¿Son efectivas las vallas para detener la inmigración? Descubre la solución que propone Dani Villanueva

¡Descubre cómo replantear las fronteras y los muros en esta inspiradora charla TED! ¡Te aseguro que no te arrepentirás!

Estoy seguro de que has visto esta imagen miles de veces. Pero te pido que hoy la veamos con ojos nuevos, para descubrir mayores matices. Yo la utilizo mucho en talleres con profesores y les pregunto para qué utilizarían esta imagen en una clase. Los más racionales, los que responden al principio, dicen: “Pues para hablar del consumo energético del mundo” o “para hablar de la densidad poblacional”. También hay quien dice: “Con esto podríamos hablar de la historia colonial” o “del efecto del clima y de la orografía en los sentimientos humanos cuando llevamos entrando en calor”. Pero llegamos a la gente que tiene un poco más de capacidad de profundizar, y dicen: “Esta es la imagen perfecta para hablar de la desigualdad en el mundo” o “para expresar la paradoja del origen y el consumo de los recursos naturales”. O incluso: “Para hablar de la creciente proceso de urbanización en el que estamos metidos en el mundo”. A mí me gusta mucho esta última respuesta: nos serviría muy bien para hablar de la relación entre desarrollo y movilidad humana.

Me encanta esta imagen porque nos permite ver claramente las diferentes lecturas que podemos hacer desde una misma mirada. Las distintas profundidades que podemos hacer realidad. Fíjate siempre, en todos los talleres que hago, al final casi como con timidez y despacito alguien se atreve a decir: yo lo utilizaría para preguntar qué es lo que sabemos sobre aquellos sitios donde no hay luz.

Te reto a pensar mentalmente cuál es este país y cuál es su capital. O por ejemplo, cuál es el régimen político que tiene. ¿Algún pensador famoso que haya tenido influencia? O este otro: ¿cuál es el recurso principal de su economía? O por ejemplo, ¿cuál ha sido el último conflicto que han vivido?

Estoy seguro de que hay muchísimas realidades de las que apenas sabemos nada. Y es normal, pero es importante hacerse esta pregunta: ¿qué sé sobre qué leo, de qué hablo cuando tengo cafés con mis amigos y amigas? ¿De qué puedo decir que estoy más o menos al tanto? ¿Qué es lo que me mueve a mí cuando busco información?

Esto es importantísimo para aquellos que, por ejemplo, tienen familia o trabajan en los medios de comunicación o en educación. Filosóficamente, la pregunta sería: cómo me relaciono con una realidad que va más allá de mi contexto. Y esto es importantísimo porque la pregunta en el fondo es: ¿qué mundo transmitimos a las generaciones más jóvenes? De qué hablamos o, más bien, de qué no hablamos. Y por lo tanto, quizá estemos perpetuando estas zonas oscuras a las que nadie le importa y sobre las cuales nadie sabe.

Leer también:  Arquitectura inclusiva: cómo la cultura y el juego transforman ciudades

Lugares a los que nadie mira y esto es bien normal ocurre mucho en la historia de la humanidad. Es bien difícil ser consciente e interpretar situaciones y eventos históricos cuando no los estamos viviendo.

La importancia de iluminar nuestra realidad

Hace bien poco veíamos en las noticias algo escandaloso para muchos: a mediados del siglo XIX aquí en España teníamos anuncios en prensa en los que se vendían esclavos. Nos parece alucinante. O por ejemplo, hace unos años me fui en coche desde mi casa hasta Auschwitz solo para unir mi realidad con uno de los episodios más oscuros de la historia de la humanidad. Que empezó a estudiarlo en los libros de historia, pero ha ocurrido como quien dice ayer.

A unas 20 horas en coche desde aquí, desde Victoria. ¿No es flipante? O algo mucho más cercano: el Muro de Berlín. Todavía recuerdo en el ’89 cuando cayó el muro, estaba viendo las noticias y me pareció sorprendente pensar cómo la población coetánea de ese momento pudo convivir con la existencia de estos 160 kilómetros de muro y vallas que durante 26 años dividieron a la población impidiendo su libre circulación.

Más de 100 mil personas intentaron saltar esta valla, muchas fueron detenidas y algunas perecieron.

Esto ha ocurrido muchísimo en la historia de la humanidad: poblaciones enteras han vivido durante mucho tiempo ignorando realidades bien visibles que luego con el paso del tiempo y a través del estudio histórico hemos calificado como injusticias sangrantes.

Poner luz sobre las fronteras

Qué difícil es interpretar la realidad cuando somos parte de ella. No sé si conoces esta ciudad española: Ceuta. Está en el lado africano del estrecho de Gibraltar, son 18 kilómetros cuadrados separados por una valla de Marruecos. Una valla de 8 kilómetros de largo y 6 metros de altura. Y te tengo que confesar algo: la mitad de las fotos que puse cuando hablaba del Muro de Berlín eran de nuestra valla en Ceuta. Una valla que está funcionando en este momento, sostenida con nuestros impuestos, defendida por nuestras fuerzas de seguridad.

Leer también:  Guía para liderar en la era digital

En esta valla se da el salto más grande del mundo. Es la frontera en la que se da el salto más grande del mundo. Fue construido en el año ’98 con fondos paradójicamente llamados “de la Unión Europea para el desarrollo regional”. ¡Vaya paradoja! Para crear el espacio Schengen y tener una Europa sin fronteras, nos vemos obligados a crear la frontera más desigual del mundo.

En este momento estamos frenando las expectativas, las ilusiones, los caminos de miles de personas que están escapando de la pobreza, de la injusticia, de la persecución y guerra.

Estoy convencido que en el futuro alguien mirará hacia atrás y dirá: “¿Cómo pudieron vivir tranquilos con semejante vulneración de derechos en su patio trasero?”. Esto es lo que me gusta llevar a gente joven a Ceuta porque cuando descubren esta realidad uno puede apreciar en sus ojos cómo cambian para siempre su percepción del mundo.

Es como al darse cuenta de que nuestro concepto de estado del bienestar está apoyado en semejante barrera. Cambia para siempre la forma en la que entendemos el mundo. Es lo mismo que le pasó al protagonista del Show Truman: cuando escapa en el velero y choca contra el decorado, se da cuenta de que todo lo que hasta ese momento había sido el mundo para él era solo un escenario de un plató de televisión.

Conocer la valla de Ceuta y Melilla para la gente joven equivale a este despertar a la complejidad del mundo. Es añadir un nivel más de profundidad a la interpretación del mapa mundi. Es iluminar una zona que estaba en oscuras y una vez que se descubre, ya no hay marcha atrás.

La conciencia de ciudadanía global

Esto es lo que llamamos conciencia de ciudadanía global, por la cual todos deberíamos pasar. Y esto está yendo a más. Si en el ’89 cuando cayó el Muro de Berlín había 16 muros y vallas en fronteras exteriores del mundo, el año pasado contabilizábamos ya 70. Solo en la Unión Europea hemos construido en los últimos 30 años casi 1000 kilómetros de vallas y muros exteriores.

De ellos, dos están en nuestro país: Ceuta y Melilla con sus 18 puntos 7 kilómetros. Y pese a que los expertos dicen una y otra vez que esta no es manera de gestionar los flujos migratorios, en los últimos cinco años se han construido 25 nuevos muros y vallas en el mundo, más que nunca antes.

Leer también:  La economía circular: el futuro sostenible revelado

Pero lo curioso es que estas vallas o estos muros son simbólicos más que reales porque no son eficientes. Está comprobado que no disuaden y mucho menos resuelven el problema de la movilidad forzosa o de la movilidad humana. Lo que ocurre es que mueven los flujos a otros lugares, normalmente a rutas más inseguras con mayor peligro.

En el año 2016 se batió el récord de muertes de personas cruzando una frontera en el mundo: 7200, de ellas 5000 en nuestro querido Mediterráneo. Vaya si nos toca de cerca este problema. En este momento, una de cada trece personas que intentan cruzar desde Libia hasta Italia fallecen. Piénsalo bien: ¿quién en su cordura es capaz de jugarse la vida con semejante probabilidad? Salvo que esté desesperado.

Son personas igual que nosotros. Nos escandaliza hablar de la esclavitud, los campos de concentración… Nos van a mirar y van a decir: “Pero ¿no se dieron cuenta de que eran seres humanos?”. La única manera en la que estamos conviviendo con esta situación es porque los tenemos a oscuras. Porque no tienen rostro, no tienen nombre, no tienen historia. No hay relación, no nos importan.

Por eso es tan importante poner luz, ser conscientes, experimentar y crear relación porque si fuera en nuestra familia o con nuestros conocidos te aseguro que encontraríamos la manera de solucionar esta situación.

Ojalá la próxima vez que busquemos qué libro leer o sobre qué hablar en el próximo café con nuestros amigos y amigas recordemos la enorme fuerza que podemos tener solo trayendo luz sobre la movilidad humana. Que es una de las grandes causas sociales de nuestra era, sin duda uno de los mayores errores colectivos de nuestro tiempo.

No olvidemos la enorme fuerza que tiene la toma de consciencia colectiva, de forma progresiva. Porque a lo largo de la humanidad se ha demostrado ser la más importante fuerza para el cambio. Capaz de tumbar y derribar muros y barreras que en su tiempo parecían imposibles.

Así que pongamos luz sobre esta situación. Depende de ti, depende de mí, depende de todos. Abre los ojos, es nuestro tiempo. No dejemos que nos digan que no nos dimos cuenta.

Muchas gracias.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.