Moda empoderada: transformando vidas y revolucionando la industria

Descubre cómo Jade Montenegro ha transformado vidas, ha sido parte de un rescate y ha revolucionado la moda en su apasionante charla TED. ¡Te invito a sumergirte en este increíble viaje conmigo después de darle una puntuación! ☕

Recuerdo la primera vez que abrí los ojos a la pasión de mi vida. Tenía 13 años y fue cuando presencié el cambio de imagen de Julia, una mujer que luchaba contra el cáncer de mama como parte de un programa de la organización en la que trabajaba mi mamá. Durante el proceso, vi cómo fue cambiando su actitud con la ropa, el peinado y el maquillaje. Se podía notar en su energía que aumentaba y en su mirada, que la hacía brillar. Aunque yo era una niña y una simple espectadora, ese momento quedó grabado en mí y descubrí el poder de la imagen en las emociones de las personas.

Conforme pasaron los años, me fui envolviendo en todos los programas de televisión sobre moda y creció en mí una necesidad por conocer más sobre el tema y ver el impacto que tiene en nuestras vidas. Quería crear e innovar para lograr un impacto más grande que solamente vestir a alguien. Quería cambiar vidas de manera significativa, por eso puse toda esta pasión en estudiar diseño de modas.

La moda como espacio para reflexionar

Para mí, la moda es un espacio donde se puede reflexionar sobre problemáticas sociales reales. En 2030 podrían duplicarse a 3.2 millones las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama alrededor del mundo, siendo México uno de los países con mayor número de muertes debido a esta enfermedad. Es impactante ver estas realidades y no abrir los ojos ante ellas.

Fue por esto que, hacia el final de mi carrera, creamos “Alea”, una línea de lencería especializada para mujeres sobrevivientes de cáncer de mama. Junto con mi equipo, queríamos crear los mejores diseños, pero nos enfrentamos a una realidad que estaba muy lejos de la nuestra.

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La necesidad de un cambio en la lencería

Esta lencería ya existía, pero como muchas otras cosas en la industria y en el mundo, solamente cubría las necesidades básicas. Imagínate tener 32 años y usar esto a diario. No entendíamos por qué se venden en tiendas ortopédicas junto a sillas de ruedas o pelucas oncológicas en hospitales y farmacias. ¿Por qué recordarles algo que ya habían vencido? Es algo tan íntimo y exponerlo así no tenía sentido.

Durante el proceso de investigación con 20 mujeres que pasaron por mastectomías, nos dimos cuenta de lo mucho que podíamos cubrir con cortes y diseño. Vimos que podíamos satisfacer muchas necesidades para dejar atrás todo lo que estaban viviendo. Nuestro objetivo principal era hacerlas sentir incluidas en la sociedad y dejar atrás toda la experiencia traumática.

Una sesión de fotos transformadora

En nuestra sesión de fotos, contábamos con Mari como modelo principal. Ella es una mujer sobreviviente de cáncer de mama con una mastectomía parcial y una reconstrucción. Quisimos darle toda la experiencia de ser una modelo y sentirse hermosa.

Hicimos una colaboración con un salón de belleza y durante el proceso del maquillaje y el peinado, nos enfocamos en que se sintiera mejor. Personalmente, me remonté a mis 13 años y vi cómo todo eso que había imaginado se estaba haciendo realidad otra vez. Yo era un motivo y nuestro proyecto era un motivo para que alguien se sintiera mejor.

Durante la sesión de fotos, vimos cómo Mari dejaba atrás toda esa lucha, dolor y desesperación. Lo cambiamos por sensualidad y seguridad. Pero sobre todas las cosas, vimos una felicidad única en ella, una sensualidad envidiable. Todos los retos que pasamos para llegar a ese momento realmente habían valido la pena.

La falta de educación sobre nuestro cuerpo

También nos dimos cuenta de que las mujeres tenemos muy poca educación sobre nuestro cuerpo. No nos hacemos chequeos o simplemente dejamos pasar los síntomas. Existe un tabú impresionante sobre la enfermedad del cáncer y más aún sobre la lencería.

“Alea” fue un proyecto que personalmente me cambió la perspectiva de vida. Me di cuenta del poco valor que le damos a cosas tan cotidianas como un brasier. El cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu dijo: “Si en algún momento dado tu obra o tu trabajo cambia o inspira a alguien a hacer algo mejor”. Estas palabras fueron para mí un aprendizaje enorme.

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Ayudando en momentos difíciles

El pasado 19 de septiembre viví el temblor en México a través de las redes sociales al igual que muchos otros. Sentí impotencia y miedo, pero también una necesidad de ayudar y aportar algo masivo. Fue entonces cuando conocí la historia de cómo la diseñadora mexicana Leticia Andrade adaptó chalecos con leds para ayudar a los rescatistas.

Como diseñadora, me llenó de orgullo ver que la moda está aportando de manera significativa en momentos de tragedia. Sentí una impotencia y una necesidad de ayudar más grande que nunca. Eran las 3 de la mañana cuando vi uno de los videos y se me partió el alma. Llegué a mi casa, vi el techo y pensé: ¿cuántas personas en este momento tienen su techo encima?

Fue en ese instante que cambió mi perspectiva sobre todo lo que estaba sucediendo. Me levanté de la cama y casualmente recibí un mensaje de un amigo diciéndome que nosotros teníamos toda la universidad para aportar a la idea del chaleco adaptado con leds. Lo compartimos en redes sociales y, horas después, comenzaron a juntarse alumnos en una parte de la universidad para cortar y coser los chalecos.

Hicimos unos chalecos adaptados con dos bolsas frontales hechas con red y luces leds compradas en una tienda local. Además, quisimos recordarles el emblema del momento: “Fuerza México”. Para lograrlo, necesitábamos más manos, más dinero y más apoyo.

Los maestros, padres y otras personas dentro de la universidad nos empezaron a apoyar. Las clases se suspendieron temporalmente mientras todos trabajábamos juntos en esta iniciativa masiva. Había personas que no sabían coser, pero llegaban con toda la iniciativa de ayudar. Se volvió una verdadera comunidad unida en una causa.

Logramos comunicarnos con personas de Ciudad de México a través de las redes sociales y nos pidieron apoyo para chalecos y botas. Les hicimos llegar lo que necesitaban y demostramos que el diseño puede lograr muchas cosas cuando se utiliza de manera social. Unimos vidas, las cambiamos y, aunque no nos demos cuenta, nuestras acciones pueden tener un impacto enorme en la vida de alguien más.

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Hace unos años me invitaron a unirme a una organización llamada Fashion Revolution, que se dedica a concientizar sobre el consumo responsable de ropa. Esta organización tiene dos preguntas claves: “¿Quién hizo tu ropa?” y “¿Bajo qué condiciones?”.

Me cuestioné si realmente era necesaria la manera en la que consumíamos moda. Aunque estoy metida en esta industria, no tenía ni idea quién había producido mi ropa ni bajo qué condiciones laborales se encontraban esas personas. Me di cuenta del impacto negativo que estaba teniendo mi consumo irresponsable tanto en otras personas como en el medio ambiente.

Seamos la generación del cambio

Creo firmemente que hay muchas cosas que no podemos cambiar o están fuera de nuestras manos, como enfermedades o desastres naturales. Sin embargo, también hay muchas otras situaciones en las cuales sí podemos hacer algo al respecto.

Seremos la generación del cambio si abrimos los ojos ante las realidades frente a nosotros y tomamos acción para transformarlas. Empecemos por cambiar nuestro mundo, siendo conscientes de cómo vestimos y dejando atrás la banalidad de los estereotipos.

Hagamos realidad el cambio y el apoyo a través de nuestra manera de vestir. Hagamos de la moda una revolución. Seamos conscientes del poder que tenemos en nuestras manos para hacer una diferencia significativa en la vida de otros y en el mundo.

La charla TEDx a la que asistí me inspiró profundamente. Pude ver cómo la moda puede tener un impacto real en las vidas de las personas, ya sea ayudándolas a recuperar su confianza después del cáncer o contribuyendo en momentos difíciles como desastres naturales.

Aprendí que es fundamental ser consciente del poder que tenemos como consumidores y diseñadores. Debemos preguntarnos quién hizo nuestra ropa y bajo qué condiciones laborales se encuentra esa persona.

Somos capaces de generar un cambio significativo si abrimos los ojos ante las realidades que nos rodean y tomamos acción para transformarlas. Seamos la generación del cambio, empezando por cambiar nuestro mundo con pequeñas acciones diarias.

No subestimemos el valor que tienen nuestras acciones en la vida de alguien más. Juntos podemos hacer una diferencia enorme y convertirnos en agentes positivos de cambio tanto para nosotros mismos como para el mundo entero.

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