Transpiración y éxito: La clave del logro en el mundo del diseño de personajes

¡Descubre a un genio polifacético en el mundo del diseño de personajes! En esta charla TEDx, conoce cómo combina arte, ciencia y taekwondo para ser una verdadera fuente de inspiración. No te lo pierdas y adéntrate en sus increíbles enseñanzas.

Si hay algo que he estado haciendo toda la vida, prácticamente desde que nací, es dibujar. No recuerdo un momento en el que no haya estado dibujando. Dibujo todos los días: ilustraciones, personajes, historietas. Dibujo para mí y también para otras personas. Esta sensación de dibujar es algo maravilloso, es conectar el mundo de las ideas invisibles con el mundo físico.

Estoy seguro de que entre el público hay quienes dibujan, quienes lo hicieron en algún momento y quienes lo hacen como terapia. Es realmente algo maravilloso cuando somos niños: todos dibujamos sin importar dónde estemos o qué idioma hablemos. Todos agarramos un lápiz, movemos nuestro brazo y sobre papel aparece un trazo. Es una alegría que nos da este ejercicio al cual volvemos una y otra vez por simple placer.

Parece como si el dibujo saliera directamente del brazo al papel. Más adelante crecemos y ya no somos tan niños. Empezamos a adquirir la habilidad de ver imágenes en nuestra cabeza y querer transferirlas al papel. Ahí comienza un aprendizaje donde tenemos que bajar lentamente la imagen mental al brazo para luego plasmarla en el papel.

La importancia de la inspiración

Este aprendizaje no es fácil y requiere paciencia y carácter fuerte. En este proceso nos encontramos con la primera barrera: escuchamos mucho decir “no puedo dibujar”, “lo perdí”, “ya no lo veo más”. Aquí se vuelve importante esa capacidad de ver cosas en nuestra cabeza y bajarlas a través del brazo al papel. Tan importante que le damos un nombre: inspiración.

Después de tanto usar esta palabra y darle tanto peso, parece que sin inspiración no puede haber dibujos. Pero yo dibujo todos los días y tengo que confesarles que soy un dibujante que dibuja todos los días sin depender de la inspiración. A lo largo de mi vida he encontrado algunas claves que hoy quisiera compartir con ustedes, claves que me permiten evocar una tarea creativa sin depender de la inspiración.

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Clave #1: Acción libre del brazo

Cuando era niño, dibujaba como loco. Me divertía mucho ver aparecer un trazo en el papel mientras movía mi brazo. Llegué a una conclusión: ese trazo aparecía porque yo movía mi brazo. En otras palabras, yo era el creador de ese trazo.

Descubrí entonces que podía crear cosas que antes no estaban ahí, y eso es algo maravilloso. Sentí como si tuviera un superpoder recién adquirido y sometí ese poder a todo tipo de pruebas. Moviendo el brazo de distintas maneras, descubrí cómo el trazo cambiaba acorde a mis movimientos.

No solo era creador, sino también tenía control voluntario sobre mi propia obra. Esta es la primera clave: la acción libre del brazo me permite explorar todas las posibilidades que el dibujo ofrece dentro del papel.

Clave #2: Consultar referencias

Cuando me enfrenté al desafío de dibujar cosas que no había dibujado antes, supe que necesitaba consultar referencias. Mis referencias eran revistas infantiles, historietas perdidas y dibujos animados de la televisión. En aquel entonces, se usaba un estilo gráfico muy simple y simplificado: líneas simples y áreas delimitadas por líneas cerradas con un solo color.

Esto hizo que yo dividiera el campo de las artes en “dibujos” (líneas) y “pinturas” (líneas con color en áreas cerradas). Sin embargo, ver una pintura clásica me provocaba confusión porque no calificaba en ninguna de las dos categorías.

A pesar de eso, decidí hacer historietas. No sabía cómo, pero copiando de mis referencias lograba contar historias en cuadritos. Mi dibujo era flojo y débil al principio, pero poco a poco mejoré gracias a la influencia de otros aficionados como yo que también trataban de resolver sus propias historias.

Entrar en contacto social con otras personas trajo consigo críticas y comparaciones. Más de una vez me encontré admirando los dibujos terminados por otros para incorporarlos en mi propio trabajo. Mi confianza empezó a tambalear frente a la solidez de esos ejemplos.

Esta etapa se prolongó durante mucho tiempo hasta el punto en el que mis intereses secundarios comenzaron a ganar más importancia con respecto al dibujo. Cuando llegó el momento de elegir una carrera universitaria, mi interés por la ciencia superó al dibujo. Me anoté en una carrera de ciencias duras, física.

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La ciencia requiere una resistencia especial del cuerpo y la mente, así como la capacidad de elaborar conceptos abstractos. Mi dibujo quedó relegado a un segundo o tercer plano. Dibujaba en los pocos ratos libres que me dejaba la ciencia, más como entretenimiento que como aprendizaje.

Clave #3: Entrar en contacto con otras disciplinas

Esta situación me llevó a una crisis interna importante. Estaba sumergido en un conflicto entre lo que sentía que debía hacer y lo que realmente quería hacer. Como respuesta a esto, decidí inscribirme en una segunda carrera alternativa: diseño.

Fue en el ámbito del diseño donde encontré por primera vez profesores y contenidos organizados dentro de una estructura que me contenía. Gracias a esto, pude recuperar mi confianza en el dibujo. No abandoné la ciencia, pero gracias al esfuerzo logré graduarme y obtener mi licenciatura.

Mientras trabajaba en un estudio de animación (algo que siempre había querido hacer), descubrí que el nivel de dibujo de mis compañeros era muy superior al mío. Esto me llevó a dedicar horas y horas detrás del tablero tratando de mejorar mi nivel.

Poco a poco fui ascendiendo dentro del estudio y finalmente cumplí con una vieja deuda pendiente: la pintura china. Tomé un curso donde aprendí a pintar utilizando tinta china sobre papel grande.

Por primera vez, estaba pintando de manera grande y suelta. Además, tenía la tarea adicional de preparar mi propia tinta a partir de partículas de carbón en estado sólido. Esta fue la tercera clave: el contacto con los elementos.

Clave #4: Normas y protocolos

Trabajar en un estudio de animación implica seguir ciertas normas para respetar el dibujo de un personaje según las indicaciones del cliente. Mi dibujo era considerado bueno si se parecía al dibujo de los demás. Todos teníamos que dibujar igual.

Uno entrega su parte del trabajo y luego se pierde en la vorágine de la producción. A veces veo el trabajo terminado, otras veces no. Me di cuenta entonces que tenía una restricción en mi libertad creativa debido a estas normas.

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Al mismo tiempo, seguían acumulándose las horas detrás del tablero. Busqué una actividad física para balancear tantas horas y encontré cerca del lugar donde trabajaba un lugar donde dictaban taekwondo, un arte marcial moderno.

Inmediatamente me anoté y pasé de esas normas restrictivas del estudio a un protocolo marcial diseñado para otorgar beneficios dentro de cada sesión de entrenamiento. El saludo obligatorio al entrar al lugar resultó ser el mismo que me daban las graduaciones menores.

Esto me permitió practicar con cualquier persona sin importar su nivel, beneficiándonos mutuamente en un clima de respeto mutuo. Así llegamos a la cuarta clave: observar conductas beneficiosas a través de normas y protocolos.

Clave #5: Disciplina

Todas esas horas interminables de estudio en la ciencia me ayudaron a mantenerme enfocado en terminar lo que había empezado. Seguí mi búsqueda personal y entré a trabajar en un estudio de animación, cumpliendo así con mi sueño.

Cuando dejé el estudio de animación para dedicarme a la pintura china, descubrí que tenía una disciplina bien arraigada. Me acostumbré a seguir ciertas normas y protocolos dentro del estudio, como empezar y terminar una tarea, establecer cuánto tiempo debía durar cada actividad o limpiar el lugar de trabajo al finalizar.

Gracias a esta disciplina, podía atender interrupciones sin que se convirtieran en distracciones. Si me llamaban por teléfono o tenía que bajar a recibir un pedido, podía retomar la tarea exactamente donde la dejé sin perder el hilo creativo.

Mis cinco claves para evocar una tarea creativa sin depender de la inspiración son:

  1. Acción libre del brazo: explorar todas las posibilidades que el dibujo ofrece dentro del papel.
  2. Consultar referencias: aprender de otros ejemplos y utilizarlos como guías para mejorar nuestro propio trabajo.
  3. Contacto con otras disciplinas: abrirnos a nuevas experiencias artísticas y aprender de diferentes formas expresivas.
  4. Normas y protocolos: observar conductas beneficiosas y establecer rutinas que nos ayuden a mantener el enfoque.
  5. Disciplina: seguir ciertas normas y protocolos para terminar lo que hemos empezado sin distraernos por interrupciones.

Estas claves preparan el terreno para la llegada de la inspiración, pero no aseguran su aparición. Si cuando la inspiración llega, mantenemos estas claves funcionando, es más probable que podamos aprovecharla al máximo y darle una adecuada bienvenida.

Recuerden que la inspiración existe, pero tiene que encontrarnos trabajando. Así que sigan dibujando, creando y explorando nuevas posibilidades cada día. ¡Muchas gracias!

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