Vence la procrastinación con el cuidado de la gaudibilidad

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Hola, ¿cómo estás? Hoy quiero hablarte sobre un tema que seguro te resultará familiar: la procrastinación. Seguro que has escuchado esta palabra antes, pero ¿sabes realmente qué significa? La procrastinación es cuando postergamos una actividad y esto puede representar problemas en diferentes áreas de nuestra vida, ya sea académica, familiar, social o laboral. Todos hemos procrastinado alguna vez en nuestras vidas, ya sea dejando para el último momento estudiar para un examen importante o realizar un trabajo relevante. Incluso podemos procrastinar cuando no pagamos a tiempo los servicios de la casa. Personalmente, me han cortado la electricidad más de una vez por no hacerlo.

¿Por qué ocurre la procrastinación?

Existen dos razones principales que explican por qué tendemos a procrastinar: aversión a la tarea y miedo al fracaso. La aversión a la tarea se da cuando sentimos pereza o flojera hacia una actividad en particular. Por ejemplo, cuando era niño no me gustaba leer y solía inventar gran parte de mis exposiciones o reportes escolares basándome en apenas unas hojas leídas del libro asignado. Sin embargo, mi madre decidió sentarse conmigo y leer el libro juntos durante al menos una hora al día. Para mi sorpresa, descubrí que la historia era interesante y terminé leyendo el libro días antes de la fecha límite porque dejé de sentirlo como algo pesado y recordé lo divertido que podía ser.

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La otra razón detrás de la procrastinación es el miedo al fracaso. Todos hemos experimentado alguna vez el sentimiento de fracaso al intentar algo con mucho esfuerzo y no obtener los resultados esperados. Esto puede generar ansiedad y angustia, lo cual nos lleva a evitar enfrentarnos a la realidad de nuestro desempeño.

La procrastinación activa

Aunque se habla mucho sobre cómo evitar la procrastinación, existe una cara positiva de este hábito: la procrastinación activa. Esta forma de procrastinar ocurre cuando dejamos ciertas tareas para el último momento pero disfrutamos de la presión que esto genera. Las personas que actúan así suelen tener un buen desempeño, ya que no experimentan la misma ansiedad que aquellas que procrastinan pasivamente. Además, suelen tener una motivación interna más grande.

Sin embargo, no siempre es malo procrastinar. La capacidad para disfrutar las actividades que realizamos en nuestro día a día es fundamental para aprovechar al máximo nuestra vida. Esta capacidad está compuesta por varios elementos como la concentración, el interés y el disfrute en soledad.

Concentración:

Si somos capaces de concentrarnos en lo que estamos haciendo, tendremos más posibilidades de disfrutarlo plenamente. Por ejemplo, leer un libro demanda mayor concentración y esfuerzo mental que ver una serie en televisión.

Interés:

Cuando tomamos una actitud de interés genuino por lo que estamos haciendo, aumentamos nuestras posibilidades de disfrutarlo. Si odiamos o sentimos aversión hacia una tarea, será difícil encontrar placer en ella.

Disfrute en soledad:

La capacidad de disfrutar nuestras responsabilidades en solitario también es importante. Muchas de las cosas que hacemos, como estudiar o trabajar, las realizamos solos. Si no disfrutamos estar solos, nos resultará difícil disfrutar estas actividades.

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Estos moduladores son fundamentales para potenciar nuestra capacidad de disfrute y reducir la procrastinación pasiva. Pero también existen otros tres elementos clave: la imaginación, el sentido del humor y las creencias irracionales.

Imaginación:

Nuestra imaginación nos permite transformar cualquier actividad en algo divertido. Por ejemplo, un niño puede entretenerse mientras espera en una fila de un banco inventando historias o jugando con su imaginación.

Sentido del humor:

Tener la habilidad de ver el lado humorístico de las situaciones puede aligerar el peso de los problemas y hacernos sentir más capaces para resolverlos. Incluso en momentos difíciles, encontrar un chiste o reírnos de nosotros mismos puede hacer que todo sea más llevadero.

Creencias irracionales:

Nuestras creencias sobre nuestras propias capacidades influyen directamente en nuestra capacidad para disfrutar lo que hacemos. Si confiamos en nuestras habilidades, tendremos menos aversión a la tarea y seremos capaces de enfrentarnos a ella sin miedo al fracaso.

Aunque postergar ciertas cosas es normal en nuestra vida diaria, nunca debemos postergar la oportunidad de disfrutar lo que estamos haciendo aquí y ahora. La capacidad de disfrutar está en nuestras manos y podemos potenciarla trabajando en nuestra concentración, interés, disfrute en soledad, imaginación, sentido del humor y creencias irracionales. Al hacerlo, reduciremos la procrastinación pasiva y podremos aprovechar al máximo cada momento de nuestra vida.

¡Así que no posterguemos más el disfrute! Aprovechemos cada día para encontrar placer en las actividades que realizamos y hagamos de nuestra vida una experiencia llena de momentos gratificantes.

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