La importancia de la protesta feminista en las calles

¿Te gustaría aprender algo nuevo de manera rápida y divertida? Entonces estás en el lugar correcto! Hoy te cuento sobre una charla TED que vi recientemente y que me dejó fascinado.

El ponente de esta charla es Paulina Millán Aguilar, una profesora del Tec de Monterrey con una trayectoria impresionante. Tiene un pregrado en ciencias de la comunicación y

¡Hola! Hoy quiero compartir contigo algo que acabo de descubrir y que me ha dejado realmente impactado. Acabo de ver un video de una charla Tedx llamada “El poder de las protestas feministas” y déjame decirte que fue una experiencia realmente reveladora. El orador, Paulina Millán, logró transmitir con gran pasión y convicción el propósito detrás de las protestas feministas: denunciar, plantarle cara y eliminar las diferentes formas en las que el patriarcado ha oprimido, violentado y explotado a las mujeres a lo largo de la historia.

Las razones detrás de las protestas

Para entender el significado y la importancia de estas manifestaciones, es necesario comprender primero cuáles son sus causas. Las protestas feministas no surgen espontáneamente; están motivadas por siglos de atropellos constantes a los derechos de las mujeres y la violencia exponencial que enfrentamos simplemente por ser mujeres.

No podemos pasar por alto el hecho alarmante de que en México se asesina a 11 mujeres al día debido a la violencia machista. Esta realidad nos indigna y nos llena de rabia, pero es una rabia digna y justa que nos impulsa a tomar acción en defensa propia.

Tal vez te preguntes por qué elegir tomar las calles como forma de protesta en lugar de otras alternativas. La respuesta es simple: ya hemos intentado todas las demás formas posibles. Las feministas han realizado películas, documentales, libros, tesis, artículos; han llevado a cabo performances, canciones, poesía, pliegos petitorios; han militado en la política, creado grupos de defensa personal y autoconciencia; han presentado denuncias, protocolos y leyes. Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos, la violencia persiste.

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Cuando la violencia proviene incluso de las mismas instituciones que se supone deberían protegernos, no nos queda más opción que resistir desde afuera. Por lo tanto, cuando las instituciones fallan y la conciencia social parece no avanzar, lo que nos queda es tomar el espacio público como escenario para llamar la atención sobre nuestras demandas y buscar soluciones.

La importancia del espacio público

Al ocupar las calles con nuestras protestas feministas, buscamos generar discusión social y exigir un cambio en la percepción de ser mujer como factor de riesgo. No necesitamos esperar a que cada una de nosotras sea víctima individualmente para solidarizarnos con quienes ya han sufrido situaciones violentas. Nos unimos en las calles porque colectivamente sentimos el dolor ajeno.

Las protestas también tienen un valor histórico: recordamos a las compañeras que ya no están entre nosotros y exigimos justicia por ellas. Tomamos las calles para evitar que sus vidas caigan en el olvido y para mantener viva nuestra lucha por esa justicia tan necesaria.

¿Qué se logra con las protestas?

Una pregunta recurrente respecto a estas manifestaciones es qué se logra realmente con ellas. Para responder esto debemos echar un vistazo a la historia y darnos cuenta de que los movimientos sociales han logrado avances importantes, tanto a corto como a largo plazo, gracias a las protestas.

Si hoy en día las mujeres tenemos derechos como el derecho al voto, a estudiar, a trabajar y denunciar la violencia de género, es precisamente porque las feministas han tomado las calles para exigirlos. Tomemos como ejemplo el sufragio femenino: si podemos votar actualmente en muchos países del mundo, es gracias al constante esfuerzo y lucha de sufragistas que dedicaron casi 100 años de sus vidas para obtener este derecho básico.

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Además de los logros concretos, también se ha generado un cambio en la discusión social. Hoy hablamos abiertamente sobre temas como el acoso sexual, el abuso y el feminicidio. Estos problemas ya no son considerados asuntos privados, lo cual nos ayuda a visibilizarlos y eliminarlos. Las protestas feministas están revelando la urgencia de defender una agenda en contra de la violencia machista.

La resistencia como forma de cambio

Aunque sabemos que las protestas no van a desmantelar por completo el patriarcado o resolver todos nuestros problemas instantáneamente, entendemos que son parte fundamental del proceso para eliminar este sistema opresor. La historia nos enseña que ninguna revolución ni movimiento social ha logrado sus objetivos desde la comodidad del silencio o del mero diálogo.

Pensemos en todas las revoluciones e independencias ocurridas en diferentes partes del mundo; pensemos en los movimientos obreros que exigían mejores condiciones laborales; pensemos en los movimientos de derechos civiles, en las protestas por la defensa de la tierra y la autogestión de las naciones indígenas; pensemos en Occupy Wall Street, en las madres de Plaza de Mayo, en las protestas de Hong Kong, en Black Lives Matter, en la Primavera Árabe y, por supuesto, pensemos en el feminismo y todo lo que ha logrado a lo largo de la historia.

Cada uno de estos movimientos ha alcanzado grandes avances gracias a las protestas. Por supuesto que sería ideal eliminar todos los sistemas opresores mediante el diálogo pacífico, pero la realidad es que necesitamos utilizar todas las herramientas disponibles para desmantelar la casa del amo. Cuando persiste la violencia y fallan los sistemas establecidos, tomar las calles se vuelve una forma legítima y necesaria para hacer ruido y exigir un cambio.

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La importancia de no olvidar

No debemos olvidar nunca que mientras reponemos ventanas rotas o limpiamos paredes pintadas durante una protesta, hay mujeres cuyas vidas han sido arrebatadas injustamente y no pueden volver. Es indignante darse cuenta de que socialmente nos afecta más el daño material que estas pérdidas humanas.

Como dijo Jim Wolf: “El futuro es oscuro”, pero esta frase encierra una reflexión positiva: el futuro está abierto y aún tenemos posibilidades. El único constante es el cambio. Podemos resistir y eliminar el patriarcado si nos movilizamos hacia una sociedad más revolucionaria y justa.

Las protestas feministas son una forma legítima de resistencia y lucha por la igualdad. A través de ellas, las mujeres denuncian el patriarcado, exigen justicia y buscan eliminar la violencia machista que nos oprime. Si bien es cierto que las protestas no resolverán todos nuestros problemas instantáneamente, son parte fundamental del proceso de cambio social.

La historia nos ha demostrado que los movimientos sociales han logrado avances importantes gracias a las protestas. No debemos subestimar el poder de alzar nuestra voz en las calles y generar discusión social sobre temas como el acoso, el abuso sexual y el feminicidio. Es necesario recordar siempre que cada vida perdida es irrecuperable, mientras que ventanas rotas se pueden reponer y paredes pintadas se pueden limpiar.

El futuro está abierto y depende de nosotros seguir resistiendo para construir una sociedad más justa e igualitaria. Las protestas feministas son un llamado a la acción, una muestra de solidaridad entre mujeres y un recordatorio constante de que juntas podemos cambiar el mundo.

Fuentes:
– Charla Tedx: “El poder de las protestas feministas” por Paulina Millán

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