La escuela del futuro después de la pandemia: cambios y perspectivas

¿Qué ha sucedido en las escuelas durante la cuarentena? Andrea, una apasionada docente de matemáticas en la Provincia de Buenos Aires, nos cuenta cómo ha cambiado la forma de educar en tiempos de pandemia. Y lo interesante es que estas nuevas formas podrían quedarse incluso después de que todo esto termine! Como madre, facilitadora de Clubes TED-Ed y especialista en enseñanza de la

¡Hola! Hoy quiero compartir contigo algo que acabo de descubrir y que me ha dejado pensando. Se trata de una charla TEDx que vi recientemente, donde Andrea Santiago, una docente, nos cuenta la historia de uno de sus alumnos llamado Alan.

Un día en la vida de Alan

Alan vive en una pequeña casa junto a su madre, cinco hermanos, su cuñada y un sobrinito. Cada mañana, después de ayudar en las tareas del hogar, se prepara rápidamente y sale rumbo a la escuela. Pero no va a aprender con sus compañeros como cualquier otro niño; él va a hacer fila para conseguir comida para su familia debido a la cuarentena.

El edificio escolar está cerrado por el momento, así que mientras espera recibir los alimentos en la puerta, aprovecha el wifi gratuito para descargar las actividades escolares que sus profesores les envían y también para enviar las tareas ya realizadas. Le han prestado el único celular disponible en su familia porque sabían lo importante que era para él poder acceder a internet.

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A pesar de las dificultades que implica estudiar a distancia, al menos Alan tiene un canal donde puede hacer consultas con sus profesores. Las oportunidades se alejan y las desigualdades se profundizan cada vez más para muchos niños y niñas. Ahora deben encontrar formas creativas para acceder al derecho fundamental de aprender.

Manteniendo los vínculos

Santiago nos cuenta cómo esta situación ha puesto en evidencia la importancia de mantener y fortalecer los vínculos sociales que antes se daban dentro del edificio escolar. Cuando los profesores se encuentran en la escuela para armar las bolsas de alimentos, lo más importante para ellos es tener noticias e intercambiar información sobre los estudiantes de los que no saben nada.

Están tan alerta que mientras entregan las bolsas, recorren la fila buscando a algún familiar o cualquier persona que pueda darles alguna novedad. La pandemia ha llevado a muchos niños a vivir con otras familias cuando sus padres o abuelos son internados o puestos en cuarentena.

Si antes era difícil mantener la regularidad escolar para muchos de ellos, ahora la mayor preocupación es evitar el abandono del año. La escuela se ha metido en los hogares y ha revolucionado todo. Los jóvenes como Alan ya están cansados ​​de tantas videollamadas y actividades que les mandan sus profesores.

El desafío de adaptarse

Tanto las madres como los padres han tenido que alterar sus rutinas para comprometerse aún más con la educación de sus hijos. En el caso personal de Santiago, cuenta cómo su hijo adolescente, quien tiene déficit de atención, por primera vez lleva al día todas sus tareas escolares y consulta directamente con sus profesores cuando tiene dudas.

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El uso obligatorio de la tecnología les ha ayudado a generar una autonomía que antes no tenían. Pero del otro lado del dispositivo también hay docentes reaccionando como pueden. Muchos deben lidiar con recursos limitados y atender a los jóvenes y sus familias en cualquier momento del día.

Santiago menciona ejemplos específicos: algunos docentes tienen dificultades para adaptarse a la tecnología, mientras que otros se dedican a probar aplicaciones sin éxito. También hay quienes prefieren desentenderse y sobrecargan de trabajo al resto del equipo docente.

Una escuela en reconstrucción

La realidad es que la escuela actualmente parece una máquina prácticamente desarmada, con todas sus piezas expuestas. Se ven las hilachas y su funcionamiento es de emergencia. Pero lo importante es que han podido mantenerla en marcha con los recursos disponibles.

Santiago reflexiona sobre cómo esta situación nos brinda una oportunidad única para reconstruir la escuela y hacerla funcionar mucho mejor. Es necesario darle más protagonismo a los jóvenes para que participen y se comprometan con su educación.

También debemos evitar discusiones absurdas entre adultos, preguntándoles directamente qué necesitan los estudiantes. Las familias deben seguir siendo parte activa de este proceso educativo en casa, ya que su participación es crucial.

Además, Santiago propone convocar a universidades, institutos de formación docente y entidades sociales como merenderos o clubes deportivos para colaborar en este entramado social que se retroalimenta de lo que ocurre en la escuela.

Hacia una nueva normalidad

No sabemos exactamente cómo será esta “nueva máquina” escolar armada con las piezas antiguas y las nuevas herramientas disponibles. Pero estoy segura de algo: la presencialidad debe jugar un papel fundamental para construir mejores vínculos y no desperdiciar el tiempo en actividades obsoletas o que pueden realizarse a distancia.

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Si volvemos a la misma escuela de siempre, significa que no hemos aprendido nada. Debemos estar a la altura del desafío y hacernos cargo de pensar y construir una mejor escuela entre todos.

La charla TEDx de Andrea Santiago nos muestra cómo la pandemia ha revelado las desigualdades existentes en el sistema educativo. Pero también nos brinda una oportunidad única para reconstruir la escuela y hacerla funcionar mucho mejor.

Es fundamental mantener los vínculos con los estudiantes, sus familias y otros actores sociales para garantizar una educación de calidad. La presencialidad debe jugar un papel importante en esta reconstrucción, enfocándose en generar mejores vínculos y evitar actividades obsoletas o que pueden realizarse a distancia.

Todos tenemos un rol importante en este proceso: jóvenes, docentes, familias e instituciones educativas. Es momento de aprovechar esta oportunidad única y transformar la educación desde los afectos, lo personal y como ciudadanos comprometidos con un futuro mejor.

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