Lecciones de la frontera: Empoderamiento y crecimiento personal

¿Quién dijo que aprender no puede ser divertido? Déjame presentarte a Laura Reyna, una mujer inspiradora que nos invita a reflexionar sobre las regiones fronterizas, forjando nuestra propia resiliencia. Sumérgete en este artículo repleto de conocimiento y diversión. ¡Sigamos adelante!

Hola, te invito a un ejercicio. ¿Qué imágenes se te vienen a la mente cuando piensas en la frontera entre México y Estados Unidos? Pero hay un truco: no vale pensar en lo que dicen las noticias o en las terribles situaciones que enfrentan los migrantes. No vale pensar en la discriminación y violencia que muchos mexicanos han vivido recientemente en Estados Unidos. La frontera es un lugar del que todo el mundo habla, pero pocos realmente conocen lo que sucede allí.

Las lecciones de la frontera

Hoy quiero compartir contigo algunas de las lecciones que he aprendido de la frontera. Soy Laura Reyna, nacida y criada en Ciudad Victoria, Tamaulipas. A pesar de llevar 15 años sin vivir aquí, me llena de orgullo decir que soy del norte de México. No importa cuál sea mi situación actual, ya sea trabajando como asesora del Secretario de Gobernación o viajando por el mundo, siempre llevo conmigo el amor por mi tierra.

Siempre me ha molestado cuando alguien describe a Ciudad Victoria como “la ciudad de las tres mentiras”. Entre Matamoros y Reynosa, este pequeño pueblo junto al río Bravo es prácticamente desconocido para muchos. Pero déjame decirte algo: es una mentira decir que no es hermoso porque lo es. Y más importante aún, lo hermoso de nuestra frontera son sus habitantes.

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Somos gente resiliente; personas capaces de adaptarnos a cualquier situación y hacerle frente a cualquier desafío. Tenemos una frase muy popular aquí en Tamaulipas que dice: “Dondequiera lavó y planchó”. No importa dónde estemos, siempre encontramos la manera de salir adelante.

Tener clara tu identidad

Una de las lecciones más importantes que he aprendido de la frontera es tener clara mi identidad. Desde muy joven, aprendí a cruzar al otro lado y enfrentar los retos que eso implicaba. Las largas filas en Navidad o Año Nuevo para comprar lo que quería o los momentos de discriminación por parte de los agentes migratorios me recordaban constantemente quién soy: Laura, mexicana. Esa claridad sobre mi identidad me ha llevado a reflexionar sobre quién soy realmente y qué quiero hacer con mi vida.

Durante muchos años, creí que podía servir a mi país desde el sector público. Trabajé en el gobierno, obtuve dos licenciaturas y un doctorado en administración pública. Pero un día me di cuenta de que también podía hacerlo desde el sector privado o cualquier otro espacio. Lo importante es tener claro quién eres y qué quieres lograr en la vida.

Ser resiliente

Otra lección valiosa que he aprendido es ser resiliente. Estamos acostumbrados a enfrentar todo tipo de climas extremos en la frontera: calor intenso, huracanes repentinos, cambios bruscos de temperatura… Nos adaptamos rápidamente a cualquier situación porque estamos listos para lo que venga.

La resiliencia no se trata solo del clima; se trata también de estar preparados para cualquier circunstancia en la vida. No importa si es violencia, incertidumbre o cualquier otro desafío, los norteños sabemos cómo salir adelante.

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Usar tu criterio

La frontera nos ha enseñado a tomar decisiones y usar nuestro criterio en un mundo lleno de opciones. Estamos acostumbrados a tener libertad para elegir: hablar español o inglés al cruzar la frontera, comprar gasolina de un lado u otro, adaptarnos a diferentes husos horarios…

Siempre tenemos la capacidad de decidir en medio de un mar de opciones. Y lo más importante es que confiamos en nuestro criterio. No importa dónde estemos, siempre sabemos quiénes somos y qué queremos.

En conclusión, las lecciones que he aprendido de la frontera son valiosas para enfrentar los retos que todos enfrentamos en la vida. Tener clara nuestra identidad nos ayuda a tomar decisiones coherentes con nuestros valores y objetivos. La resiliencia nos permite adaptarnos rápidamente a cualquier situación y seguir adelante. Y finalmente, el uso del criterio nos brinda la libertad de elegir lo mejor para nosotros.

No dejemos que las noticias o las imágenes distorsionadas definan nuestra percepción sobre la frontera. Preguntemos a quienes realmente conocen y viven allí sobre sus experiencias y opiniones.

Somos mucho más que lo que se muestra en los reportajes o documentales; somos personas fuertes, resilientes y con una identidad clara. Sigamos compartiendo nuestras historias y enseñando al mundo lo que realmente significa ser de la frontera.

¡Gracias!

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