Por qué las chicas eligen estudiar robótica

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buenas tardes como nos han dicho mi nombre es Iván Juanes soy profesor de griego en el instituto de Chamán aquí en Las Palmas de Gran Canarias y aunque no sea completamente lógico, a partir de esa descripción soy la persona que imparte el taller de robótica educativa en el instituto y además la persona que coordina el proyecto europeo de robótica Erasmus en el centro.

La primera pregunta que me hago dentro de la pequeña historia que voy a contar hoy es cómo puede ser que alguien que hace 6 años no sabía la diferencia entre un voltio y un amperio esté impartiendo un taller de robótica. Y la segunda pregunta, para nada relacionada con la primera, es qué tiene esto que ver con el hecho de que las niñas y chicas quieran estudiar robótica.

La cuestión es que en el año 2011 llegó una compañera nueva al instituto, Cristina Naranjo. Ella también quería aprender robótica y enseñar. En aquel momento me propuso: “Vamos a aprender los dos robóticas y en los recreos vamos a enseñar como actividad tras colar en nuestro tiempo”. La cuestión, y aquí es donde viene el primer desarrollo de la historia, es que no tuvimos en ningún momento ninguna restricción sobre quién entraba al taller. No pensamos “tienen que entrar los alumnos con altas capacidades”, no pensamos “tienen que entrar los alumnos con dificultades de aprendizaje”, no pensamos “tienen que entrar alumnos masculinos o femeninos”. Simplemente las puertas del taller estaban abiertas.

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Pero como pueden suponer por el título de esta charla, empezaron a suceder cosas. Uno de los proyectos en los que nos involucramos fue el proyecto de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN). En ese momento, nuestro alumnado empezó a construir submarinos y fuimos a la piscina pública para probarlos. Lo primero que pasó es que había un reparto de papeles. Simplemente el alumnado que le gustaba del evento, que gustaba de los submarinos, tenía una pequeña inclinación. No tiene mayor importancia, a veces hay más chicos y otras más chicas.

Seguimos desarrollando, por ejemplo, los mandos robóticos y al año siguiente también teníamos un buen equipo. Y lo que pasó al año siguiente fue que todavía había un equipo y ya empieza a notarse una pequeña pauta. Pero eso no tenía importancia.

Lo que sí cambió todo en mi forma de ser es una pequeña anécdota en la historia que me provocó emociones como indignación y orgullo. Resulta que otro instituto apareció con un solo profesor y cinco alumnos. En ese momento yo elegí sentirme indignado porque saben que enfadarse no es bueno, excepto si es una energía positiva. Yo no sabía dónde me iba a llevar esa indignación, pero por otro lado conseguí sentirme orgulloso por las chicas que teníamos en el instituto.

El caso es que avanzando en los proyectos y cuando Cristina ya no estaba en el instituto tuvimos un proyecto europeo de robótica. Y como es lógico, me dijeron: “Tienes que llevarlo tú”. Completamente normal ya estamos acostumbrados.

En ese proyecto empezaron a suceder una cadena de acontecimientos de pequeñas historias bastante peculiares. Fuimos a la playa de Las Alcaravaneras, a un espacio de coworking, a una empresa de emprendedores. Allí Moix, el gerente del espacio de emprendedores, me dijo: “Oye, voy a llevar a una emprendedora paquistaní”. Digo: “Esto promete”. Y allí en la playa hay una foto que hoy no hay tiempo de mostrarles, pero es una emprendedora interactuando con mis alumnas.

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Y aquí viene la segunda pregunta importante de esta historia. Porque Moix me dijo: “¿Qué te parece si buscas a 5 alumnas de tu instituto y las llevamos al evento Technovation?”. Yo que debía ser un poco chulo le dije: “Claro, pero nos vamos a meter para ganar”. Once mil niñas en todo el mundo para ganar.

No sé por qué lo dije porque no soy competitivo, pero bueno esa fue otra pequeña parte de la historia. Estas niñas llegaron a la final europea del evento con su app y sucedieron un montón de historias interesantes después. La embajada de Estados Unidos acabó en el instituto y conocieron a otras emprendedoras.

Al final resulta que salen en la prensa y ya están aprendiendo a programar. Llevan su empresa montando una web y acaban invitadas nuevamente a otro evento con sus majestades.

Pero la historia no termina aquí, aquí es donde empieza. Porque dentro de los proyectos en los que estábamos involucrados este año nos volvimos a meter en el evento Technova Weissohn. En un principio decidieron apuntarse al evento 70 niñas del instituto.

Y esta es mi propuesta de hoy, por favor, imagínense lo que sucedería si cada uno de ustedes dedicara una parte de su tiempo para conseguir cambiar el mundo.

En resumen, esta charla nos muestra cómo a través del interés y la dedicación de un profesor y cinco chicas en un taller de robótica educativa, se lograron grandes avances y oportunidades. Sin restricciones ni prejuicios, estas chicas demostraron su talento y habilidades en proyectos locales e internacionales. Su éxito inspiró a otras alumnas a participar en eventos tecnológicos. Esta historia nos invita a imaginar el impacto positivo que podríamos tener si todos dedicáramos tiempo y esfuerzo para impulsar los sueños y talentos de quienes nos rodean.

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