Obsolescencia Programada: Descubre el Plan Oculto de los Gigantes Comerciales

Imagínate descubrir el plan siniestro de los grandes consorcios comerciales, directo desde el ingenio de Gael Vallín, un adolescente de 14 años. Yo he visto su charla TED y ahora quiero compartir contigo todo lo que he aprendido en un artículo. Gael es un estudiante de tercer grado de secundaria, y para él, vencerse a sí mismo y luchar contra la “flojera” son logros

Hoy quiero compartir contigo algo que acabo de descubrir en un fascinante video de una charla Tedx. Se titula “Obsolescencia programada: el lado oscuro de la sociedad de consumo” y es presentado por Gael Vallin Iturriaga.

El regalo perfecto

La historia comienza con Carlos, quien en su cumpleaños recibió el teléfono inteligente más nuevo y ambicionado del mercado como regalo de su esposa. Ella pudo comprarlo gracias a una promoción que ofrecía pagar a meses sin intereses. Carlos estaba encantado y se sentía moderno y actualizado.

Pero conforme pasaba el tiempo, nuevos modelos del mismo teléfono salían al mercado y Carlos comenzó a sentirse desactualizado. Sin embargo, seguía conservando su antiguo teléfono porque su esposa aún lo estaba pagando. Además, cada actualización de software hacía que el teléfono funcionara más lento y la batería durara menos.

Carlos se encontraba constantemente mirando los anuncios de los nuevos teléfonos con promesas de modernidad, deseando tener uno nuevamente. Y ahí fue cuando Gael nos revela algo intrigante: esto no solo le ocurre a Carlos, sino que es algo mucho más grande llamado obsolescencia programada.

Leer también:  La magia del emprendimiento: Ideas innovadoras y sorprendentes

¿Qué es la obsolescencia programada?

Gael nos explica que la obsolescencia programada es la planificación o programación deliberada por parte de las compañías para limitar la vida útil de sus productos o servicios. Esto significa que después de un tiempo predeterminado por ellos mismos, el producto se volverá inútil o inservible, lo que nos obliga a comprar más y más.

Para ilustrar este concepto, Gael menciona algunos ejemplos encontrados en un documental llamado “Compra activa”. Uno de ellos es el caso de las bombillas de luz. En el pasado, estas eran fabricadas para tener una vida útil larga y útil. Pero las compañías idearon una forma de seguir ganando dinero: acortar la vida útil de las bombillas para que la gente tuviera que reemplazarlas con mayor frecuencia.

Otro ejemplo interesante es el del automóvil Ford Modelo T. Este vehículo era ruidoso y sucio, pero extremadamente duradero y funcional. Sin embargo, su competidor General Motors lanzó un nuevo modelo más atractivo visualmente y a un precio ligeramente inferior al Modelo T. Ford se vio obligado a seguir esta misma técnica de venta para no perder en ventas contra su rival.

Gael también menciona cómo la obsolescencia programada se hizo aún más evidente durante la crisis económica en Estados Unidos en 1929. Para impulsar la sociedad de consumo y generar empleos, se implementó una legislación que establecía fechas de caducidad para los productos. Si alguien poseía un producto después de esa fecha, sería multado.

La obsolescencia programada en nuestros días

Pero esto no es algo del pasado; todavía está presente en nuestra sociedad actual. Gael nos habla sobre el caso del iPad, donde después de solo diez meses, la batería dejaba de funcionar correctamente. Al contactar al soporte técnico de Apple, les informaban que no había forma de repararlo y te recomendaban comprar uno nuevo.

Leer también:  Garantizando agua potable en zonas rurales: la colaboración es clave

Las personas decidieron tomar medidas legales y demandaron colectivamente a Apple. Descubrieron que la batería estaba diseñada para tener una vida útil corta. Como resultado, Apple extendió la garantía del producto a dos años y ofreció un descuento en futuras compras. Sin embargo, esto también fomentaba el consumismo.

Lo más preocupante es que las compañías parecen no importarles la cantidad de basura electrónica que generan. Gael menciona cómo los productos inservibles de Apple terminan en países africanos como Ghana, donde se supone que está prohibido enviarlos por ley. Sin embargo, los comerciantes declaran estos objetos como “segunda mano” para poder llevarlos allí.

La población ghanesa intenta aprovechar esta chatarra electrónica para obtener partes metálicas valiosas, pero el proceso implica quemar el plástico y exponerse a enfermedades graves. Además, los objetos inservibles terminan contaminando vertederos y ríos hermosos se convierten en lugares llenos de basura tóxica.

Nuestra responsabilidad

Gael nos hace reflexionar sobre nuestra responsabilidad como consumidores. Las compañías lanzan nuevos productos constantemente, incitándonos a comprar sin considerar lo que ya tenemos. Pero deberíamos utilizar nuestros productos hasta su máximo potencial antes de reemplazarlos por algo nuevo.

Al ser partícipes frecuentes de la obsolescencia programada, estamos poniendo una fecha límite al planeta junto con nuestras vidas. Es momento de detenernos y, si es posible, revertir los daños que hemos causado. La decisión está en nuestras manos.

La obsolescencia programada es una realidad que afecta a nuestra sociedad de consumo. Las compañías planifican la vida útil de sus productos para que se vuelvan obsoletos y nos veamos obligados a comprar más. Esto genera basura electrónica y contamina nuestro planeta.

Leer también:  Responsabilidad social personal: impacto positivo y cambio global juntos

Nuestra responsabilidad como consumidores es utilizar nuestros productos hasta el final antes de reemplazarlos. De esta manera, podemos frenar el ciclo de la obsolescencia programada y contribuir a un mundo más sostenible.

Es hora de tomar conciencia y actuar. El futuro del planeta depende de nosotros.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.