¿Los robots pueden enamorarse? Descubre la respuesta en esta charla

Amigo, no puedes perderte mi resumen de una charla TEDX sobre inteligencia artificial. Descubre cómo humanos y AI pueden evolucionar juntos. ¡Sigue leyendo!

¡Wow! Acabo de ver un video increíble en Tedx sobre el fascinante mundo de las computadoras y la relación entre estas máquinas y nuestra mente humana. El autor, Javier Blanco, nos lleva a reflexionar sobre preguntas tan interesantes como si las computadoras pueden pensar o si el cerebro humano puede ser visto como una computadora. Y déjenme decirles que las respuestas son mucho más complejas de lo que podríamos imaginar.

Mentes extendidas

Blanco comienza citando al matemático Alan Turing, quien se cuestionaba si las computadoras podían pensar. Sin embargo, también nos invita a pensar en la posición del informático holandés Edsger Dijkstra, quien consideraba que esta pregunta era poco interesante ya que no veía necesario que las computadoras imitaran a nuestras mentes humanas. De hecho, argumenta que las computadoras tienen actividades cognitivas propias y diferentes a las nuestras.

Pero aquí viene lo interesante: ¿qué pasaría si esas entidades cognitivas fueran mejores que nuestras propias mentes? Esta idea puede generar inquietud e incluso algunos hablan de una amenaza existencial. Pero antes de entrar en pánico recordemos algo importante: ¡los robots asesinos de Skynet y los terminators solo existen en películas de ficción!

Consciencia robótica

Ahora bien, ¿las computadoras pueden tomar conciencia de sí mismas? Según Blanco, sí es posible pero su consciencia no tiene por qué parecerse a la consciencia humana. Nuestra propia consciencia es difusa y poco definida; nuestros procesos mentales están limitados y muchas veces nos distraemos fácilmente. Por ejemplo, ¿quién no se ha pelado un dedo mientras pelaba papas o se ha enamorado perdidamente de alguien que luego resulta ser una decepción? Los robots también pueden enamorarse, pero su percepción y reacción serían diferentes a las nuestras.

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En este punto, el autor nos hace reflexionar sobre los vínculos afectivos entre distintas especies. Ridley Scott en su película Blade Runner plantea la posibilidad de establecer lazos amorosos entre humanos y robots, trascendiendo el mero enamoramiento biológico. Es una idea fascinante que nos invita a repensar nuestras propias relaciones emocionales.

Mentes distribuidas

Blanco continúa explorando el concepto de las mentes humanas extendidas gracias a los andamiajes externos que utilizamos, como cuadernos, lápiz y papel, y más recientemente, programas de computadoras. Estos elementos forman parte de nuestra mente en constante evolución. ¿Quién podría multiplicar dos números de diez cifras mentalmente? Pero si usamos papel y lápiz junto con nuestro conocimiento matemático básico, cualquier persona puede hacerlo con facilidad.

El autor destaca cómo la evolución tecnológica ha permitido eliminar parte de nuestra memoria humana al externalizar ciertas actividades cognitivas. Por ejemplo, hoy en día confiamos en nuestros calendarios digitales para recordar citas importantes sin necesidad de memorizarlas todas.

Vínculos virtuosos

Ahora bien, no todos los vínculos entre humanos y algoritmos son beneficiosos. Las redes sociales y los motores de búsqueda, por ejemplo, nos muestran el mundo de una manera particular pero también introducen sesgos y vidas parciales. Están diseñados para capturar nuestra atención y mantenernos atrapados en sus redes.

Sin embargo, hay otros vínculos más colectivos y creativos que merecen nuestra atención. Blanco destaca las operaciones oftalmológicas asistidas por robots, donde la combinación de la precisión del robot con la conciencia humana permite realizar incisiones mucho más precisas. Aquí vemos un ejemplo virtuoso de integración entre algoritmos o sistemas robóticos y personas.

El lugar de los humanos

Blanco concluye su charla reflexionando sobre el lugar de los humanos en este mundo tan tecnológico en el que vivimos. Por un lado, reconoce que somos parte de una biosfera múltiple y rica en biodiversidad, donde nuestra existencia depende del equilibrio ecológico. Pero también señala que vivimos en un mundo técnico donde es necesario establecer acoplamientos virtuosos entre humanos y objetos técnicos para poder evolucionar como especie.

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Nuestra forma masculina blanca no es el paradigma absoluto de la racionalidad humana; es solo una forma más de inteligencia condicionada históricamente. Podemos invertir la formulación del sofista griego Protágoras para afirmar que hoy el hombre ya no es la medida de todas las cosas.

La charla Tedx “Mentes extendidas, vínculos virtuosos” de Javier Blanco nos invita a reflexionar sobre la relación entre las computadoras y nuestra mente humana. Nos muestra que las computadoras pueden tener actividades cognitivas propias y diferentes a las nuestras, pero su consciencia no tiene por qué parecerse a la nuestra. También nos plantea la posibilidad de establecer vínculos afectivos con robots y cómo los andamiajes externos como programas de computadoras forman parte de nuestras mentes extendidas.

Blanco destaca la importancia de establecer vínculos virtuosos entre humanos y algoritmos, reconociendo que no todos los vínculos actuales son beneficiosos. Por último, nos hace reflexionar sobre el lugar de los humanos en este mundo tecnológico, donde debemos buscar un equilibrio entre nuestra existencia como parte de una biosfera rica en biodiversidad y nuestra necesidad de integrarnos con objetos técnicos para evolucionar como especie.

En definitiva, esta charla nos enseña que vivimos en un mundo complejo donde la tecnología juega un papel fundamental. Pero también nos invita a recordar que somos seres únicos con capacidades emocionales y creativas que trascienden cualquier máquina. Así que aprovechemos lo mejor de ambos mundos para construir un futuro más humano e inclusivo.

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