Paternando: Transformando la paternidad desde el corazón

¡Hola! Te cuento sobre una charla TED que me inspiró: un psicólogo especialista en género y padre de dos hijos nos habla de la importancia de la paternidad involucrada. Descubre cómo ha transformado vidas y promovido un cambio positivo en la sociedad. Sigue leyendo para conocer más. ¡Te sorprenderá!

Recuerdo cuando mi pareja y yo decidimos tener a nuestra primera hija. Tenía en mente ser un padre presente, atento y cariñoso, alejado del modelo distante y encerrado en el trabajo con el que crecí. Quería evitar repetir esa historia con mi familia. Durante el embarazo y los primeros meses de vida de mi hija, me sentía en las nubes, era una felicidad inmensa. Pero la paternidad resultó ser mucho más compleja y difícil de lo que imaginaba.

Me encontré repitiendo patrones que tanto quería evitar. Me levantaba temprano para ir a trabajar y no regresaba hasta tarde en la noche, completamente agotado. No tenía energías ni ganas de pasar tiempo con mi familia o cuidar a mi hija. Por momentos, ella me veía como un extraño y me costaba mucho más cuidarla que a su madre.

Recuerdo una vez que su mamá salió a comprar algo cerca de casa dejándome al cuidado de nuestra bebé de apenas tres meses. En cuanto cerró la puerta, mi hija empezó a llorar desconsoladamente sin parar. No sabía qué hacer para calmarla; estaba perdido y me sentí vulnerable e impotente.

Estas situaciones eran cotidianas y generaban muchos conflictos con mi pareja, quien sentía que no podía confiar en mí para cuidar adecuadamente a nuestra hija. Entre el trabajo, la crianza y esta mala relación con ella, sentí como si estuviera al borde del colapso todo el tiempo.

Buscando ayuda

Como psicólogo, decidí buscar información y descubrí que los expertos decían que lo que me pasaba era normal. Sin embargo, sentía que algo no cerraba del todo. Así que junto con mi pareja decidimos buscar ayuda. Ella encontró rápidamente un grupo de madres para acompañarse en estos cambios tan bruscos que estábamos experimentando.

Pensé que también podría haber algo similar para mí, pero por más que buscara, no encontré ningún grupo de apoyo para padres. No existía. Así que decidí tomar cartas en el asunto y crearlo yo mismo.

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Hice una convocatoria en redes sociales, subí un flyer y organicé un encuentro de padres en una plaza cercana. Aunque solo llegaron dos padres ese día, me fui con una sonrisa porque entendí que lo que me pasaba no era único; otros hombres estaban pasando por lo mismo.

No me desanimé y continué organizando estos encuentros. Aunque quizás hubiera sido más fácil convocar a los hombres a un asado o a jugar fútbol, entendí la importancia de generar espacios donde pudiéramos hablar abiertamente sobre nuestras experiencias como padres.

La paternidad como crisis vital

La paternidad es un gran torbellino de emociones y una crisis vital para muchos hombres. Nos sentimos cansados, agobiados y solos frente a esta montaña rusa emocional. Buscamos refugio en lo conocido y en lo que la sociedad nos ofrece: ser exitosos, fuertes e independientes.

Crecimos jugando al fútbol, a la guerra, a ser superhéroes. Todos esos modelos de acción nos marcan cómo debemos ser como hombres. Nos enseñaron a aguantar en todo momento y estos mandatos se sienten muy fuertemente en la paternidad.

Es positivo querer ser ese “súper papá” para nuestros hijos y nuestra familia. Muchos padres que conocí en los encuentros me decían: “Quiero darles lo mejor a mis hijos, una buena educación, una buena cobertura de salud. No quiero que les falte nada”. Por eso no paraban de trabajar.

Pero dentro de esta lógica falta algo muy importante: nosotros mismos y nuestra presencia en casa. Lamentablemente, nos cuesta valorar tanto el cuidado como el aspecto económico. Y esto se refleja también en las políticas públicas.

Políticas públicas y cambio social

Hoy en día, la licencia por paternidad en Argentina es apenas de 48 horas (dos días). Esto apenas alcanza para salir de la clínica con tu hijo en brazos; mucho menos para llevarlo a controles de salud o hacerle un documento nacional de identidad (DNI).

Las políticas públicas no nos acompañan para repensar la paternidad desde un lugar diferente. Sin embargo, las políticas públicas por sí solas no son suficientes para generar un cambio real.

Un estudio realizado en Chile demostró que más del 70% de los hombres no toma su licencia por paternidad y casi el 40% ni siquiera sabe cuántos días le corresponden. Estos hombres eligen no estar en sus casas porque entienden que su rol está ligado al trabajo y no al cuidado.

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Junto con Diego Pins, otro padre que conocí en esta búsqueda, decidimos cambiar esa realidad. Queríamos crear un espacio para acompañar y ayudar a otros hombres a repensar su lugar como padres. Así nació “Paternando”.

El papel de los padres

¿Cómo lograr que la paternidad sea algo diferente? Primero, debemos romper con los mandatos de masculinidad tan rígidos. Afortunadamente, la paternidad también puede ser un gran momento de transformación.

Durante los primeros años de vida de nuestros hijos, nuestras emociones están a flor de piel literalmente. Un estudio demostró que los hombres que están cerca y en proximidad con sus recién nacidos experimentan cambios fisiológicos y hormonales: aumento de oxitocina, vasopresina y prolactina, así como una disminución de testosterona.

Estos cambios hormonales son responsables del amor inmenso que sentimos por nuestros bebés recién nacidos. También está comprobado que los hombres que ejercen como cuidadores principales experimentan una activación cerebral similar a la de las madres.

Lamentablemente, la organización del cuidado recae casi siempre en las mujeres y estos cambios físicos se desvanecen. Pero hay historias inspiradoras como la de un padre al cual le dieron una licencia extendida de dos meses. Durante ese tiempo pudo conectarse y vincularse íntimamente con su hijo. Sin embargo, al tener que regresar a su trabajo, sentía que dejaba sola a su pareja y se alejaba de su hijo.

Ante esta situación, decidió cambiar de trabajo para poder dedicarse plenamente a la crianza junto con su pareja. Aunque implicó una renuncia económica importante para él, lo vivió como una oportunidad para disfrutar plenamente de su vida cotidiana. Su rol nunca fue el de “sostener” a la mamá, sino el de cuidar a su hijo.

Aprendiendo juntos

Cuidar es un trabajo demandante pero no quisimos ser padres para trabajar más; quisimos ser padres porque teníamos un deseo profundo de amor y vínculo con nuestros hijos. Los padres también podemos y debemos aprender a cuidarlos con nuestras fallas y actitudes.

A través del trabajo en “Paternando”, acompañando a otros hombres, me di cuenta de que aquellos que permanecían en los grupos no solo se convertían en mejores cuidadores sino que también desarrollaban mucha más empatía.

Esta empatía reducía los conflictos en la pareja y permitía una disminución en las situaciones de violencia de género, así como una mejora hacia la equidad dentro de la relación. Estos cambios eran notables; dejamos de sentirnos solos y angustiados por tener que hacerlo todo solos. Además, todas estas emociones fuertes se volvieron un motor personal para nosotros.

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Desde que comencé mi travesía en “Paternando”, hemos acompañado a más de 800 hombres a repensar su paternidad. Entendemos que esta conversación tiene un poder de cambio inmenso.

Estos cambios son los que hacen que ahora las políticas públicas sean realmente necesarias: no solo licencias por paternidad, sino también seguros contra el despido, permisos para asistir a reuniones de padres y licencias para cuidar a nuestros hijos cuando están enfermos en casa. Estos son pasos importantísimos hacia la igualdad de género.

Hace unos años, decidí vivir la paternidad de manera diferente y estoy esperando a mi segundo hijo. Me animé a conectarme mucho más con mis emociones y eso ha hecho que esta experiencia sea extraordinaria.

No soy el papá perfecto ni pretendo serlo, pero me descubro en momentos de ternura, capacidad de asombro y ganas de jugar con mis hijos. Aprendí a contar con otros sin miedo a equivocarme.

Trabajo todos los días en comunidades de padres porque veo en el trabajo conjunto no solo la posibilidad de un cambio personal, sino también un cambio social. Somos hombres que demandamos ayuda y necesitamos trabajar juntos como sociedad para dejar de ser meros sostenes económicos y convertirnos en protagonistas del cuidado.

A través del proyecto “Paternando”, he aprendido que la paternidad es mucho más compleja y desafiante de lo imaginaba. Sin embargo, también descubrí su potencial transformador tanto a nivel personal como social.

Romper con los mandatos tradicionales de masculinidad es fundamental para poder disfrutar plenamente del rol como padre. La presencia y el cuidado de los hombres en la crianza son igualmente importantes que el aspecto económico.

Las políticas públicas deben acompañar este cambio, brindando licencias por paternidad más extensas y permitiendo a los padres estar presentes en la vida de sus hijos. Pero no podemos esperar solo a las políticas; debemos trabajar juntos como sociedad para valorar y promover una paternidad más equitativa.

La paternidad puede ser un momento de transformación personal y social. Aprendamos a cuidar, a compartir nuestras emociones y a contar con otros padres para construir un mundo donde todos los padres sean protagonistas del cuidado.

Juntos podemos lograrlo. ¡Gracias!

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