Vendamos a la escuela: soluciones innovadoras para la educación

Héctor, un apasionado del conocimiento y la educación, nos invita a reflexionar sobre el sistema educativo en México. Prepárate para descubrir ideas inspiradoras y soluciones innovadoras que transformarán nuestra educación. ¡Vamos a construir un futuro educativo brillante juntos!

Hola, ¿alguna vez te has preguntado por qué no te gusta ir a la escuela? Es una pregunta interesante, ¿verdad? Yo también me lo he preguntado en más de una ocasión. Y es que cuando vamos a cualquier negocio o establecimiento que ofrece servicios, como un restaurante o un consultorio, esperamos recibir un servicio adecuado a nuestras necesidades. Queremos satisfacer una necesidad, pasar un buen rato o resolver algún problema. Si no recibimos el servicio que esperamos, simplemente buscamos otro lugar donde sí lo obtengamos.

Pero ¿por qué es diferente con la escuela? No sentimos que nuestras necesidades de aprendizaje sean satisfechas. La escuela es un servicio después de todo, y si algo no está funcionando bien deberíamos cuestionarlo y exigir cambios. Pero nadie parece hacerlo. Estamos adoctrinados desde pequeños para no cuestionar la autoridad del sistema educativo.

El monopolio estatal sobre la educación

La respuesta simple a esta falta de cuestionamiento es el monopolio estatal sobre la educación. Permitir que el estado tenga el control absoluto sobre la educación de toda una población ha sido uno de los peores errores que hemos cometido como civilización humana.

El sistema educativo gubernamental está en crisis y el estado nunca encontrará una solución al problema porque precisamente su control sobre la educación es la raíz del mismo. Se gastan grandes recursos en exámenes para evaluar a los profesores, pero muchos siguen dando clases aunque reprueben estos exámenes. Otros simplemente asisten puntualmente para cobrar su quincena y hacer huelgas. Verdaderas mafias han tomado el control del sistema educativo, empeorando la calidad de la educación.

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Los resultados son alarmantes: estudiantes reprobados, profesionistas incompetentes, universidades conflictivas y una fábrica de desempleados. Y nadie parece estar haciendo nada para atacar la raíz del problema. El estado ha tenido años de control sobre la educación en México y aún no nos hemos dado cuenta de que es el peor ente posible para educar a la población.

La educación en México está por debajo del promedio mundial según las pruebas PISA. Solo el 1% de los estudiantes mexicanos tienen los conocimientos suficientes para posicionarse con un buen resultado en el programa Saber. Menos del 3% de cada 100 niños que ingresan a la educación básica terminan con título universitario, y solo el 30% ejerce lo que estudió. Además, México se encuentra en la posición 102 de los países con mejor calidad de educación a nivel mundial según el Foro Económico Mundial.

Parece triste pensar en todo ese potencial desperdiciado: tiempo, esfuerzo y dinero mal empleado. Y mientras sigamos desperdiciando el potencial de las personas al educarlas según un plan estatal, no vamos a llegar muy lejos.

La solución: privatizar la educación

Pero ¿hay alguna solución? Sí, definitivamente hay una salida a este oscuro agujero de ignorancia creado por el gobierno para su propio beneficio. La solución se llama libre mercado y consiste en privatizar la educación pública y dejarla en manos de la iniciativa privada, bajo una competencia libre.

Los maestros que trabajan en las escuelas públicas pueden asociarse entre ellos y comprar cada escuela con sus liquidaciones como trabajadores del estado. De esta forma, ellos serían quienes compren las escuelas y se convertirían en empresarios al servicio de la educación. Para proteger su patrimonio, deberán invertir correctamente en el funcionamiento de estas escuelas como servicios.

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Con este cambio, las escuelas deberán competir para ofrecer un servicio de educación de calidad a un buen precio para atraer alumnos y sobrevivir en el mercado. Las escuelas más ineficientes desaparecerán al dejar de recibir subsidios del gobierno.

Pero ¿qué pasa con aquellos que no pueden pagar una matrícula en una escuela privada prestigiosa? Aquí es donde entra el libre mercado nuevamente. Donde hay demanda, siempre habrá emprendedores dispuestos a poner oferta de calidad a un buen precio para atender ese mercado. Por ejemplo, podrían surgir modelos educativos más económicos para atender a personas con menos recursos.

Imaginemos por un momento que ya no existe la educación pública y que el gobierno deja de gastar dinero destinado a ese sector. Ya no habría necesidad de cobrar impuestos para financiar esa área específica del gobierno. La gente tendría más dinero disponible para destinarlo a la educación que mejor le convenga según sus propios intereses. Esto es lo que yo llamo libertad.

Cambiar la forma de enseñar

Pero privatizar la educación no es suficiente. También debemos cambiar la forma en que se enseña. La educación del futuro debe tomar como guía la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Según Gardner, todos tenemos diferentes tipos de inteligencias y la educación debe potencializar esas habilidades individuales.

De esta forma, no perderíamos el tiempo enseñando física a alguien con un talento impresionante para las artes. Todos aprenderíamos lo que nos interesa y nos gusta, lo cual haría que también empecemos a disfrutar más de la escuela.

Además, las plataformas educativas en línea y el internet mismo jugarán un papel importante en el futuro de la educación. Estos elementos nos permitirán acceder a una mayor variedad de recursos y oportunidades de aprendizaje.

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La única solución contra el estatismo es la libertad. Necesitamos separar completamente al estado de la educación para poder alcanzar un verdadero desarrollo económico y social. Debemos abolir la educación pública y dejarla en manos del libre mercado, donde haya competencia y calidad.

También necesitamos cambiar nuestra forma de enseñar, potencializando las habilidades individuales según la teoría de las inteligencias múltiples. Así lograremos despertar el interés por aprender en cada persona.

No dejemos que nuestras vidas sean controladas por un sistema obsoleto e ineficiente. La educación es nuestra arma más poderosa para cambiar el mundo, pero debemos asegurarnos de tener esa arma en manos correctas. No permitamos que el gobierno siga teniendo el monopolio de la educación.

Recordemos las palabras de Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo”. Hagamos uso de esa arma y luchemos por una educación libre, de calidad y al servicio de cada individuo.

Muchas gracias.

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