla.

Él me dijo: “Raquel, yo soy como un globo. Mis padres me inflaron cuando era niño y es a partir de entonces que comencé a viajar por todo el mundo. Y hasta que ese aire salga de ese globo, dejaré yo de existir y de viajar”.

Esta enseñanza marcó mi vida. A mis 25 años, quise romper ciertos estereotipos y dejar de depender de un anillo o una joya para determinar mi conexión con el corazón. Decidí que mi corazón se tenía que conectar con el mundo.

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Fue entonces cuando vendí ese anillo y empecé a viajar por todo el mundo. Viajé por mí misma, porque era lo más importante para mí: quitar misterios, estereotipos; conocer culturas; entender al otro; comprender la otredad y sobre todo comprenderme a mí misma fuera de un contexto básico.

Mi cuarto maestro: Misael

Misael fue profesor mío durante la universidad y fue la primera persona que creyó en mí para dedicarme a hacer lo que más amo en esta vida: ser profesora e investigadora.

Según estudios dentro del campo sociológico, las redes sociales tienen una belleza intrincada. Nicholas Christakis y James Fowler mencionan en su libro “Conectados” que estas redes pueden cubrir todo el mundo y crear conexiones más allá de lo que podemos imaginar.

Después de reflexionar sobre esto, Misael me dijo: “Raquel, mi plan de retiro es poder pisar cualquier parte del mundo y tener a un exalumno con quien platicar, tomarme un café y ver cómo han mejorado. No se trata de comerte todo el pastel, se trata de hacerlo más grande”.

A partir de entonces, mi vida cambió. Quise ser vista como profesora creando verdaderas redes a través de la educación. No solo redes sociales frías en estatus, sino realmente formando agentes de cambio; gente con pasión por la vida que quiera mejorar y darle valor a este mundo.

Mi nombre es Raquel León y esta es mi red. A través de la educación los invito a que nos conectemos.

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