Rompiendo mitos de la protesta no violenta: Descubre el poder de la acción ciudadana

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Recuerdo claramente aquel día en el que tres valientes bolivianos salieron a protestar por lo que creían correcto en la capital de Bolivia, Sucre. Yo tenía apenas 13 años y el miedo se apoderó de mí al darme cuenta de las masivas protestas que se extendían por toda mi ciudad natal. No solo fueron tres personas las que perdieron la vida durante esas manifestaciones, sino que más de 400 resultaron heridas, algunos incluso perdiendo extremidades debido a la violencia desatada.

A partir de esa experiencia y muchas otras vividas en mi país, decidí dedicar mi vida al estudio de los derechos humanos. Quería ir más allá del aspecto jurídico y político y entender qué podíamos hacer como ciudadanos para garantizar nuestros propios derechos en entornos hostiles. Fue así como descubrí lo que hoy representa mi razón de ser: la no-violencia.

La no-violencia como técnica socio-política

A medida que profundizaba en el estudio de la no-violencia, me di cuenta de su antigüedad y relevancia histórica. Esta técnica existe desde el año 500 antes de Cristo y existen más de mil casos documentados en los cuales grupos sociales han utilizado estrategias no violentas para generar cambios positivos en sus sociedades.

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Sin embargo, es sorprendente cómo esta técnica apenas se enseña o menciona en nuestras escuelas. A pesar de ello, vale destacar un dato interesante: durante el último siglo, aproximadamente un 50% más del doble que los movimientos violentos lograron alcanzar sus metas utilizando técnicas de no-violencia. Esto demuestra que la no-violencia puede ser efectiva y alcanzar resultados positivos.

Enfrentando los argumentos en contra de la no-violencia

A lo largo de mi peregrinaje para promover la no-violencia, me he encontrado con muchas puertas cerradas y numerosos argumentos en contra de su efectividad en nuestra sociedad boliviana y latinoamericana. En este artículo, quiero desmontar tres puntos específicos que se repiten constantemente como razones por las cuales supuestamente la no-violencia no puede funcionar.

Argumento 1: La concepción errónea del adversario

Una idea equivocada que surge a menudo es que las técnicas de no-violencia solo funcionaron para Gandhi porque luchaba contra los ingleses. Se cree que estas técnicas nunca habrían funcionado contra un gobierno tan represivo como el régimen nazi en Alemania.

Sin embargo, esta concepción parte de una visión limitada de lo que realmente implica la no-violencia como técnica y estrategia. No buscamos simplemente cambiar la opinión del adversario, sino generar suficiente tensión social para sacar a luz las injusticias ignoradas por el status quo.

Tal como afirmaba Martin Luther King Jr., “hay que crear tensión en la mente del individuo para elevar su pensamiento superficial a un análisis crítico”. La no-violencia busca despertarnos ante las injusticias, discriminación y errores presentes en nuestra sociedad, permitiéndonos hablar sobre inclusión, igualdad y justicia; temas incómodos para aquellos interesados en mantener el statu quo.

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Un ejemplo que ilustra esta idea es la protesta no violenta llevada a cabo por mujeres en la calle Rosenstrasse de Berlín durante la Alemania nazi en 1943. Más de 400 mujeres resistieron pacíficamente, a pesar del peligro que representaba para ellas, y lograron liberar a más de mil judíos que iban a ser deportados a campos de concentración. Este caso demuestra cómo la no-violencia puede generar cambios incluso ante regímenes represivos.

Argumento 2: La sociedad violenta y acostumbrada a la violencia

Otro argumento común es que nuestras sociedades latinoamericanas son demasiado violentas y están acostumbradas a ella. Es cierto que muchas veces se utiliza la violencia como método para educar en los hogares, lo cual refuerza aún más esta realidad.

Sin embargo, cuando hablamos de defender los derechos humanos, nos encontraremos con grupos organizados alrededor de una causa que luchan por los mismos derechos pero utilizando métodos violentos. En estos casos, nosotros como ciudadanos debemos tomar una decisión: ¿qué haremos para defender nuestra causa y nuestros derechos?

La no-violencia plantea un punto intermedio entre no hacer nada y recurrir a métodos violentos o guerrilleros. Propone acciones exitosas y legítimas que evitan el desgaste emocional inherente en las protestas violentas.

Actuar de forma no violenta otorgará legitimidad al mensaje que queremos transmitir, demostrando nuestra disposición a vivir conforme nuestras propuestas, incluso durante las protestas. Además, al utilizar métodos no violentos y crear manifestaciones alegres y festivas, se dificulta la infiltración de provocadores en nuestras filas.

Argumento 3: El machismo

A nivel personal, como mujer joven y soltera que intenta transmitir este mensaje, me he encontrado con muchas puertas cerradas debido al machismo imperante. Sin embargo, quiero destacar que desmantelar el machismo es parte fundamental de los principios de la no-violencia.

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Cuando vivimos en una sociedad fuertemente machista -y esto puede aplicarse incluso a sociedades menos extremas- aprendemos a través de interacciones sociales violentas que debemos ser agresores o víctimas. La no-violencia busca cambiar estas creencias sobre el poder y la fuerza hacia una fuerza inteligente que utilizamos para transformar nuestra sociedad.

Es importante resaltar que ha habido casos exitosos de no-violencia en sociedades machistas. En 1977, un grupo de cuatro mujeres inició una huelga de hambre en La Paz que logró doblegar al dictador para obtener el perdón a presos políticos y exiliados. Además, esta acción generó las condiciones necesarias para convocar elecciones democráticas unos años más tarde.

La no-violencia como técnica socio-política tiene un potencial enorme para generar cambios positivos en nuestras sociedades. A pesar de los argumentos en contra basados en concepciones erróneas del adversario, la violencia arraigada en nuestras sociedades y el machismo presente; podemos demostrar su efectividad mediante ejemplos históricos y casos de éxito en nuestra propia región.

Invito a cada uno de ustedes a sumarse a la propuesta de la no-violencia, buscando la unión y participando activamente en movimientos pacíficos. No podemos esperar que el tiempo por sí solo traiga los cambios necesarios; debemos ser valientes y actuar para mejorar nuestra sociedad. Como nos han enseñado desde pequeños, la unión es la fuerza. Juntos, podemos lograr un futuro más justo y equitativo.

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